Por la parte del llenado, somos más que hace un año, gracias a la inmigración y al retorno de profesionales. Es cierto que medidas como el fomento del transporte público (pese al caótico funcionamiento de la dupla ADIF/RENFE) han facilitado el camino de vuelta de numerosos profesionales (con la inestimable colaboración del precio de la vivienda en Madrid y el tiempo de desplazamiento empleado en la capital) y que cada vez más migrantes ven nuestra Comunidad como una oportunidad atractiva para su asentamiento gracias a la obtención de un empleo digno. Pero no es menos cierto que, como en el resto del país, la preocupante tasa de natalidad impide que ese crecimiento sea vegetativo, lo que impide el rejuvenecimiento de nuestra población.
El sector energético y el industrial traen noticias de, al parecer, inminentes inversiones relevantes en parques de energías renovables y la anhelada factoría de baterías. Pero la mejor noticia sigue siendo la calidad del empresariado ya existente, que un año más ha incrementado la generación de riqueza y empleo en la Región. Esos son precisamente los “caramelos” de los que hablaba hace un año como potenciales objetos de deseo de inversores, por su rentabilidad y tamaño.
Estamos potenciando, muy poco a poco, eso sí, la imagen de la Comunidad como destino turístico. Así, la reciente Feria de Turismo de Interior arroja cifras esperanzadoras sobre la propia feria: expositores, visitantes, contactos comerciales… ahora tenemos que aterrizarlos en más visitantes de calidad. Argumentos, en forma de patrimonio, cultural y natural, gastronomía inmejorablemente maridada con nuestros vinos… no nos faltan. Capacidad para “venderlo”, sin bodas mediáticas de hijos de actores hollywoodienses que generan tanta o más repercusión que muchas campañas institucionales, es lo que nos tenemos que marcar como reto.
Con estas luces, o mejor dicho con estos destellos, parece que vamos llenando la botella, pero en el camino también hemos percibido sombras.
Somos más, sí, pero más viejos. Es decir, que no estamos remediando el ser el paradigma de la España vaciada, por lo que el envejecimiento de la población y la escasez de medios materiales y humanos para la atención a los mayores continúa siendo un desafío difícil de resolver a corto plazo.
Las inversiones comentadas no son todavía una realidad (como Santo Tomás, creeremos cuando se generen los primeros megavatios o se produzcan las primeras baterías) y, además, dejamos escapar o al menos no estamos posicionados para las inminentes necesidades de producción de grandes baterías de almacenamiento de energía de fuentes renovables. Y no será por espacio o cercanía a las fuentes de generación.
Y con el potencial del turismo enológico que tenemos, ¿cómo es posible que centenares de visitantes se interesen por visitar bodegas de las zonas más emblemáticas de la Ribera del Duero o de Rueda y no lo logren, por la escasa oferta existente?
En suma, luces y sombras que dejan la botella parecida a como estaba un año atrás.
Al menos no estamos peor, pero podríamos estar mejor. ¿La fórmula? Imagino que los chefs crean sus platos en base a pruebas, eso sí con buenos ingredientes. De estos tenemos muchos: universidades y otros centros formativos que crecen en número de alumnos, un empresariado resiliente e innovador, recursos naturales, etc.
Pues vamos a crear recetas. Ahí va la mía:
Algo de ganar tamaño en las empresas, no solo con crecimiento orgánico, sino con fórmulas asociativas, alianzas estratégicas o modelos novedosos de financiación o “M&A”,
El impulso a la repatriación del talento que ya ha comenzado, racionalizando y mejorando la oferta de transporte, estimulando la contratación por parte de las empresas de estos perfiles e incentivando su capacidad emprendedora con créditos y/o avales más accesibles,
La simplificación de la burocracia, en forma de menos trámites en el sector primario (en clara desventaja competitiva con productores de fuera de la UE), de facilidades para la contratación de migrantes trabajadores, que cada vez más son los únicos candidatos a los empleos que tradicionalmente se denominaban de bajo perfil formativo (vía acuerdos con escuelas de hostelería, de conductores o centros formativos en empleos para la construcción), pero tan necesarios para muchos de los negocios regionales,
Y para el emplatado, menor incertidumbre política y una vuelta a esa sociedad no tan radicalmente polarizada como en la que vivimos actualmente. ¡Ahí es nada!
Ejecutando esta receta, plato único en mi menú “Carta a los Reyes Magos 2026”, tal y como sostenía en mi tribuna de hace un año, “tendremos todo un año de trabajo por delante para conseguir que nuestra Comunidad sea un lugar mejor para las personas que un año atrás”.