Boletín de prensa

28 sep 2018 Buenos Aires, AR

Macrofiscalidad: aspectos urgentes

Los impuestos no son más que una expresión de necesidad, cuya dimensión viene determinada por lo que la sociedad demanda.

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Ricardo Furman

Director de Relaciones Institucionales, EY Argentina.

Posee más de 40 años de experiencia en distintas posiciones de la línea y áreas de servicios al cliente. Le gusta estar en familia y viajar. Sus hobbies son las artes marciales, los comics y el surf.

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El Cronista | Por Jorge Lapenta, Socio de la división Impuestos de EY Argentina.

Los impuestos no son más que una expresión de necesidad, cuya dimensión viene determinada por lo que la sociedad demanda. Ello exige interpretar cuáles son esas necesidades (gasto público) y definir con qué tipo de impuestos habrán de satisfacerse (ingresos tributarios).

El momento no es sencillo: los niveles de gasto público complican la hacienda y los impuestos existentes se han intentado reformular pero perdura un modelaje estructural regresivo, y en ciertos casos con algún agravante dada la complejidad con la que se los ha modificado (rentas financieras, venta de inmuebles y deducciones personales).

Existe consenso generalizado en cuanto a que debe ampliarse la base de contribuyentes (no pagar sólo “los mismos de siempre”), pero también hay que pensar en que destruye valor el deterioro de la capacidad productiva cuando se gravan rentas empresarias no genuinas por el mero efecto inflacionario. Del mismo modo sucede cuando se gravan los salarios de los individuos con un impuesto a las ganancias sin verdadera progresividad y con escasas deducciones, donde la injusticia es latente.

Llama por otro lado la atención (y descoloca) a los especialistas y a diversos agentes económicos el tiempo que suele tomar la instrumentación ejecutiva de normas formales, aun habiendo sido sancionadas a iniciativa del propio “oficialismo” (gran parte de la reforma fiscal del año pasado continua aun hoy sin reglamentación, y no es el único caso).

La importancia nuclear de la temática fiscal se debe situar en el contexto de la trilogía que conforman los campos de la economía, la política y la institucionalidad de un país. Bien modelada, es la alternativa sistémica por excelencia para generar una mejor distribución de la riqueza sin que se pierda el foco de quien la genera (el sector privado). Por otro lado, promueve naturalmente responsabilidad política porque está asociada directamente con la gestión -lo que es muy importante sobre todo en un sistema federal de gobierno-, y a la vez contribuye -creando un círculo virtuoso- al fortalecimiento del orden jurídico, que se retroalimenta cuanto más certeza perciba la comunidad en general.

A esta altura dos cuestiones son vitales: a) en el plano interno, pocas posibilidades se advierten si las provincias con mejores capacidades de producción (y, coincidentemente, con problemas sociales endémicos que exigen palear) se ven mezquinadas por un sistema de coparticipación que distribuye en forma inequitativa los esfuerzos nacionales; y b) de cara al exterior, debe hacerse notar que las inversiones se promueven de mejor manera que la que supone atar su éxito a meros cambios en la normativa fiscal interna, fomentando la celebración de tratados de comercio con países extranjeros, donde la fiscalidad encontrará verdadera relevancia y proyección en las circunstancias actuales.