Cuando los ciudadanos impulsan la movilidad, ¿cuál es el papel de la ciudad? Cuando los ciudadanos impulsan la movilidad, ¿cuál es el papel de la ciudad?

Por George Atalla

EY Global Government & Public Sector Leader

Trabajar con los gobiernos para abordar cuestiones complejas y construir un mejor mundo de negocios

8 minutos de lectura 23 oct. 2019

La movilidad urbana se está transformando y, gracias a las megatendencias, como la digitalización y la urbanización, los ciudadanos están al volante.

L as redes de movilidad urbanas son tradicionalmente el sustento económico y social de una ciudad. Llevan a millones de personas hacia y desde el trabajo, eventos sociales y servicios culturales. Transportan bienes y residuos. Y si son rápidos, eficientes y accesibles para todos, afectan positivamente la calidad e igualdad de la vida urbana.

Sin embargo, a medida que las ciudades crecen, también lo hacen las necesidades y expectativas de las personas que viven allí, y las redes y la infraestructura de movilidad luchan por mantenerse al día. Como resultado, las personas que viven en los extremos de una ciudad pueden no tener acceso a las oportunidades económicas en su corazón. Y los sistemas de movilidad son cada vez más un costo que un beneficio.

En todo el mundo, las ciudades están a la altura de este desafío. Los automóviles y autobuses diesel están dando paso a vehículos autónomos y scooters conectados. Y servicios como viajes compartidos y tranvías eléctricos están comenzando a mejorar los servicios de movilidad en áreas periféricas.

Las ciudades tienen mucho más que hacer si quieren ofrecer una movilidad adecuada para las próximas décadas.

Pero estas mejoras no son suficientes para satisfacer la demanda. Las ciudades tienen mucho más que hacer si quieren ofrecer una movilidad adecuada para las próximas décadas.

Las fuerzas que conforman la movilidad urbana

Cuatro factores impulsan la revolución de la movilidad en las ciudades y aumentan las expectativas de los ciudadanos.

1. El auge de las megaciudades y megaregiones

En 1950, había dos ciudades con poblaciones de más de 10 millones en el mundo. Según las estimaciones, para 2030, habrá 53.

Estas megaciudades también se están fusionando en megaregiones. El delta del río Pearl (región de Hong Kong-Shenzhen-Guangzhou) en China tiene una población total de 120 millones de personas. Y ciudades como Tokio, Estambul, Sao Paulo, Delhi y Nueva York son las anclas de megaregiones con poblaciones de decenas de millones.

Este crecimiento trae desafíos como la expansión urbana. Las áreas periféricas son más baratas, por lo que las personas que viven allí tienden a tener ingresos más bajos. Pero el transporte limitado puede dificultarles el acceso a empleos en el centro de la ciudad, lo que aumenta la desigualdad de ingresos. Más personas también significa más vehículos y contaminación, lo que hace que las ciudades sean menos habitables.

2. Conectividad digital

Tecnologías como Internet de las Cosas y 4G han generado un gran cambio en la forma en que se mueven las personas, los bienes, recursos y conocimientos. Como resultado, la conectividad digital ahora sustenta a nuestras ciudades, y su papel solo se hará más importante.

La próxima etapa de esta evolución consistirá en redes 5G, inteligencia artificial y telemática (seguimiento de vehículos y datos de geolocalización). Esto dará paso a vehículos autónomos conectados y a una logística asistida por batería, todo ello respaldado por una infraestructura inteligente y conectada. Algunas ciudades ya están allí: Shanghai es uno de los primeros en utilizar el 5G para su red de vehículos inteligentes, que cubrirá 100 kilómetros en el 2020.

Esta hiperconectividad permitirá a los residentes moverse sin problemas por la ciudad (suponiendo que todos puedan acceder a las nuevas redes).

3. El impulso para ser sostenible

Las ciudades consumen más de dos tercios de la energía mundial y son responsables de más del 70 por ciento de las emisiones mundiales de Co2. Y a medida que aumenten las poblaciones, también lo harán estas cifras.

El cambio climático también está haciendo que las ciudades sean más vulnerables a las crisis, como los terremotos y las inundaciones. Los líderes de las ciudades están respondiendo a estas amenazas, junto con los acuerdos mundiales sobre el clima y el desarrollo, dando prioridad a la movilidad en sus planes de sostenibilidad.

También están adoptando objetivos de emisiones cero y de energía renovable. Por ejemplo, Copenhague está en camino de convertirse en la primera capital neutral en cuanto a emisiones de carbono para el 2025. Para lograrlo, la capital danesa ha desplegado una combinación de iniciativas de movilidad, entre las que se incluyen el transporte público neutro en carbono y la infraestructura para la micromovilidad. (Piensa en scooters y bicicletas.)

