Este nuevo techo competencial condicionará la salud económica, el clima social, la intensidad de la inversión exterior y nuestra imagen, no solo en España, sino también en términos globales. Aspirar a más autogobierno para diseñar mejores políticas es un enorme reto. Un desafío que debemos afrontar con vocación de eficacia plena para convertirlo en un incentivo que impulse la evolución de nuestra economía y el funcionamiento de nuestros servicios públicos. Si lo conseguimos, la imagen cada vez más recuperada de Cataluña en todos los ámbitos, dará, de nuevo, un gran salto adelante.
En la actualidad, Catalunya se encuentra en una trayectoria de crecimiento superior a la media europea, con previsiones que nos sitúan en torno al 2%. Es un contexto que nos brinda la oportunidad de tomar decisiones de inversión clave y consolidar nuestro papel como referente para muchos países de nuestro entorno, que ven en nuestro modelo de innovación, políticas sociales y desarrollo económico un ejemplo a seguir.
Sin embargo, Catalunya no es ajena a la influencia del contexto internacional, marcado por los precios de la energía, el ciclo proteccionista que amenaza al comercio global y las tensiones económicas y geopolíticas. Son factores que debemos vigilar de cerca, porque podrían ralentizar las previsiones de crecimiento.
Por eso resulta crucial seguir protegiendo y promoviendo aquellos sectores que han demostrado ser resistentes, resilientes y comprometidos siempre de la mano de la innovación y la emprendeduría de la que en Catalunya somos referentes internacionales. Solo así seguiremos siendo líderes en la industria de la salud -que incluye el sector farmacéutico, la biotecnología, la tecnología médica y los servicios sanitarios- que representa cerca de un 7,6% del PIB; la de automoción, que roza el 9,2%; y, muy especialmente, en el turismo y el sector hotelero, que representan un 12% del PIB del territorio, generan casi el 13% del empleo y aportan, además, unos ingresos totales superiores a los 20.000 millones de euros. Estas industrias son pilares fundamentales de nuestra economía y del progreso de nuestro territorio.
Me parece relevante poner foco sobre el sector turístico, porque para capitalizar nuestro potencial en este mercado resulta esencial que Catalunya siga siendo atractiva y accesible. Según todos los indicadores disponibles, es y seguirá siendo, uno de los destinos más visitados del sur de Europa. Por ello, debemos seguir reflexionando e impulsando estrategias que permitan provocar un aumento controlado del turismo, no solo para mantener unos ingresos sólidos, sino también para lograr un avance significativo respecto a los últimos años.
Para que este avance se traduzca en liderazgo real, resulta estratégico dotar a nuestra industria y a nuestros hoteleros de mayores recursos para que puedan seguir innovando y personalizando experiencias, evitar masificaciones y atraer a un turismo más respetuoso y con un mayor nivel de gasto en sus estancias. En ese sentido, es fundamental continuar apostando firmemente por eventos, congresos y competiciones deportivas del máximo nivel, consolidándolos como hitos internacionales de gran relevancia y fuerza de atracción.
Con esta visión en mente, el siguiente paso es ineludible, situar la educación y la formación en el centro de la estrategia: la gran asignatura pendiente de esta industria. Porque sin talento, no hay futuro. Las universidades catalanas deberían desarrollar programas de FP dual, asequibles e implementables en el corto plazo, con formaciones breves orientadas a las necesidades reales del sector y que, además, permitan a los estudiantes compaginar estudio y trabajo. Solo así podremos crear una cantera en un sector clave para nuestra economía, reducir la temporalidad y la rotación y lograr una auténtica profesionalización que mejore la calidad del servicio. Al tiempo que hay que seguir invirtiendo, porque nuestro ecosistema de innovación así lo requiere, en muchos sectores de alta intensidad económica, en grados universitarios de especialización técnica como ingeniería de datos, informática, robótica o IA.
Por último, en un momento decisivo para el futuro de Catalunya, la vivienda debe situarse en el corazón de la agenda política en 2026. El acceso a una vivienda digna sigue siendo uno de los problemas estructurales persistentes. Aunque los precios han dejado de aumentar de manera explosiva, continúan siendo elevados, especialmente en Barcelona, su área metropolitana y las zonas costeras. No es casualidad que para muchos ciudadanos este sea el primer problema para el que exigen una solución. Porque garantizar un hogar no es solo una cuestión económica: es convertir en realidad la cohesión social que nos hemos propuesto y asegurar el futuro compartido que merecemos.
2026 puede convertirse en un año de grandes oportunidades para Catalunya. Nos corresponde a todos saber aprovecharlas. Por mi parte, estoy convencido de que así será.