La economía del área del euro también ha demostrado resiliencia, aunque el crecimiento sigue siendo moderado y desigual entre sectores y países. El sector servicios destaca por su dinamismo, impulsado por el turismo y el auge de los servicios digitales, ya que muchas empresas europeas están intensificando sus esfuerzos por modernizar sus infraestructuras tecnológicas e integrar la inteligencia artificial en sus operaciones. En contraste, la actividad manufacturera se ve lastrada por las subidas arancelarias, la incertidumbre global y el fortalecimiento del euro. Entre los países, España sobresale como una de las economías más dinámicas del área, impulsada también por el crecimiento de la población gracias a la inmigración, el dinamismo en sus exportaciones de servicios y el apoyo de los fondos europeos Next Generation EU.
Perspectivas y riesgos
El área del euro encara un panorama internacional complejo en 2026. Factores como los mayores aranceles, un euro fortalecido y una competencia global más intensa limitarán el crecimiento. Sin embargo, el mercado laboral mantiene su resiliencia, a pesar de las señales de moderación en la demanda, lo que debería respaldar el consumo. Tanto el consumo como la inversión se beneficiarán de unas condiciones de financiación más favorables, a medida que los recortes en los tipos de interés del BCE se transmiten a la economía. El aumento del gasto público en infraestructuras también debería apoyar la inversión. Organismos internacionales como el FMI, la OCDE, la Comisión Europea y el BCE proyectan un crecimiento del PIB real del área del euro en 2026 entre un 1% y un 1,2%, ligeramente inferior al estimado para 2025 (alrededor de 1,3%). En cuanto a la inflación, el BCE prevé que se estabilice en torno al objetivo del 2% a medio plazo.
Los riesgos a la baja para el crecimiento se han reducido tras los acuerdos alcanzados entre varios países, incluida la Unión Europea con Estados Unidos. Sin embargo, todavía existe la posibilidad de que surjan nuevas disputas comerciales y las tensiones geopolíticas continúan siendo una fuente importante de incertidumbre. Por otro lado, un gasto en defensa e infraestructuras en la UE mayor al esperado, junto con reformas que impulsen la productividad, podrían estimular el crecimiento. Estas reformas, al promover la innovación, la diversificación y la resiliencia, también ayudarían a mitigar los riesgos económicos.
Desafíos y recomendaciones
En 2026, el área del euro continuará enfrentando importantes desafíos derivados de las tensiones geopolíticas, las restricciones comerciales y los avances tecnológicos. A estos se suman retos estructurales como el envejecimiento de la población, las transiciones digital y climática, la baja productividad y la pérdida de competitividad frente a otras economías.
El aumento del gasto en defensa, impulsado por la necesidad de reforzar la seguridad, ejercerá presión sobre las finanzas públicas. Las tensiones comerciales y las políticas proteccionistas seguirán afectando los flujos comerciales y las cadenas de valor globales. China, que anteriormente se destacaba como comprador de productos europeos, se ha convertido en un competidor clave en sectores como el automotriz y el químico, intensificando la presión sobre los exportadores europeos. Además, la dependencia de materias primas provenientes de China incrementa la vulnerabilidad ante posibles restricciones de suministro. Por otro lado, el auge de la inteligencia artificial impulsa la innovación y el crecimiento, pero plantea desafíos como su impacto en el empleo, la concentración de beneficios y la necesidad de regulaciones para su uso ético. También existe el riesgo de que los beneficios no cumplan con las expectativas, generando volatilidad en los mercados financieros.
Ante estos desafíos, es urgente que Europa complete el mercado único para fortalecer su competitividad y resiliencia.
Simplificar la normativa y eliminar las barreras internas impulsaría la competencia, la innovación y la productividad, además de promover cadenas de suministro más sólidas y crear oportunidades de inversión, reduciendo la dependencia de los mercados externos. Es esencial aplicar rápidamente la hoja de ruta sobre competitividad propuesta por la Comisión Europea, avanzar en la integración de los mercados financieros completando la unión del mercado de capitales, así como la unión bancaria.
Los bancos de la zona euro han contribuido a la estabilidad general del sistema financiero gracias a posiciones sólidas de capital y liquidez y a una fuerte rentabilidad. Al mismo tiempo, el tamaño del sector financiero no bancario, especialmente los mercados privados, sigue aumentando, mientras que su interconexión con el sector bancario es significativa. El apalancamiento persistente, las vulnerabilidades de liquidez y la falta de transparencia en la valoración de activos privados plantean riesgos importantes para los bancos en ambos lados de su balance. Los intermediarios financieros no bancarios son importantes proveedores de financiación a corto plazo para los bancos a través de depósitos, repos y valores de deuda, mientras que los bancos son relevantes proveedores de crédito para los intermediarios no bancarios. Esto subraya la necesidad de preservar la resiliencia de los bancos garantizando la plena aplicación de Basilea III y, al mismo tiempo, ampliar la supervisión y reforzar el marco macroprudencial para los no bancarios. Regulaciones prudenciales sólidas son esenciales para apoyar a la economía real y afrontar los desafíos que se avecinan.