Gobierno, emprendedores y empresas, el triángulo perfecto para impulsar el crecimiento sostenible

Por José Luis Ruiz, Socio de EY y responsable del Premio Emprendedor del Año

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Fomentar el espíritu emprendedor y apoyar a quienes cuentan con una idea empresarial que puede generar riqueza debe ser una tarea prioritaria en nuestro país, hoy más que nunca. Nuestra economía comienza a mostrar ciertos signos de recuperación pero los dramáticos niveles de desempleo, especialmente entre la población más joven, junto con la caída del consumo doméstico se mantienen como una amenaza.

Una mayor actividad emprendedora minimizaría uno de los grandes problemas de nuestra economía. Por un lado, ofrecería a las personas en situación de desempleo una alternativa de carrera profesional y, por otro, generaría nuevos puestos de trabajo. Además, aquellos que todavía no han iniciado un negocio contarían con unas aptitudes que los harían más atractivos en el mercado laboral. El apoyo a este colectivo no es algo que pueda despreciarse: siete de cada diez empleos creados en la Unión Europea durante 2012 corrieron a cargo de pequeños negocios y start ups, según datos de la Comisión Europea.

Impulsar el espíritu emprendedor no es una cuestión sólo del gobierno y tampoco se puede solucionar con una mera reforma legislativa. Todo ello ayudaría, pero es necesaria una visión más ambiciosa e integral que permita la creación de un ecosistema alrededor del emprendedor que actué como estímulo para generar un crecimiento sostenible. En ese planteamiento, además de los Gobiernos, las empresas y los propios emprendedores juegan un papel fundamental, es lo que desde EY hemos denominado “el poder de los tres”, como hemos publicado recientemente en nuestro Barómetro sobre el Emprendedor 2013 (The EY G20 Entrepreneurship Barometer 2013).

Este documento recoge las impresiones de más de 1.500 emprendedores procedentes de los países del G20, así como una serie de variables cuantitativas que nos han permitido identificar los cinco pilares claves sobre los que debería establecerse una estrategia integral de fomento del espíritu emprendedor: acceso al crédito, cultura emprendedora, regulación y fiscalidad, educación y formación y, por último, apoyo conjunto. Sobre estas cinco variables analizadas, Australia, Canadá, Corea del Sur, Estados Unidos y Reino Unido son los países que mejores condiciones ofrecen a los empresarios y sobre los que más podemos aprender.

Entre los cinco pilares claves, el acceso al crédito sigue siendo el principal problema para la gran mayoría de los empresarios en todo el mundo, lo que demuestra que aunque es un problema global debemos buscar alternativas para impulsar muchos proyectos que en la actualidad se encuentran en punto muerto. Si algo podemos aprender de los emprendedores es que hay que ser innovadores y los gobiernos también deben actuar de esa forma para favorecer la creación de mecanismos e instituciones que sean capaces de apoyar la financiación de los emprendedores, en función de la fase de crecimiento en la que se encuentren la empresa. En este sentido, el Gobierno puede incentivar la creación de fondos de venture capital obancos especializados e, incluso, diseñar sistemas de garantía de crédito y préstamos con tipos de interés reducidos para empresas de reciente creación. Esta agilización del crédito debe ir acompañada de acciones de asesoramiento o programas de mentores para rentabilizar adecuadamente el capital.

Las grandes empresas también pueden jugar un papel fundamental ya sea a través de financiación y/o el asesoramiento. En nuestro país, hemos asistido a algunos ejemplos como el Programa Lanzadera de Mercadona o el Fondo de emprendedores de Repsol, aunque existen muchos otros. También se puede apoyar al emprendedor incorporándolo a la cadena de suministro de la propia compañía.

La regulación y la complejidad del sistema fiscal de un país también es un factor a tener en cuenta a la hora de comenzar un negocio. En este pilar, Arabia Saudí, Canadá y Corea del Sur, destacan como los países con un escenario más favorable para la creación de empresas. En el terreno de la regulación, seis de cada diez empresarios consultados en la Unión Europea aseguran que una simplificación de los trámites legales y fiscales aumentaría la actividad emprendedora en la región. Entre estos destacan, por ejemplo, la reducción del periodo para la creación de una empresa o el asesoramiento a las empresas jóvenes a través de una ventanilla única empresarial.

En el terreno de la Fiscalidad, la tributación indirecta se ha establecido también para los emprendedores como una losa en forma de gasto fijo. Reducir la presión fiscal en la recaudación de impuestos procedentes de las nóminas y las ventas aliviaría la carga de las compañías más jóvenes aumentando, a la vez, su liquidez. Además, casi nueve de cada diez emprendedores consideran relevante que los incentivos fiscales deberían centrarse en cuestiones relacionadas con la innovación. Así por ejemplo, los empresarios canadienses pueden recuperar el 50% de todos sus gastos de I+D, independientemente de los resultados empresariales.

El estigma del fracaso

Una de las ideas equivocadas que debemos comenzar a desterrar es que un fracaso empresarial supone el fin. Las estadísticas dicen lo contrario: los emprendedores no suelen alcanzar el éxito hasta, al menos, el segundo intento. Una aventura empresarial que no acaba bien debe entenderse por quién la ha liderado como una oportunidad para aprender de los errores. En este sentido, también ayudaría que legislación sobre quiebras fuera equilibrada, es decir, protegiendo los intereses de los acreedores pero permitiendo al empresario la posibilidad de una segunda oportunidad.

En cuanto a la formación y educación, el 84% de los emprendedores consultados creen necesario que un aprendizaje específico siempre es necesario para alcanzar los objetivos, mientras que más de la mitad coincide en que mostrar casos similares de éxito es la fórmula más acertada para aumentar el número de emprendedores. A nivel escolar y universitario también ayudarían iniciativas donde los estudiantes puedan descubrir la experiencia de crear su propio negocio.

Fomentar el espíritu empresarial no es sólo una forma más de salir de la crisis y de reducir el desempleo en nuestro país. Un mayor apoyo a este colectivo y, en definitiva, más emprendedores nos ayudará a transformar nuestro tejido productivo al tiempo que fortalecerá nuestra economía convirtiéndola en más innovadora y flexible ante los retos venideros.

Publicado en Revista APD – Septiembre 2013