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2026: un año para seguir avanzando en la transición energética

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España se encuentra ante una oportunidad histórica: transformar su sistema energético en un motor de sostenibilidad, innovación y liderazgo europeo. Los avances en electrificación, gases renovables y digitalización no son solo retos técnicos, sino palancas para redefinir nuestra competitividad y resiliencia.

Durante décadas, España ha concentrado su política energética en el despliegue acelerado de generación renovable. El resultado ha sido notable: de apenas 20 GW de capacidad renovable instalada en 2008 hemos pasado a superar holgadamente los 80 GW (solar, eólica y autoconsumo) en 2025, situándonos entre los países líderes de la Unión Europea en producción de electricidad limpia. Sin embargo, este éxito está acompañado de algunos problemas estructurales y retos relevantes que deberemos abordar en 2026. 

España 2026. Un año por delante

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Claramente, uno de los problemas es la saturación de las redes eléctricas, que se están convirtiendo en un cuello de botella para permitir el crecimiento de la industria, el desarrollo urbanístico y la transición energética. Si hablamos de retos, destacaría que 2026 debe ser el año de acelerar el desarrollo de proyectos de almacenamiento hidráulico y baterías.

Paralelamente, 2026 será un año clave para las redes de gas, ya que el próximo año deberá definirse su nuevo modelo retributivo. Tras un importante recorte de ingresos en el sexenio que finaliza y una reducción de volúmenes distribuidos, los operadores han alcanzado el límite de lo razonable. 

¿Es 2026 un punto de inflexión para la electrificación?

El PNIEC 2023-2030 sitúa la electrificación de la demanda como uno de los pilares de la descarbonización: industria, movilidad, edificación y nuevos usos como los centros de datos deberán apoyarse crecientemente en electricidad renovable. Sin embargo, este objetivo solo es viable si las redes de distribución y transporte evolucionan al mismo ritmo que la generación. Sin redes, no hay electrificación y, sin electrificación, el PNIEC es inalcanzable.

En este contexto, 2026 marcará un punto de inflexión. Será el primer año de aplicación de una nueva metodología de retribución de las redes de distribución eléctrica que introduce algunos cambios importantes para las compañías: una nueva tasa de retribución financiera, que es un factor clave para mantener las inversiones en nuestro país; nuevos límites máximos de inversión anual, que permitirán casi duplicar el volumen de inversión de los últimos cinco años y mecanismos específicos para incentivar tanto la conexión de nueva demanda como la digitalización de las infraestructuras.

Este nuevo marco va más allá de un incremento presupuestario, ya que también impulsa un cambio estructural en la forma de planificar, construir y operar las redes eléctricas. Los incentivos a la conexión de demanda y los requisitos de flexibilidad obligan a las distribuidoras a evolucionar desde un rol tradicionalmente pasivo hacia el de gestores activos de infraestructuras energéticas inteligentes, capaces de optimizar el uso de los activos existentes.

Encaje europeo: Clean Industrial Deal

Esta transformación conecta directamente con el Clean Industrial Deal, iniciativa impulsada por la Comisión Europea que identifica la electrificación competitiva y el acceso a energía limpia a precios razonables como condiciones necesarias para mantener la base industrial europea. Las redes dejan de ser un elemento técnico para convertirse en un activo estratégico de política industrial. Sin capacidad de red, no hay reindustrialización, ni atracción de inversión, ni competitividad frente a Estados Unidos o Asia.

Incrementar la utilización efectiva de la red existente es clave para entrar en un círculo virtuoso: más demanda conectada implica mayor energía distribuida, lo que permite reducir los peajes unitarios y mejorar la competitividad del sistema. Además, cabe señalar que la digitalización es el habilitador fundamental y que la gestión activa de la demanda, el almacenamiento distribuido y el control en tiempo real pueden multiplicar la capacidad efectiva de conexión sin replicar un modelo basado exclusivamente en más inversión física.

Retos operativos y cadena de suministro

Cabe esperar que 2026 sea el año de la ejecución, tras un 2025 centrado en el debate regulatorio. No obstante, el reto no es solo financiero. La cadena de suministro, cables, transformadores, electrónica de potencia, y la disponibilidad de recursos humanos cualificados pueden convertirse en factores limitantes en un contexto de tensiones industriales y geopolíticas.

Escalar la producción de gases renovables y redefinir el modelo retributivo de las redes de gas

España se perfila como una potencia emergente en gases renovables —biometano e hidrógeno verde— de cara a 2026, aprovechando su robusta red gasista existente. Durante 2025, se ha registrado un incremento notable de la actividad en conexiones de biometano e hidrógeno a la red. En el caso del biometano, en 2026 se espera un incremento importante de la puesta en operación de nuevas plantas y con ello de la producción nacional. Recordemos que es un factor clave para reforzar nuestra autonomía energética.

En este ámbito, los principales retos para 2026 se centran en escalar la producción y garantizar la compatibilidad técnica, pero también en cerrar el gap regulatorio en aspectos como la trazabilidad, la certificación de origen y la definición de tarifas específicas para gases renovables. Este ecosistema permitirá una transición energética más eficiente, donde los gases renovables complementen la electrificación y contribuyan a la descarbonización de sectores difíciles de electrificar.

Paralelamente, 2026 será un año clave para las redes de gas, ya que el próximo año también en este ámbito deberá definirse su nuevo modelo retributivo tras un importante recorte de ingresos en los últimos años. Aunque no se esperan grandes inversiones, salvo para integrar gases renovables, estas infraestructuras seguirán siendo necesarias durante décadas y deberán mantenerse con calidad y eficiencia. Para lograrlo es necesario definir una retribución que lo haga posible.

2026, un año para avanzar en la oportunidad histórica que representa la transición energética para España

España se encuentra ante una oportunidad histórica: transformar su sistema energético en un motor de sostenibilidad, innovación y liderazgo europeo. Los avances en electrificación, gases renovables y digitalización no son solo retos técnicos, sino palancas para redefinir nuestra competitividad y resiliencia. 2026 será el año en que las decisiones estratégicas marquen la diferencia: invertir con visión, colaborar entre sectores y apostar por la tecnología como catalizador del cambio. Si logramos convertir la transición energética en un proyecto común, España no solo cumplirá sus objetivos climáticos, sino que se consolidará como referente global en la construcción de un futuro más limpio, seguro y próspero.

Publicado en El Economista

Resumen

España ha logrado un liderazgo en generación renovable, pero en 2026 enfrenta retos clave como la saturación de redes eléctricas y la necesidad de almacenamiento y digitalización. La electrificación de industria, movilidad y edificios dependerá de una gestión activa e inversiones estratégicas en redes inteligentes. Además, los gases renovables y un nuevo modelo retributivo para redes de gas serán esenciales para reforzar la autonomía energética. Este año será decisivo para consolidar la transición energética como motor de competitividad, sostenibilidad e innovación.

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