La presentación a principios de diciembre del Plan España Auto 2030 supone un espaldarazo a la industria del motor española y pone de manifiesto la necesidad de aunar fuerzas, trabajar juntos desde el sector público y el privado y, sobre todo, dar un impulso decisivo a un sector que representa en torno al 6,5% del PIB nacional y ocupa a 1,9 millones de profesionales en España (9% del empleo total).
Todo apunta a que las 25 medidas recogidas en el plan, que cuentan con el apoyo de empresas y administraciones, serán todo un revulsivo para reforzar la posición de liderazgo de España en el mundo del motor, no en vano, somos el segundo productor a nivel europeo y el noveno del mundo, con 2,4 millones de vehículos producidos en 2024.
En este contexto, las empresas, administraciones y agentes sociales deben adoptar una visión estratégica orientada a la sostenibilidad, la innovación y la cohesión territorial que avance teniendo en cuenta cinco grandes ámbitos.
1. Hacia un ecosistema de electrificación integral
La electrificación del parque automovilístico avanza de forma sostenida, pero su éxito dependerá de la creación de ecosistemas energéticos integrados. No basta con incrementar la oferta de vehículos eléctricos; es imprescindible garantizar una infraestructura de recarga amplia, accesible y eficiente, especialmente en zonas interurbanas y rurales. Asimismo, el desarrollo de redes eléctricas inteligentes y la implantación de tecnologías de carga bidireccional (V2G) permitirán optimizar el uso de la energía y reforzar la estabilidad del sistema eléctrico. En este sentido, las políticas públicas deben coordinar la inversión privada con una planificación energética de largo plazo, fomentando la interoperabilidad y el uso de fuentes renovables.
En todo caso y al hablar de la generalización del vehículo eléctrico, es importante tener en cuenta la reciente decisión de Bruselas de abandonar la prohibición absoluta de los motores de combustión en 2035. La decisión de las autoridades de la Unión Europea anunciada el pasado 16 de diciembre ha sido bien acogida por la mayoría de los fabricantes europeos y las patronales del mundo del motor, dado que supone un respiro para una industria con numerosos retos en el horizonte.
Estos nuevos límites flexibilizan el uso de las distintas tecnologías al permitir la movilidad eléctrica, pero también el uso de biocombustibles y de combustibles sintéticos. Además, el nuevo esquema avala que los vehículos híbridos enchufables se puedan comercializar también a partir de 2035. Es decir, aunque el objetivo es un ecosistema de electrificación integral, se abre una ventana a seguir utilizando motor de explosión e híbrido, algo que permite mantener los objetivos de sostenibilidad, pero da oxígeno a la industria.
2. Reindustrialización verde y autonomía tecnológica
El sector automotriz debe situarse en el centro de una estrategia de reindustrialización verde, basada en la innovación, la digitalización y la sostenibilidad. La producción de baterías, semiconductores y componentes electrónicos representa una oportunidad para fortalecer la autonomía tecnológica y reducir la dependencia de mercados externos. Por ello, sería muy necesario continuar con la creación de polos industriales especializados, con incentivos fiscales a la I+D y colaboración público-privada en materiales reciclables, baterías de nueva generación y procesos de producción con huella de carbono mínima.
La transición industrial deberá ir acompañada de planes de capacitación y reconversión laboral, que garanticen la adaptación del capital humano a los nuevos perfiles técnicos y digitales.
3. Movilidad urbana sostenible e integrada
Las ciudades se configuran como el epicentro de la transformación de la movilidad. En 2026, será prioritario avanzar hacia modelos urbanos sostenibles en los que el transporte público, la micromovilidad y los servicios compartidos operen de forma coordinada. Las plataformas de Movilidad como Servicio (MaaS), que integran diferentes modos de transporte bajo una única interfaz digital, facilitarán la planificación de desplazamientos eficientes y de bajo impacto ambiental.
Los gobiernos locales deberán combinar las Zonas de Bajas Emisiones con incentivos para la movilidad eléctrica, la reorganización del espacio público y políticas de inclusión que garanticen la accesibilidad universal.
4. Digitalización, Inteligencia Artificial y gestión de datos
La digitalización será un factor determinante para mejorar la competitividad del sector. La Inteligencia Artificial, la analítica predictiva y la conectividad vehicular permitirán optimizar rutas, reducir accidentes y mejorar la eficiencia energética del transporte. Para ello, resulta esencial establecer marcos normativos claros que aseguren la protección de datos personales, la transparencia en los algoritmos y la interoperabilidad entre sistemas. Una movilidad digital segura y confiable será clave para consolidar la confianza de los ciudadanos y las empresas.
5. Movilidad como vector de cohesión y sostenibilidad social
La movilidad debe concebirse como un servicio esencial que promueva la igualdad de oportunidades, la inclusión territorial y el bienestar colectivo. Las políticas del sector deben priorizar la accesibilidad para personas mayores, con discapacidad y habitantes de zonas rurales, garantizando una movilidad justa y equitativa. Además, es fundamental mantener un enfoque de sostenibilidad integral, que combine la reducción de emisiones con la eficiencia energética y la calidad del aire urbano. En este sentido será capital el grado de consenso que pueda alcanzar la futura aprobación definitiva de la Ley de Movilidad sostenible, en estos momentos en trámite parlamentario.
Por último, y no por ello menos importante, es preciso tener en cuenta que la Comisión Europea presentará en 2026 propuestas para simplificar la legislación europea en sectores considerados clave, como la automoción, en un paso más de su estrategia para reducir costes a las empresas y aumentar la competitividad de la Unión Europea.
Conclusión
El sector de la automoción y la movilidad se enfrenta en 2026 a una transformación profunda que trasciende lo tecnológico. La clave del éxito residirá en la coordinación entre administraciones, industria y ciudadanía, en la integración de políticas energéticas y de transporte, y en la apuesta por la innovación responsable. Una movilidad inteligente, limpia y accesible no solo mejorará la competitividad económica, sino que también fortalecerá la cohesión social y ambiental del conjunto del territorio.
No cabe duda de que la automoción, entendida como motor de cambio, será uno de los pilares estratégicos del desarrollo sostenible en la próxima década.