Los impuestos se digitalizan: ¿realidad o ficción?

Por Patxi Arrasate Roldán, Socio de EY Abogados

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Publicado en El Correo, 2 de diciembre de 2018

He de reconocer que en el imaginario popular se nos percibe a los fiscalistas como un colectivo poco implicado con la innovación y la tecnología. Nuestra profesión siempre se ha identificado con la preparación de sesudos informes y rodeada de números. Si nos quedamos en este plano, es difícil creer que la digitalización tenga especial cabida en nuestra práctica.

Pero no es así, ni mucho menos. Al análisis fiscal hay que sumarle las tareas de cumplimiento que imponen las Haciendas, que cada vez son más numerosas y complejas. Esta proliferación de obligaciones fiscales viene impulsada por el interés de las Haciendas en la captación masiva de datos de las empresas. Con este objetivo, estamos viendo cómo las Administraciones están invirtiendo una enorme cantidad de recursos para dotarse de herramientas que les permitan analizar millones y millones de datos contables de los contribuyentes. El mejor ejemplo de este interés por el Data Analytics lo vemos en el novedoso sistema de Suministro Inmediato de Información (SII), que tanto la Agencia Tributaria como las Haciendas Forales han implementado recientemente.

Lógicamente, si Hacienda va a poder analizar los datos de las empresas e interpretar posibles infracciones de la norma apoyándose en herramientas informáticas avanzadas, las empresas deberían plantearse el anticiparse a dichas interpretaciones y poder corregir posibles riesgos utilizando herramientas similares. En EY estamos viendo a nuestros clientes dando pasos en este sentido, en un esfuerzo para poder interactuar en igualdad de condiciones con la Administración.

Por otro lado, hay factores internos de las empresas que impulsan la digitalización de sus procesos fiscales. Hay muchas tareas relacionadas con el cálculo del Impuesto sobre Sociedades, cumplimentación de declaraciones de IVA o de retenciones o recopilación de certificados, entre muchas otras, que son altamente repetitivas, consumen una gran cantidad de tiempo y están expuestos al error humano. Las soluciones robóticas para la automatización de procesos manuales y repetitivos (RPA) están ayudando a mejorar estos procesos, haciéndolos más rápidos y fiables. Y no solo esto, están ayudando a liberar recursos humanos, de forma que las personas que realizaban antes estas tareas tengan más tiempo para dedicarse a funciones de más valor añadido.

La guinda del pastel viene de las nuevas iniciativas legislativas, tanto nacionales como comunitarias, para la implementación de Impuestos sobre Servicios Digitales. A día de hoy, el proyecto presentado por el Gobierno, en línea con las iniciativas comunitarias, afectaría solo a una parte muy específica de la economía digital, en concreto a servicios de publicidad online, a herramientas que conectan distintos usuarios para que éstos puedan realizar transacciones económicas online (marketplaces) y a ingresos obtenidos por la cesión de datos obtenidos de usuarios. Además, solo afectaría a grandes contribuyentes: grupos con más de 750 millones de euros de ingresos a nivel global con más de 3 millones de euros procedentes de estas actividades en España. A medio plazo, está prevista una profunda reforma del sistema fiscal internacional en torno a la economía digital, de forma que las reglas de juego por las que las multinacionales tributan por sus ingresos online se van a ver profundamente alteradas. Un nuevo reto para los fiscalistas, que hasta ahora estábamos más centrados en comprender y asesorar sobre los negocios “físicos” de nuestros clientes y empresas, y que ahora vamos a tener que familiarizarnos con las particularidades (no menores) de la economía digital para poder prestar un asesoramiento adecuado.

Siendo realistas, los departamentos fiscales y los despachos de abogados estamos rezagados respecto a otras áreas y sectores, que llevan ya años trabajando en un entorno digital. Sin embargo, aunque no seamos los primeros de la clase, en mi opinión lo que debemos evitar es ser los últimos. En realidad, ello nos enfrenta a un dilema: podemos resistirnos al cambio, buscando nuestro nicho dentro del esquema de la fiscalidad tradicional, o tratar de adaptarnos al nuevo entorno, adquiriendo nuevas habilidades tecnológicas, analíticas o de comunicación. Ninguna de las dos opciones es fácil ni carece de riesgos, y, si nos decantamos por la segunda, tenemos que asumir el reto de salir de nuestra zona de confort, cambiar nuestra mentalidad y transformar la forma de afrontar nuestra profesión. No es un reto menor; pero en EY apostamos por ello.

Sobre el autor

EY - Patxi Arrasate Roldán    Patxi Arrasate Roldán

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