El poder de la información corporativa

por Rafael Páez, Socio Director de Auditoría de EY

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Publicado en Expansión, 30 de julio de 2016

En un entorno tan volátil como el actual, el acceso a un volumen suficiente de información corporativa fiable y de calidad equivale a poder. Los inversores luchan por “blindar” sus opciones, evalúan los riesgos de cada operación y ya no se centran sólo en los boletines de actividad financiera. En plena etapa de desarrollo tecnológico, hemos pasado del clásico informe anual centrado en la información financiera al informe integrado, focalizado en ofrecer una visión global de los aspectos financieros y no financieros y por tanto, de cómo una compañía genera valor para todos, no sólo sus accionistas.

El crecimiento de las demandas de información no financiera es imparable, lo que ha abierto la puerta a que haya muchos “first-movers” desde hace algunos años en el mercado. Estos ejecutivos fueron los primeros en proponer el cambio, y las empresas que empezaron a adaptar su política informativa al nuevo entorno, sin duda tienen hoy mucho ganado. Y, al contrario, aquellas que siguen ancladas en el pasado verán cómo el hueco que deben cubrir cada vez es más grande. Las decisiones de los inversores así lo están acreditando.

Según el estudio “Tomorrow’s Investment Rules” de EY, más del 70% de los inversores institucionales consideraba en 2015 los informes integrados como esenciales o importantes para respaldar sus decisiones de inversión. En 2014, el porcentaje era del 61%, y el aumento es especialmente destacable en el caso de los profesionales de EE UU y de Canadá. En Australia, la cifra se dispara al 82,6%, según se desprende del documento.

En el ámbito de la información no financiera es el Buen Gobierno y la Sostenibilidad o Responsabilidad Social Corporativa (RSC) la gran protagonista. La información corporativa – y desempeño empresarial- sobre estos aspectos ya influyen de forma decisiva en los movimientos de más del 59% de los directivos, frente al 34,8% de hace sólo un ejercicio. Además, el 37% reconoce que realiza una evaluación metódica de la información corporativa que afecta al medio ambiente y al aspecto social de la actividad de las empresas. En consecuencia, estamos ante una tendencia que no dejará de crecer en los próximos años.

Esta tendencia no es una moda de temporada, es un consenso de la comunidad empresarial. Por eso desde 2011 el Consejo Internacional del Informe Integrado (IIRC, por sus siglas en inglés), tras detectar que había motores del mercado cuyas demandas no estaban siendo cubiertas por los servicios de información de las compañías trabaja en “alinear la inversión y el comportamiento de las empresas a objetivos más amplios de estabilidad financiera y desarrollo”.

Para cubrir este amplio espectro de solicitudes, la mayoría de las grandes compañías considera imprescindible la conceptualización de la información no financiera clave, la recopilación y posterior remisión de dicha información al mercado de forma conectada con la información financiera. Han percibido que este aspecto resulta clave para afianzar las relaciones con los directivos y con los comités de auditoría de la propia empresa, a nivel interno, y otros “stakeholders” como los clientes, los socios estratégicos y los accionistas en perspectiva externa.

El volumen de datos que manejan los departamentos financieros, unido a su creciente complejidad, obliga a las empresas a crear departamentos especializados para su gestión. En el caso de las multinacionales hay, si cabe, mayores dificultades, ya que han de adaptarse a los nuevos escenarios regulatorios y legislativos de los distintos países en los que operan, así como a costumbres y tendencias de consumo completamente distintas.

El uso de las nuevas tecnologías de análisis y proceso de datos (los llamados “data analytics”) se aplica ya a todos los campos, y el de la información corporativa no iba a ser una excepción. La mayor complejidad reside en la automatización de los procesos y, en España, muchas compañías ya están dando prioridad a una serie de herramientas como la monitorización continua, el “cloud computing” o los populares sistemas ERP (“Enterprise Resource Planning” o Planificación de Recursos Empresariales).

A las compañías no les queda otra salida que adaptarse a lo que les pide el entorno si quieren resultar competitivas en este nuevo escenario. Los inversores, socios, accionistas y demás “stakeholders” miran más allá de la cuenta de resultados y vigilan factores como el “cómo”, el “cuándo”, el “dónde” y el “quién” de cada actividad. Transparencia, fiabilidad, información y rapidez en los procesos son los factores clave de las nuevas relaciones corporativas del hoy y, sobre todo, del mañana.

Sobre el autor

EY - Rafael Páez  Rafael Páez

Socio Director de Auditoría de EY