Cosecha excelente en el capital riesgo

Jaime López-Pinto, Senior Manager de Merger & Acquisitions de EY

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No hay duda de que existe una división de opiniones sobre si la coyuntura actual en España es o no favorable a nuevas inversiones del capital riesgo. Por un lado, están los que recomiendan centrarse en mercados más consolidados, como Alemania o Estados Unidos, o con mejores perspectivas de crecimiento como es el caso de Brasil o de ciertas regiones de Asia. Por otro, están los más optimistas, que avalan sus opiniones basándose en experiencias vividas en otros ciclos económicos complicados, por ejemplo, entre 1991 y 1992 o entre 2001 y 2002, ya que las inversiones de aquellos años obtuvieron unas rentabilidades elevadas.

En el contexto actual siempre es reconfortante escuchar opiniones positivas, pero es necesario preguntarse si hay razones que justifiquen ese optimismo o si se trata de un anhelo más que de una creencia en firme.

La primera duda que surge cuando escuchamos el razonamiento sobre el éxito de experiencias pasadas es si ahora nos encontramos en una situación similar. Crea cierta desconfianza el hecho de que los periodos mencionados no fueron muy prolongados. Teniendo en cuenta que un fondo de capital riesgo permanece, de media, entre cuatro y seis años, en el momento de desinvertir, la crisis ya se había superado ampliamente. Pero, ¿qué sucedería en el supuesto de una época de estancamiento o de crecimiento moderado por un espacio de tiempo superior?

A esta incertidumbre hay que añadir otros elementos propios de la situación actual que también pueden desanimar a los inversores: menores y más onerosas tasas de apalancamiento, poca visibilidad sobre los crecimientos esperados del mercado o mayor presión sobre los márgenes.

Con todo, cabe preguntarse si todavía hay hueco para la esperanza. La respuesta, afirmativa, está corroborada por un ejecutivo de una firma internacional de private equity quien recientemente aseguraba que “en la actual coyuntura nos resulta más fácil discriminar la empresa excelente de la que, simplemente, ha tenido suerte”. De esta afirmación se deduce que la creación de valor no es sólo consecuencia de crecimientos macro y de entornos económicos favorables.

En épocas anteriores, existía la tentación de buscar el éxito a través de la identificación de un sector atractivo y asimilar que todas las compañías de ese ámbito eran válidas siempre que cumplieran unos requisitos mínimos.

Sin embargo, la experiencia nos dice todo lo contrario. Lo más adecuado para que el capital riesgo cree valor no es la elección de un sector determinado, ni siquiera el aprovechamiento de un momento de expansión del mercado o de la estructura financiera elegida. Todo lo anterior ayuda, pero lo que de verdad genera valor son los equipos que participan en la operación.

Entonces, ¿es posible conseguir crecimientos y rentabilidades muy superiores a las del mercado y al de las compañías de su mismo sector gozando de las mismas oportunidades y recursos similares? En la práctica hemos comprobado que así es, siendo en todo caso los equipos el factor de éxito diferencial. Cómo lo consiguen es otra cuestión, pero hay factores claves como su ventaja competitiva, su estrategia comercial, la tecnología que utilizan o el éxito en la internacionalización que son gestionados adecuadamente en función de las circunstancias de cada momento.

Por lo tanto, al igual que las cosechas calificadas de “excelentes” no se recuerdan sólo por la abundancia de sus uvas sino, más bien por la calidad de sus caldos. Esta época puede y tiene que ser una ‘cosecha excelente’ para los fondos de private equity, apostando por aquellos equipos que, después de tres años de dificultades, hayan demostrado que la suerte no es la responsable de su éxito.