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Andalucía 2026: una incertidumbre ilusionante

Para 2026, el éxito económico de Andalucía dependerá de nuestra capacidad de materializar las inversiones públicas en vivienda asequible, infraestructuras, agua y energía sostenible; impulsar una transformación productiva hacia sectores con mayor valor añadido e innovación; diversificar la economía reduciendo la dependencia de sectores tradicionales vulnerables; y con todo ello mejorar la productividad y competitividad regional.

El medio The Economist ha publicado su edición anual de 'The World Ahead', en la que concluye que para 2026 la cosa pinta mal. Así, apunta un nuevo mundo que se definirá por el desmantelamiento del sistema multilateral, la transformación de las alianzas de seguridad en relaciones mercenarias y la consideración del recién estrenado año como un ejercicio de transición hasta 2027, que será el del cambio de era por los avances de la IA y la situación geopolítica, en un contexto en el que las autocracias ganan espacio frente a las democracias.

España 2026. Un año por delante

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Europa, que cedió su seguridad a Estados Unidos, su comercio a China y su energía a Rusia se enfrenta hoy a una Rusia hostil, a reactivar un crecimiento anémico y a mantener su ideario de transición verde. 

Mientras tanto, España sigue a la cabeza del crecimiento en Europa, cerrando 2025 con un predecible 2,9%, y una previsión para 2026 en el entorno del 2,2%. Ello con riesgos al alza como la polarización que limita la adopción de reformas por la frágil aritmética de apoyo del Gobierno, que además generan el riesgo de ahuyentar al inversor. 

En Andalucía, mientras tanto, debemos hacer balance de lo acaecido en los últimos ejercicios y tomar impulso para afrontar unas nuevas elecciones autonómicas de las que saldrá un gobierno cuyo principal reto debe ser el de converger con la renta media de España, apostando, esperamos, por un empresariado renovado, que tiene en su to do la necesidad de seguir concentrándose y ganar en tamaño.

Para 2026, el éxito económico de Andalucía dependerá de nuestra capacidad de materializar las inversiones públicas en vivienda asequible, infraestructuras, agua y energía sostenible; impulsar una transformación productiva hacia sectores con mayor valor añadido e innovación; diversificar la economía reduciendo la dependencia de sectores tradicionales vulnerables; y con todo ello mejorar la productividad y competitividad regional, con el objetivo último de reducir la tasa de paro con empleo estable. 

El punto de partida para ello debería ser la estabilidad en la que hemos vivido los últimos años los andaluces, donde nuestro mayor logro ha sido sin duda la confianza en nuestras propias posibilidades y en nuestra capacidad de ejercer un liderazgo económico y social en España y en la UE, sin rubor.  

Hoy superamos los 3,6 millones de ocupados, 500 mil de ellos incorporados en los últimos años, tras 32 meses liderando la reducción del paro en nuestro país. De entre ellos, destaca la reducción de la tasa de desempleo juvenil en 15 puntos porcentuales, donde el nuevo modelo de Formación Profesional Dual ha logrado que casi la mitad de los jóvenes titulados encuentre trabajo en el primer año tras finalizar sus estudios.  

Pero también somos la Comunidad Autónoma con más empresas inscritas en la Seguridad Social; líderes en número de autónomos -con casi 600 mil-, por delante de Cataluña; y con un volumen de exportaciones récord, al que se suman inversiones greenfield no vistas hasta la fecha, con, por ejemplo, un sector industrial andaluz que ha captado más de 17.000 M€ de inversión, de los que más de 9.000 son de industria verde.

Y para llegar a ello ha habido dos elementos clave para la empresa: las sucesivas reformas fiscales dentro del ámbito competencial autonómico que deja en los bolsillos de los andaluces casi 1.000 M€ cada año; y, más importante aún, la seguridad jurídica que conllevan las más de 850 medidas de simplificación y una administración digital para que las empresas tengan una respuesta más ágil. Aunque aún queda mucho por exigir.  

Para 2026 el actual Gobierno y el que resulte de las urnas dispondrán de 51.598 millones en un presupuesto que debe abordar varios ejes fundamentales: (i) por supuesto, reforzar el Estado del bienestar a través de los servicios públicos, a los que se destinan dos de cada tres euros; pero sin dejar de abordar de frente (ii) el necesario apoyo a la modernización del tejido productivo y a los creadores de empleo; (iii) inversiones en innovación, sostenibilidad (agua) y  vertebración (transporte) de Andalucía; y (iv) acceso a la vivienda -tenemos un déficit de casi 100.000- con políticas, además, creadoras de PIB y de empleo.  

Para ello debemos trabajar en mejorar una agricultura cada día más modernizada, un sector tecnológico que aporte más competitividad, y una industria que en su conjunto aporta un valor añadido bruto de más de 21.000 millones, y que necesita de estrategias potentes como la de la minería, la hoja de ruta del hidrógeno verde o la aeroespacial, que permitirá en breve poner en órbita el primer sistema satelital 100% andaluz, emblema de a dónde queremos llegar.  

Aun teniendo para todo ello de una potencia eléctrica instalada procedente en más de un 70% de energías verdes, lo cierto es que la capacidad necesaria para nuestra mayor industrialización es claramente insuficiente, debido a la falta de inversión en las redes eléctricas, lo que se convierte en una de nuestras mayores debilidades para crecer.

De otro lado, las tradicionales fuentes de riqueza del turismo -que debe aportar más valor añadido y ser menos invasivo-, la cultura y el patrimonio deben seguir siendo potentes imanes de atracción en todo el mundo a través del Andalusian Crush, y un sector generador de riqueza y empleo, que debemos diversificar con nuevos campos de atracción como hoy ya lo es el cine, la moda o incluso el arte sacro.  

En todo ello la empresa andaluza ha demostrado en los últimos años que ha sido capaz de romper la idea de un norte rico que sabe hacer las cosas y un sur incapaz de crear riqueza. Y que sabemos transformar y modernizar nuestra tierra. Y que en 2026 seguiremos liderando nuestro propio camino.

Resumen

The Economist augura para 2026 un contexto global adverso, marcado por la ruptura del orden multilateral, la inestabilidad geopolítica y el avance de las autocracias. Europa afronta debilidades estructurales, mientras España mantiene un crecimiento superior a la media pese a riesgos políticos. Andalucía parte de una etapa de estabilidad, fuerte creación de empleo, récord empresarial y atracción de inversiones. Su reto es convertir este impulso en mayor productividad, innovación y convergencia en renta, apoyándose en inversión, industria verde y seguridad jurídica.

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