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Activación o reactivación en el País Vasco

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Se estima que alrededor del 40% de las ventas vascas se dirigen a otras comunidades autónomas, consolidando el mercado español como el principal destino comercial de la economía del País Vasco.

Al analizar los retos y problemas que enfrenta la economía vasca en la actualidad y compararlos con los identificados en diciembre de 2024, se observa que persisten los mismos conceptos, aunque muchos presentan una mayor magnitud. Este artículo aborda, desde una perspectiva general hasta aspectos específicos vinculados a los centros de toma de decisiones, los factores que inciden en la situación económica del País Vasco.

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El contexto geopolítico internacional constituye el primer elemento de impacto para la economía vasca. Según los informes económicos publicados en 2025, el Producto Interior Bruto (PIB) del País Vasco asciende a 87.857 millones de euros, mientras que las exportaciones alcanzan los 30.963 millones de euros, lo que significa que más de un tercio de la producción se destina al mercado exterior. Esta circunstancia subraya la importancia estratégica de la estabilidad geopolítica mundial.

El riesgo geopolítico resulta difícil de prever, tanto en sus causas como en el momento y alcance de su impacto, intensificado por la globalización y la interconexión de las economías. 

Las alteraciones en las cadenas de suministro y los modelos de negocio derivadas de conflictos bélicos o de políticas arancelarias requieren que los empresarios y responsables políticos actúen con agilidad y visión, considerando horizontes temporales de corto, medio y largo plazo.

En el ámbito más cercano, la situación económica en el resto de España es igualmente relevante. Se estima que alrededor del 40% de las ventas vascas se dirigen a otras comunidades autónomas, consolidando el mercado español como el principal destino comercial de la economía del País Vasco. Las previsiones de crecimiento realizadas por diversas instituciones para 2026 oscilan entre el 1,8% y el 2,3%, cifras moderadas y marcadas por la incertidumbre actual. Dicho crecimiento está sustentado principalmente en la demanda interna y la inversión, con el apoyo de fondos públicos europeos, entre los que destacan los Next Generation EU, cuyo periodo de solicitud finaliza en agosto de 2026; este hecho anticipa una futura contracción de la demanda interna, que repercutirá en la industria vasca. 

Adicionalmente, el envejecimiento de la población influirá en la estructura y volumen de la demanda, previéndose una reducción de esta. Los elevados costes energéticos han afectado significativamente los resultados de empresas, en especial aquellas de alta intensidad eléctrica, provocando una disminución de los recursos disponibles y, por ende, de la demanda.

La previsible subida de los tipos de interés supondrá nuevas dificultades en el acceso a financiación, lo cual también restringirá el consumo y la inversión. Ante esta coyuntura, es indispensable que tanto empresarios como responsables institucionales respondan con diligencia y perspectiva, similar a la necesaria frente a los desafíos geopolíticos.

En cuanto al entorno local, cabe destacar la incertidumbre como factor transversal, impulsada tanto por la situación internacional como por la política regional y nacional. 

En el ámbito demográfico, continúan los obstáculos para atraer y retener talento cualificado suficiente, situación agravada por el envejecimiento de la población. Además, la limitada dimensión de los proyectos empresariales condiciona la productividad y la capacidad para acometer inversiones significativas y liderar iniciativas de crecimiento, si bien existen recientes propuestas privadas orientadas a facilitar este tipo de proyectos vinculados al arraigo territorial. 

En definitiva, la interacción de todos estos elementos, cuyo grado de influencia es difícil de determinar, junto con la capacidad de respuesta de la economía vasca, definirá su evolución futura. El objetivo prioritario debe ser mitigar los riesgos identificados, lo que exigirá implementar nuevas medidas y recuperar aquellas previamente abandonadas.

Resumen

La economía vasca afronta en 2026 los mismos retos que en 2024, pero de mayor intensidad, en un contexto geopolítico incierto que afecta a una economía muy exportadora. El crecimiento será moderado y dependiente de la demanda interna y de los fondos europeos, con riesgos a la baja por su finalización, el envejecimiento poblacional y los altos costes energéticos. La subida de tipos y la dificultad de acceso a financiación presionarán consumo e inversión. A ello se suman la escasez de talento y el reducido tamaño empresarial, que limitan productividad y crecimiento futuro.

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