¿Detecta una auditoría un caso de fraude?

Por Jordi Riera y Pedro Ruano, Área de Forensic de EY

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Últimamente es habitual ver en los medios de comunicación términos como corrupción o fraude y, junto a ellos, hacer referencia a la actividad que supuestamente es la mejor arma para luchar contra este tipo de actividades: la auditoría. Cuantas veces se escuchan expresiones tipo “cómo es posible que haya habido fraude si la compañía estaba auditada” o “vamos a encargar una auditoría para investigar el fraude cometido”. Este tipo de afirmaciones cometen un error semántico debido, a nuestro parecer, al escaso conocimiento sobre el trabajo que realiza el auditor en el contexto de una auditoría de cuentas anuales.

La encuesta anual de la Asociación de Examinadores de Fraude Certificados (ACFE, por sus siglas en inglés) de 2012, constata que solo el 3,3% de los fraudes cometidos a nivel mundial han sido descubiertos por los auditores externos. Por tanto, al preguntamos si la auditoría es un método eficaz para detectar el fraude, los hechos demuestran claramente que no.

¿Por qué? El objetivo de la auditoría de cuentas no es la detección del fraude. La Ley de Auditoría de Cuentas establece de forma clara que el objetivo de ésta es revisar y verificar si las cuentas anuales “expresan la imagen fiel del patrimonio y de la situación financiera (…)”. Para ello, los auditores no analizan todas y cada una de las cuentas contables ni todos los documentos de la sociedad, sino que examinan determinadas partidas en función de su relevancia.

¿Cuál es la alternativa? El trabajo que realizan los denominados servicios de “Forensic” de grandes auditoras y consultoras, especializados en la investigación de todo tipo de fraudes e irregularidades financieras. Departamentos formados principalmente por economistas, abogados e informáticos que utilizan métodos específicos y herramientas diseñadas para la investigación de casos de fraude o corrupción.

A diferencia del trabajo realizado por los auditores, los departamentos de “Forensic” realizan un análisis pormenorizado de hechos, cuyo objetivo es recopilar pruebas encaminadas a constatar el fraude cometido. Las cada vez más complejas y sofisticadas técnicas utilizadas por los defraudadores requieren del uso de herramientas de última generación y de procedimientos, como:

  • Investigación de las relaciones mercantiles o familiares para identificar posibles irregularidades o pautas fraudulentas
  • Análisis exhaustivo de registros contables, extractos bancarios, facturas, albaranes, contratos u otra documentación relevante
  • Análisis de la información contenida en los discos duros de ordenadores y dispositivos electrónicos. Procedimientos que, teniendo en cuenta la normativa legal de privacidad, permiten revisar correos electrónicos o cualquier otro tipo de archivo digital, incluso recuperar datos borrados
  • Análisis masivo de toda la información disponible en los sistemas de la propia compañía, para observar patrones de comportamiento sospechosos y detectar operaciones irregulares
  • Entrevistas a las personas clave en el caso, tanto a testigos como a sospechosos

 

En definitiva, si es preciso encontrar respuestas precisas y aclaratorias sobre si ha existido realmente algún fraude o si pueden obtenerse pruebas sobre las irregularidades, sin lugar a dudas, deben acometerse con procedimientos y medios específicos, realizados por profesionales especializados en materia anti-fraude.

 

Publicado en El Periódico de Catalunya el 19 de marzo de 2013