3 minutos de lectura 11 octubre 2020
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Megafactoría de baterías: una puerta al futuro

Por Óscar Katime

EY España, Socio responsable de innovación en Consulting

Entender, mejorar y volver a empezar. Excéptico, cinéfilo e inquieto.

3 minutos de lectura 11 octubre 2020
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Se estima que en 2040 las ventas mundiales de vehículos eléctricos podrían representar casi el 60% de todas las ventas de automóviles.

Ver coches eléctricos por las ciudades ya es un hecho, aunque aún son reducidos respecto al resto de vehículos. Sin embargo, todo parece indicar que las ventas de este tipo de automóviles se dispararán en los próximos años. Se estima que en 2040 las ventas mundiales de vehículos eléctricos podrían representar casi el 60% de todas las ventas de automóviles, atendiendo a los datos de Bloomberg New Energy Finance.

El cambio se verá impulsado, además, por las caídas en los precios de las baterías, que, de hecho, ya lo están haciendo rápidamente. Desde 2010, los costes de las baterías por kilovatio-hora se han reducido en un 85%, gracias a las mejoras en la fabricación y al aprovechamiento de las economías de escala.

Y esta reducción del coste de las baterías, unido al crecimiento de la producción de vehículos eléctricos, está provocando un incremento en la demanda de éstas. En Europa, la demanda esperada de estos componentes clave en el ensamblaje de vehículos está proyectada en unos volúmenes muy superiores a la capacidad productiva europea, lo que inevitablemente llevará a la necesidad de importaciones, elevando los riesgos de rotura en las cadenas de suministro. Bruselas considera que Europa necesitará más de 10 megafábricas de baterías de este tipo en 2025 para hacer frente al impulso del coche eléctrico. Por ello, la Comisión Europea ya ha anunciado que está dispuesta a canalizar 100.000 millones de euros en ayudas para impulsar su despliegue.

Potencial transformador de la economía 

En líneas generales, los fabricantes europeos parecen no haber apostado de forma decidida por este negocio debido a todos sus ejes de complejidad: procesos productivos nuevos, compra de componentes químicos, obtención de permisos, etc. Los actuales líderes han conseguido un control de la cadena de valor que en ocasiones se alarga hasta la extracción de materiales como el litio y otros metales clave, lo que les hace ser muy competitivos. Los fabricantes parecen haber decidido centrarse en el diseño y empaquetado de las células para formar las baterías que montarán en sus vehículos.

Sin embargo, existen grandes incentivos económicos y de desarrollo empresarial para el desarrollo de la producción local. Las baterías suponen el principal coste en la fabricación de un vehículo eléctrico, por lo tanto, supone una oportunidad de retener la principal palanca de creación de valor. Además, los fabricantes podrían decidir localizar sus cadenas de producción y montaje cerca de las fábricas de baterías para reducir riesgos.

Las regiones que hospeden estas megafábricas de baterías se podrían beneficiar, no solo de la creación de puestos de trabajos directos, sino del desarrollo que supone una industria incipiente, lo que conlleva numerosos vectores de desarrollo, y el caso de las baterías eléctricas no es una excepción.

Retomando algunos de los comentarios anteriores, la puesta en marcha de una megafábrica en Valencia puede servir de catalizador de un mayor desarrollo industrial. A la aparición de diferentes proveedores, se le puede unir la atracción de ensambladores, tanto de los paquetes de baterías como de los vehículos, para reducir los riesgos de rotura de la ya muy compleja y tensionada cadena de suministros de la industria. Más si cabe teniendo ya un gran fabricante que asegura que la región cuenta con las condiciones ideales para este tipo de operaciones industriales.

Los fabricantes dentro de la industria automotriz seleccionan la localización de sus centros productivos basados en las bondades de las diferentes alternativas. Estas bondades pueden basarse en los costes directos de producción, pero también en el análisis de los riesgos existentes, en el apoyo regulatorio a través, por ejemplo, de incentivos fiscales, en el acceso a energías limpias y baratas o la cercanía a proveedores. El hospedar a una de estas megafábricas manda el mensaje al resto de fabricantes de que la Comunidad Valenciana es un lugar atractivo para invertir en este negocio de futuro, tal y como está pasando en la actualidad en China.

La megafábrica de baterías puede crear la opcionalidad para la Comunidad Valenciana de convertirse en un polo para la industria automotriz además de servir como palanca para conseguir una disminución de la huella de carbono, algo que tan desesperadamente necesita conseguir la industria.

Es importante, además, tener en cuenta la alta competitividad del sector, que obliga a toda la cadena de valor, desde el diseño hasta la fabricación de componentes, a mantenerse a la vanguardia. En particular, la tecnología de las baterías se está desarrollando rapidamente debido a la presión en costes para hacer estos vehículos competitivos y a la necesidad de aumentar su autonomía. La consecución de estas mejoras constantes demanda una inversión en investigación y desarrollo que debe ser realizada por una fuerza laboral altamente cualificada. Estos centros de I+D trabajarán tanto en la mejora de las baterías como de los procesos productivos.

Y esto último da pie a la diversificación del uso de estas nuevas tecnologías para el almacenamiento de energía. La atracción de talento y capital suele ser determinante para experimentar un desarrollo económico exponencial y no sería descabellado pensar en un desarrollo de baterías para otros sectores en una economía que está apostando por la descarbonización o por expandirse verticalmente y adentrarse en servicios complementarios de alto valor añadido y social como el reciclado. Como hemos visto en repetidas ocasiones, esto lleva a la aparición de círculos virtuosos que terminan atrayendo aún más talento y capital atraídos, a su vez, por éxitos empresariales.

Publicado en el Diario Levante-EMV

Resumen

La Comunidad Valenciana se encuentra ante la oportunidad de engancharse a la vanguardia económica mundial subiéndose en el carro de una industria actualmente subdesarrollada en Europa y con unas expectativas de crecimiento estimadas en cientos de billones de euros en la próxima década.

Acerca de este artículo

Por Óscar Katime

EY España, Socio responsable de innovación en Consulting

Entender, mejorar y volver a empezar. Excéptico, cinéfilo e inquieto.