4. Vehículos ecológicos, conectados, compartidos y autónomos.

Los automóviles y autobuses que funcionan con gasolina o diesel han sido tradicionalmente el pilar de la movilidad urbana. Pero la innovación tecnológica, el cambio climático y las preferencias cambiantes de los consumidores han traído vehículos y autobuses eléctricos con bajas emisiones de carbono al mercado masivo. (Por ejemplo, los alcaldes de 26 ciudades importantes se han comprometido a comprar y operar flotas completas de autobuses de cero emisiones a partir del 2025).

Los vehículos eléctricos autónomos conectados también están en el horizonte. En septiembre de 2018, 46 organizaciones estaban desarrollando vehículos autónomos. La economía compartida, la micromovilidad y los nuevos modelos de negocio de los seguros han permitido que la gente abandone sus vehículos por alternativas confiables. Estos cambios podrían conducir finalmente a un futuro con muy pocos o sin vehículos, donde los peatones reclaman el centro de la ciudad y los estacionamientos se convierten en espacios comunitarios.

La movilidad como servicio se está convirtiendo en el principal enfoque

El enfoque de Mobility-as-a-Service (MaaS) permite a los ciudadanos ver y elegir entre cualquier combinación de las opciones disponibles, que incluyen viajes compartidos, transporte y micro movilidad, bajo demanda.

Helsinki ha llevado esto al siguiente nivel. Para ayudar a que los vehículos privados queden obsoletos para el 2025, la capital finlandesa ha integrado todas sus opciones de transporte, incluidos los taxis baratos, las bicicletas y el alquiler de vehículos, en un único servicio de MaaS. Así, además de ver las opciones disponibles, los ciudadanos también pueden reservar y pagar las que deseen, todo ello utilizando la aplicación Whim.

Las ciudades también están utilizando las tecnologías MaaS para proporcionar acceso a las oportunidades económicas. En Los Ángeles, EE.UU., el Metro se ha asociado con Via para ofrecer a los ciudadanos de bajos ingresos y a las personas de la tercera edad un acceso accesible y desde tres estaciones principales. Los ciudadanos acceden al servicio subsidiado de viajes compartidos a través de una aplicación para teléfonos inteligentes, o utilizan una tarjeta de tarifa recargable gratuita si no tienen un teléfono.

Cuatro formas en que las ciudades pueden pasar a la movilidad de próxima generación

Para hacer frente a las fuerzas que conforman la movilidad urbana, creemos que los líderes de las ciudades deben hacer cuatro cosas.

1. Mejorar el acceso y la experiencia de los ciudadanos para todos

Las ciudades deben hacer que la movilidad funcione para proporcionar el máximo valor a los ciudadanos. Como las tecnologías digitales a menudo reducen los costos, este valor toma la forma de una gran experiencia ciudadana.

Para ofrecerlo, las ciudades deben ofrecer a los ciudadanos un menú de opciones, todas ellas rápidas, seguras, sostenibles y personalizadas para ellos. También necesitan ampliar el acceso para que las personas marginadas de bajos ingresos y las personas mayores puedan acceder a trabajos, educación y actividades.

Sydney, en Australia, ha reinventado la experiencia del tránsito para los pasajeros, proporcionando información en tiempo real y utilizando análisis para mejorar el rendimiento. La ciudad también ha utilizado la economía del comportamiento para mejorar la experiencia de los ciudadanos, por ejemplo, permitiendo a los viajeros pagar a través de una aplicación para teléfonos inteligentes. Y en Indonesia, Yakarta utiliza datos y análisis en tiempo real de su sistema de tránsito rápido de autobuses, TransJakarta, para determinar qué rutas son eficaces. Luego utiliza esa información para mejorar el rendimiento y la satisfacción de los pasajeros.

Mientras tanto, la ciudad de Medellín en Colombia ha construido teleféricos para conectar las favelas en las colinas con empleos en el centro de la ciudad. El sistema de teleférico se integra con otros modos de transporte, incluyendo líneas de metro, un sistema de tren ligero y autobuses.

Una idea que alguna vez fue radical (sistemas de tarifa reducida o gratuita) también se está volviendo más común. La capital de Estonia, Tallin, es la ciudad más grande del mundo que tiene un sistema de tránsito totalmente libre de tarifas.

