Boletín de prensa

3 sep 2018 Buenos Aires, AR

Efectos fiscales de una devaluación

El sistema tributario argentino no considera el efecto que la inflación produce en la renta empresaria.

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Ricardo Furman

Director de Relaciones Institucionales, EY Argentina.

Posee más de 40 años de experiencia en distintas posiciones de la línea y áreas de servicios al cliente. Le gusta estar en familia y viajar. Sus hobbies son las artes marciales, los comics y el surf.

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Ámbito Financiero | Por Sergio Caveggia, Socio del departamento de impuestos y transacciones de EY Argentina.

Hace algunos años el director financiero de una empresa multinacional convocó al gerente general de su filial Argentina y le propuso invertir un millón de dólares en nuestro país. La condición fundamental fue que el funcionario local devolviera al final del año fiscal la misma cantidad de dólares que su accionista le había enviado so pena de dejar su cargo si no lo conseguía. Ante el desafío planteado, el gerente local decidió no correr riesgo alguno y mantener los dólares recibidos en la caja de la compañía. En su razonamiento, si no invertía los dólares y los mantenía, no podía perderlos y podría cumplir sin sobresaltos con el desafío propuesto.

Durante aquel período fiscal la situación económica Argentina entró en una crisis y la moneda local se devaluó sensiblemente respecto del dólar estadounidense. El funcionario local parecía inmune a los avatares económicos ya que él mantenía sus dólares tal cual se los había encargado su mandante. No obstante, la sorpresa llegó al final del período fiscal cuando la declaración jurada del Impuesto a las Ganancias de la empresa local arrojó una ganancia por diferencia de cambio sujeta al 35% de impuesto en aquellos años. Nuestro funcionario se vio obligado, previo a dejar su cargo, a vender parte de los dólares atesorados para pagar el impuesto por la renta producida por la devaluación.

Esta situación revela en términos sencillos cómo el sistema tributario argentino no considera el efecto que la inflación produce en la renta empresaria y termina gravando únicamente la parte nominal de la ecuación que produce la devaluación, pero no la renta en términos reales.

Durante los últimos 26 años, el sistema tributario local no reconoce el efecto de la inflación en la determinación de la renta empresarial y, por consiguiente, sujeta a imposición utilidades que no deberían estar gravadas por el impuesto. En el caso planteado, la ausencia de ajuste por inflación fiscal llevó a nuestro gerente a vender los dólares para pagar el impuesto cuando, visto desde el accionista, éste perdió parte de su inversión por haber mantenido los dólares en caja. Situación, por demás difícil de explicar a un inversor extranjero.

El mecanismo de ajuste por inflación previsto en la ley del Impuesto a las Ganancias es la llave que permitiría que las empresas locales graven las utilidades en términos reales y no nominales. Es decir, considerando, no sólo la ganancia o pérdida por devaluación, sino también, la pérdida o ganancia que ocasiona la inflación producida por dicha devaluación.

La devaluación de la moneda local ocurrida la semana pasada producirá ganancias en aquellas empresas que desarrollen actividades de exportación, pero también generará el mismo efecto en compañías que venden sus productos y servicios en el mercado doméstico por el traslado a precios que producirá la inflación.

En ambas situaciones, el Impuesto a las Ganancias a ingresar por el efecto producido durante estos días y hasta el final del ejercicio generará un impacto sensible en el Impuesto a las Ganancias que deberá ser ponderado. Desde luego, dicho efecto podrá ser morigerado si se activa el sistema de ajuste por inflación fiscal que opera como contrapeso de la situación descripta. La conclusión también aplica si la empresa genera quebrantos fiscales.

No obstante, si el régimen de ajuste por inflación es suspendido una vez más, muchas compañías en mayor o menor medida, dependiendo de la industria y mercado en el que desarrollen sus actividades, estarán sujetas al impacto del 30% sobre el efecto devaluatorio sin considerar la mitigación que el sistema de ajuste por inflación debiera aportar.

Por último, si a la situación descripta se le adicionan retenciones a productos exportados que, de por sí, no gravan efectiva capacidad contributiva sino un mayor ingreso nominal medido en pesos, las consecuencias sobre la realidad tributaria de los sujetos empresa podrían ser aún más negativas.