Reforma energética desde la perspectiva inversionista

México D.F., 11 de agosto de 2014.

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La reforma energética aprobada por el Congreso de la Unión y promulgada por el Presidente de la República, Enrique Peña Nieto, tendrá consecuencias de largo alcance para México. El nuevo marco legal, al otorgar certidumbre y predictibilidad, ofrece oportunidades de negocios significativas para inversionistas nacionales y extranjeros.

La reforma es amplia, ya que abarca todas las facetas del sector energético, desde los hidrocarburos hasta las energías renovables. Aunque el petróleo mantiene un peso preponderante en el sector energético, la reforma también tendrá efectos consecuentes en materia de gas natural y electricidad. En esta nota, sin embargo, presentamos un esbozo de las oportunidades en la industria petrolera mexicana.

La apertura obedece a la necesidad imperativa de revertir el deterioro de los principales indicadores operativos de Pemex, hasta ahora el monopolio estatal. Aguas arriba (upstream), por ejemplo, la producción de petróleo y líquidos del gas cayó 24% en los últimos diez años, mientras que las exportaciones de crudo se contrajeron casi 40%. Las reservas probadas prácticamente se dividieron en dos. Aguas abajo (downstream), la capacidad de refinación no solo no ha aumentado de manera significativa, sino que no ha seguido la evolución de la demanda interna. Esto ha llevado a un incremento notable de las importaciones de productos a un costo muy alto, en particular de gasolina (alrededor de 20 mil millones de dólares en promedio anual). Los retos son numerosos: detener la baja de la producción, y eventualmente incrementarla; expandir y renovar la red de infraestructura; mejorar la balanza comercial del país en materia de productos petrolíferos; y fomentar el uso sustentable y eficiente de energía. Por lo mismo, las oportunidades de inversión son múltiples, aunque en esta etapa inicial de la reforma todavía es difícil contabilizarlas con precisión. No obstante, algunas estimaciones preliminares sugieren que las necesidades de inversión serán significativas: entre 35 y 100 mil millones de dólares anuales durante la próxima década.

Aguas arriba, el principal atractivo del país es que cuenta potencialmente con muy amplios recursos. Pemex estima que las reservas prospectivas de petróleo y gas podrían ser de unos 115 mil millones de barriles, casi tres veces el volumen actual de reservas probadas, probables y posibles (3P). Las aguas profundas del Golfo de México ofrecen el mayor potencial, en particular cerca de la frontera marítima con Estados Unidos (el área conocida como Perdido), para aquellas grandes empresas internacionales que cuenten con los recursos técnicos, financieros y gerenciales para desarrollar proyectos tan complejos. Sin embargo, los campos marginales (aproximadamente 60% del total) probablemente atraerán mucho interés por parte de empresas medianas ("independientes") especializadas en prolongar la producción de campos maduros. Igualmente, las empresas de servicio serán muy solicitadas.

En materia de petróleo y gas de roca sedimentaria (lutitas o shale) somos más escépticos. Si bien los recursos potenciales son significativos – algunos estudios ponen a México en el sexto lugar mundial – las condiciones que hicieron posible el auge del shale en Estados Unidos son difícilmente replicables. Por ende, pensamos que en la práctica será un área reservada sobre todo a las empresas mineras que ya tienen operaciones en México, por lo menos en los primeros años.

Esta semana se definirán las áreas de exploración y producción en las cuales podrán participar las empresas privadas. La Secretaría de Energía designará los activos que conservará Pemex (la "Ronda Cero"), y dará a conocer los bloques a licitar (la "Ronda Uno", cuyas bases se publicarán durante el primer trimestre de 2015).

Aguas abajo, creemos que el área más prometedora tiene que ver con la logística (midstream). La infraestructura del país requiere expandirse y modernizarse para enfrentar los cuellos de botella existentes y anticipar el crecimiento futuro de la industria. La construcción de ductos, tanques de almacenamiento y terminales podría inclusive tener repercusiones en materia de arbitraje y negocio (trading), dada la situación geográfica del país, considerando que la demanda internacional de petróleo vendrá principalmente de Asia, mientras que la mayoría de la producción se concentrará en el Golfo de México. El área de refinación podría también ser atractiva, aunque las decisiones de inversión se harán a la luz de la evolución de los mercados internacionales, pues varias regiones del mundo han desarrollado capacidades de refinación altamente competitivas. Por último, la distribución y venta al consumidor final (gasolineras y tiendas de conveniencia) es otra área que ofrece oportunidades, aunque las franquicias de Pemex tendrán un período de gracia de tres años para prepararse a enfrentar la competencia.

En suma, la reforma energética atraerá inversiones significativas en materia petrolera, dará pie a la creación de industrias nuevas y acelerará el crecimiento económico del país. Ciertamente, el camino será complicado, pues habrá que sortear los riesgos inherentes a la industria (régimen fiscal, evolución de los precios internacionales, geología de ciertas áreas, ejecución inadecuada de los proyectos, pasivos laborales de las empresas estatales, consideraciones políticas, etc.). No obstante, creemos que dichos riesgos son manejables: México presenta mucho mejores condiciones que muchos otros países productores, y además cuenta con otro poderoso aliciente: su grado de inversión, que lo acredita como un destino atractivo para construir un mejor entorno de negocios.