2. Regular sin obstaculizar la innovación

Los sistemas modernos de movilidad urbana involucran a muchos operadores diferentes, públicos y privados. Para aprovechar al máximo las opciones disponibles, las ciudades necesitan un marco regulatorio y de gobernanza que les permita desarrollar y poner a prueba nuevos modelos de negocio y modos de transporte prometedores. Todo mientras se protege la seguridad pública. Los primeros años de compartir viajes también les han enseñado la necesidad de desarrollar una regulación proactiva, no reactiva. Esto significa proporcionar “sandboxes”: reglas flexibles que evolucionan con el tiempo para ayudar a desarrollar nuevas empresas.

Un ejemplo de cómo podría funcionar la regulación es la Asociación del Gran Washington DC en los EE.UU., donde los líderes empresariales han desarrollado un marco regulatorio basado en el rendimiento. Esto anima a los participantes a gestionar los datos e integrar las mejores prácticas y las normas comunes de movilidad. Puede que no sea la respuesta completa, pero es un paso hacia una regulación sensata que todavía permite que la innovación florezca.

3. Asociarse con el sector privado para desarrollar la próxima generación de sistemas de movilidad

Desde autobuses conectados hasta vehículos autónomos, están surgiendo nuevas opciones de movilidad todo el tiempo. Y ninguna entidad, ya sea el gobierno, una empresa o un proveedor de transporte, podrá entregarlos solos.

Las ciudades deben trabajar en estrecha colaboración con el sector privado para explorar y desarrollar estas opciones. En el Reino Unido, Transport for London se ha asociado con Bosch para llevar a cabo un proyecto piloto de movilidad de 18 meses. Esto combina datos y experiencia técnica para ayudar a las pequeñas empresas y a las nuevas empresas a desarrollar soluciones de transporte innovadoras para la región.

En última instancia, el papel de la ciudad cambiará del modelo tradicional de "comando y control", donde la responsabilidad variaba desde la planificación, la financiación y las operaciones. En cambio, se convertirá en un gerente de operaciones, centrado en la competencia, la tecnología, la regulación y el establecimiento de normas. En respuesta a este cambio, ciudades como Los Ángeles, Múnich y Estocolmo están utilizando laboratorios de movilidad para experimentar nuevas formas de desarrollar y gestionar la movilidad urbana.

4. Integrar la movilidad en las políticas urbanas que abarquen más

Las recientes protestas en París demostraron que la movilidad no existe en el vacío. El gobierno tenía un objetivo loable: animar a la gente a abandonar los automóviles aumentando los impuestos sobre el diesel y el carbono. Pero no pensó en el impacto que su política tendría en las personas.

Para evitar este tipo de escenario, las ciudades deben coordinar la movilidad con otros enfoques políticos, incluidos el crecimiento inclusivo, la sostenibilidad, el trabajo y la vivienda. Y deben asegurarse de que esas políticas sean socialmente fundadas e inclusivas.

Esto significa determinar cómo funcionará la financiación de las reformas y qué impacto pueden tener. También significa establecer y medir los resultados. Por ejemplo, Bogotá, Johannesburgo y docenas de otras ciudades han publicado planes de sostenibilidad que alinean la reducción de las emisiones del transporte con las prioridades de otras ciudades.

Una elección inteligente para el futuro

Las ciudades necesitan fuertes iniciativas de movilidad para superar los desafíos que enfrentan. Pero también los necesitan para evitar empeorar una situación difícil. Por ejemplo, si no se abordan las “dead zones” de transporte a medida que una ciudad crece, se sumarán niveles de desigualdad.

Por otro lado, las ciudades que siguen los consejos anteriores tendrán más probabilidades de satisfacer sus demandas de movilidad de manera escalable y sostenible. Lo que significará que pueden crecer de una manera que incluya a todos, mientras se vuelven más atractivos para las personas, los inversores y las empresas.

Afortunadamente, hay muchas nuevas tecnologías que pueden ayudar. Para desbloquear su poder, las ciudades necesitan experimentar con lo nuevo mientras gestionan lo viejo. Y necesitan pasar de la planificación y la prestación de servicios a la creación de un entorno en el que pueda prosperar la movilidad inteligente e inclusiva.

Las ciudades que sigan desarrollando este papel mantendrán en movimiento a sus crecientes poblaciones y responderán a uno de los mayores desafíos urbanos del siglo XXI.

Resumen

Las redes de movilidad urbana están luchando por mantenerse al día con el creciente número de personas que las usan, y el tipo de servicio que esperan. Para enfrentar estos desafíos, las ciudades necesitan desarrollar su rol y prepararse para un futuro complejo.

Acerca de este artículo

Por George Atalla

EY Global Government & Public Sector Leader

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