La Banca española ante la coyuntura financiera internacional

Alberto Placencia, Socio Director de Servicios Financieros de EY

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La banca española finalizó el ejercicio 2010 con un beneficio atribuido de 14.078 millones de euros. Esta cifra, aunque supone un descenso del 5,7% respecto al año anterior, puede considerarse satisfactoria por el complejo entorno, nacional e internacional, en el que los bancos españoles han desarrollado su actividad.

La banca española, que afrontó la crisis con niveles iniciales muy altos de solvencia, provisionamiento y rentabilidad, no ha sido inmune al deterioro de la situación económica pero ha sido capaz de mantener un comportamiento estable, sobre todo si lo comparamos con el experimentado a nivel internacional.

Esta mayor estabilidad tiene, en parte, un carácter estructural, derivado del modelo de banca minorista y su alto peso relativo en la composición del balance de las entidades. La proximidad al cliente y la alta involucración de la gestión de riesgos son aspectos que también han contribuido a esta situación.

En los últimos años, también, una adecuada política de diversificación geográfica ha permitido, sobre todo a las entidades más grandes, aprovechar los ciclos económicos expansivos en algunas de las geografías, sobre todo emergentes, en las cuales operan. En ese sentido, la contribución de las filiales exteriores ha aumentado su peso relativo.

Los bancos han seguido centrando su estrategia en mejorar la estructura de su financiación, en una coyuntura internacional de endurecimiento de las condiciones existentes, mejorando la captación de depósitos y disminuyendo las necesidades netas de financiación mayorista

Todo este proceso ha llevado a los bancos españoles a unos niveles de core capital del 9% lo que representa un aumento relevante respecto al año anterior. A pesar de esta posición, los bancos españoles van a seguir operando, no obstante, en un contexto económico complicado.

A nivel nacional, el escenario macroeconómico en el que coinciden todas las instituciones y analistas, dibuja una perspectiva de bajo crecimiento y de incertidumbre en cuanto a la fortaleza de la recuperación de la actividad y del ciclo, unido a la presión competitiva sobre los márgenes.

A nivel internacional, los países emergentes siguen mostrando niveles altos de actividad y las economías maduras han acelerado -de manera desigual- su proceso de recuperación. A pesar de ello, las tensiones de liquidez y las sucesivas crisis de deuda soberana hacen que el panorama también sea complejo.

Es importante analizar, asimismo, el amplio proceso de cambios en el ámbito regulatorio internacional y su translación a las legislaciones nacionales. El proceso de incremento de necesidades de capital alrededor de las propuestas de Basilea III, la distinta calificación y consideración del riesgo de liquidez, las consideraciones sobre el riesgo sistémico y las nuevas iniciativas en torno al régimen de protección del consumidor van a condicionar la gestión de las entidades y su asignación de recursos influyendo en aspectos tales como la estrategia comercial, el diseño de nuevos productos y el atractivo de determinados segmentos de mercado.

En este sentido, la coordinación y armonización que se consiga en este conjunto de iniciativas regulatorias facilitarán una implantación efectiva, sin distorsiones competitivas y minimizando posibles efectos en el crédito y, por tanto, en la actividad económica.

Ante esta situación, los bancos seguirán centrando sus estrategias en los siguientes aspectos:

  • Mantener el proceso de reforzamiento de la solvencia y del capital, así como la gestión proactiva de la liquidez.
  • Seguir avanzando en la gestión activa de los costes, manteniendo la mejora permanente en los ratios de eficiencia, optimizando el uso y el retorno a la inversión en tecnología.
  • Continuar progresando en la convergencia de los modelos de negocio con la medición de los riesgos.
  • Profundizar en el desarrollo a nivel local e internacional de negocios como la banca corporativa, la banca privada y otros complementarios vinculados a las actividades de medios de pago y valores, con el fin de ampliar e integrar una oferta cada vez más rica de servicios.
  • Mantener y mejorar los niveles de calidad percibidos por el cliente gestionando los distintos canales de distribución y atención de manera integrada.

Durante los últimos años, el impacto de la crisis ha afectado de manera distinta a los distintos sistemas financieros, y a las entidades. En todo caso, el proceso de reordenamiento del sector a nivel nacional e internacional ofrecerá oportunidades a aquellas entidades que estén mejor posicionadas.