Boletín de prensa

5 jul. 2018 Buenos Aires, AR

La tributación, en el contexto actual

La delicada situación por la que atraviesa la economía genera voces desde distintos ámbitos, que intentan explicar sus causas.

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Ricardo Furman

Director de Relaciones Institucionales, EY Argentina.

Posee más de 40 años de experiencia en distintas posiciones de la línea y áreas de servicios al cliente. Le gusta estar en familia y viajar. Sus hobbies son las artes marciales, los comics y el surf.

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El Cronista | Por Jorge Lapenta, Socio de Impuestos de EY Argentina.

La delicada situación por la que atraviesa la economía genera voces desde distintos ámbitos, que intentan explicar sus causas. Desde lo fiscal, ciertas apreciaciones ahondan en la crítica sin dejar de caer en nociones generalistas, en las que se exacerba la regresividad del sistema como sintomatología del problema.

Es claro que desde la fiscalidad debe contribuirse con soluciones concretas a un sistema que se percibe injusto para los que menos tienen y limitante del desarrollo económico. Pero a esta altura de las circunstancias, se exige no perder de vista que la estructura tributaria viene de antigua data, y que no hay soluciones mágicas. La coyuntura, en este aspecto, parece haber absorbido las miradas sin dejarse sobrevolar para permitir analizar el más largo plazo.

Sabido es que filosófica y estructuralmente cualquier sistema tributario requiere de un proyecto estratégico de país, sobre el cual asentar sus bases. Se puede (o no) estar de acuerdo, pero no son pocos los que apoyan la idea de que debe crecerse con base en la previa y necesaria generación de un mercado interno de capitales, porque ello contribuye mejor a la productividad de la economía real (al permitir direccionar en forma armónica y eficiente la financiación de proyectos innovadores y tecnología de punta).

Dadas las medidas adoptadas puede decirse que el gobierno se enrola y ha sido siempre consistente con esta lógica. A partir de ello, es que se explican por sí mismas las razones que justifican la baja de la tasa del impuesto a las ganancias (IG) de las empresas (del 35% al 25%), la reimplantación (aunque perfectible) del ajuste por inflación, el régimen de devolución de IVA acumulado por compras de bienes de uso (todavía no operativo) y, más recientemente, con la reforma del mercado de capitales, el tratamiento del que son merecedores los fideicomisos y fondos comunes de inversión cuando cuenten con oferta pública (dejan de ser contribuyentes del IG).

Por otro lado, fuera del modelo conceptual, se ha dado un paso importante para la eliminación gradual del impuesto sobre los créditos y débitos bancarios (se acaba casi de duplicar su cómputo contra el IG), se eximieron los reembolsos de exportación para las PyMES y se crearon atractivos fiscales para el capital emprendedor (la posibilidad para los inversores de deducir como gastos sus aportes en el IG).

Todo ello permite concluir que la génesis del problema excluye de su esencia a las cuestiones tributarias, y que si bien debe trabajarse para atenuar la regresividad, las medidas adoptadas aparecen, al menos, encauzadas en esa dirección. Adicionalmente, un párrafo aparte merecen las jurisdicciones locales, que aún no se han puesto a tono de sus compromisos con el gobierno central (progresiva eliminación de sus impuestos distorsivos). Si bien es de esperar que lo hagan, la cuestión revela matices políticos que exigen monitorear muy de cerca su evolución.