El Plan BEPS: el tótem de la nueva fiscalidad internacional

por Patxi Arrasate, Socio de EY Abogados

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El Correo, 13 de marzo de 2015

En los últimos meses, estamos viviendo el mayor cambio en el sistema fiscal internacional que se recuerda en décadas. La principal novedad es el “Plan BEPS” (acrónimo de Base Erosion and Profit Shifting, es decir, Erosión de Bases Imponibles y Traslado de Beneficios) aprobado por la OCDE el pasado otoño, y que supone una auténtica revolución en el ámbito tributario.

Cuando comenzaron los primeros trabajos, en 2013, pocos podían prever que estos iban a plasmarse en un plan de acción concreto de forma tan rápida y con un alcance tan amplio. En sus inicios, el plan ya apuntaba a su vocación integral, pero poniendo el acento en las estructuras fiscales más agresivas y en los temas que generaban mayor debate, por ejemplo, la fiscalidad de la economía digital. Pero, a medida que iba cogiendo velocidad, lejos de desinflarse, esta iniciativa ha superado sus expectativas iniciales y se ha concretado en 15 Acciones temáticas, todas ellas sustentadas bajo los principios de coherencia, transparencia y sustancia que subyacen en todo el plan ¿Y cómo se plasman estos principios en dichas Acciones?

En primer lugar, en lo que atañe a la coherencia, los miembros de la OCDE se comprometen a expulsar de sus normativas aquellos supuestos que dan lugar a situaciones de incoherencia fiscal: es decir, gastos que se deducen por duplicado en dos países distintos o ingresos que no tributan ni en el país de origen ni en el país de destino de una renta. Así, los países deberán modificar sus legislaciones para evitar que, por ejemplo, instrumentos financieros híbridos puedan dar lugar a situaciones de desimposición, es decir, que al final no se tributa en ningún sitio.

Respecto a la sustancia, destaca la modificación de las Directrices en materia de precios de transferencia (precios por operaciones entre empresas vinculadas). En este sentido se exigen requisitos mínimos en actividades financieras y de explotación de royalties, actividades fácilmente trasladables de un país a otro por su naturaleza intangible. Con las nuevas reglas, se trata que los beneficios de estas actividades tributen donde estén ubicadas las personas que ejercen las funciones más importantes y toman las decisiones sobre el riesgo de tales actividades. Se modifican también las reglas para determinar la existencia de establecimientos permanentes en otros países, de forma que a partir de ahora será más difícil evitar artificiosamente este estatus. También son de gran importancia las modificaciones que se proponen a los Convenios Fiscales firmados entre los distintos países, buscando que dichos convenios sólo beneficien a empresas con un mínimo de sustancia y sólo a determinadas operaciones, a las menos controvertidas.

En cuanto a la transparencia, la información fiscal de los contribuyentes fluirá entre países con mucho más vigor. En primer lugar, las grandes empresas van a tener que preparar un “Informe País por País” en el que reporten su cifra de negocios, volumen de activos, cifra de personal, Impuesto sobre Sociedades, entre otra información requerida, en todos los países en los que operen. Ese Informe se presentará ante la Administración de la matriz del grupo, pero ésta lo compartirá con las Administraciones del resto de países en los que esté presente el grupo. Por otro lado, las distintas administraciones intercambiarán de forma automática y periódica información sobre los acuerdos de tributación internacionales alcanzados con los contribuyentes.

Dejamos por comentar otros aspectos relevantes, pero que conste que la OCDE también ha dejado temas en el tintero, como el de la economía digital que hemos citado anteriormente, pospuesto hasta que haya suficiente consenso entre los distintos países.

Por último, en cuanto al alcance de la iniciativa, aunque inicialmente el foco parecía estar en las estrategias de elusión fiscal más mediáticas, al final, todas estas medidas van a impactar profundamente a cualquier empresa con presencia internacional.

Tras la novedad, queda la fase de digestión. Habrá que reflexionar fríamente sobre las distintas acciones, ver cuáles tendrán más impacto real y cuáles quedarán como un “brindis al sol”. Pero, como aviso a navegantes, el futuro ya está aquí y parece improbable que estemos ante un cambio meramente superficial: todo hace indicar que esto va en serio.

Sobre el autor

EY - Patxi Arrasate

 Patxi Arrasate

Socio de EY Abogados