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La infraestructura migratoria: una agenda estratégica para la competitividad de España

EY Megatrends

España se acerca a los 50 millones de habitantes tras varios años de crecimiento demográfico muy intenso, y lo ha hecho gracias, esencialmente, a la inmigración, y se encamina hacia una nueva escala económica y social que exige más capacidad de respuesta. No hablamos solo de vivienda, transporte, energía, sanidad o educación. Hablamos también de las infraestructuras institucionales que permiten ordenar ese crecimiento, absorber talento, integrarlo y convertirlo en productividad. Ese es el punto de partida de la publicación de una nueva edición de la serie “Megatrends” de EY Parthenon dedicada a “La infraestructura migratoria: un nuevo motor competitivo para economías desarrolladas

EY Megatrends - La infraestructura migratoria: un nuevo motor competitivo para economías desarrolladas

El momento no puede ser más oportuno. España vive una paradoja positiva: crece, atrae actividad, gana población y mejora su posicionamiento relativo, pero precisamente por eso necesita reforzar las bases que sostienen ese dinamismo. El debate sobre las infraestructuras suele centrarse en redes físicas, inversiones pendientes o capacidad de mantenimiento. Sin embargo, hay otra infraestructura menos visible y cada vez más decisiva: la que gestiona la movilidad internacional de las personas. Cuando esa infraestructura funciona, el talento llega, se incorpora con agilidad al mercado laboral y contribuye al crecimiento. Cuando falla, se ralentizan proyectos, se desaprovechan capacidades y se generan tensiones innecesarias.

El informe parte de una evidencia muy significativa. Según recoge el propio documento, hasta alrededor del 80% del crecimiento reciente en España se explica por la contribución de la población extranjera, tanto por el aumento de la fuerza laboral como por su mayor participación en el empleo. Además, ocho de cada diez personas migrantes se encuentran ocupadas, lo que refleja una integración laboral notable y una aportación muy relevante a la actividad económica. En paralelo, regiones que arrastraban una pérdida sostenida de población encuentran en la inmigración un factor de estabilización demográfica y económica.

Estos datos no solo ilustran una tendencia. Explican por qué la migración ha dejado de ser una cuestión periférica para convertirse en un asunto central de competitividad. En un contexto de envejecimiento de la población, escasez de profesionales en sectores estratégicos y aceleración tecnológica, la capacidad de atraer e integrar talento internacional pasa a ser un activo económico equiparable a la energía, la conectividad o la logística. Esa es, precisamente, una de las ideas más valiosas del informe: entender la infraestructura migratoria como un sistema crítico para el crecimiento.

Cuando hablamos de infraestructura migratoria, no nos referimos únicamente a permisos o trámites de entrada. Hablamos del conjunto de políticas, procesos administrativos, marcos regulatorios, sistemas de homologación de cualificaciones, mecanismos de integración social y laboral y capacidades institucionales que hacen posible una gestión eficaz de los flujos migratorios. En una economía avanzada, atraer talento ya no basta. Es necesario incorporarlo con rapidez, reconocer su capacitación, facilitar su inserción y coordinar adecuadamente a las distintas administraciones y actores implicados.

La urgencia de este debate se entiende mejor si se observa el contexto más amplio en el que se inserta. España se aproxima a una dimensión demográfica inédita en su historia reciente. Ese crecimiento, que constituye un éxito económico y social, también incrementa la demanda de recursos y somete a presión servicios e infraestructuras que, en muchos casos, fueron diseñados para una realidad de menor escala. El reto no consiste en cuestionar ese crecimiento, sino en acompañarlo con planificación, inversión y modernización institucional. Lo mismo que hoy reclamamos para redes de agua, transporte o energía, debemos plantearlo también para la infraestructura migratoria.

 

El documento de EY Megatrends enmarca esta reflexión en una tendencia global. Las economías desarrolladas están afrontando un desajuste estructural entre oferta y demanda de trabajo. La demografía reduce la población activa disponible; la transformación tecnológica exige perfiles altamente especializados; y los sistemas migratorios, con frecuencia, no están preparados para responder con la velocidad que exigen las nuevas necesidades productivas. El resultado son cuellos de botella que ya afectan a proyectos industriales, tecnológicos y de servicios en múltiples países.

España dispone, sin embargo, de una oportunidad singular. Ya ha comprobado que la inmigración puede impulsar el crecimiento, sostener el empleo y contribuir a compensar el envejecimiento. Cuenta además con una posición geográfica estratégica, una economía abierta y sectores con elevada necesidad de talento. Pero para transformar esa realidad en una ventaja competitiva duradera es necesario reforzar la infraestructura que la hace posible. Esa es la aportación central de esta publicación: pasar de una gestión reactiva a un enfoque estratégico y de largo plazo.

El informe identifica con claridad algunos ámbitos prioritarios. El primero es la capacidad administrativa. Persisten cargas de trabajo elevadas, heterogeneidad de procedimientos y margen de mejora en digitalización y simplificación. El segundo es el reconocimiento y aprovechamiento de las cualificaciones, para evitar que profesionales formados queden infrautilizados por demoras o fricciones burocráticas. El tercero es la coordinación institucional entre Administración General del Estado, comunidades autónomas y entidades locales. Y el cuarto, inseparable de los anteriores, es la integración social y territorial: acceso a vivienda, formación, lengua, servicios públicos y empleo deben formar parte de una misma lógica de incorporación efectiva.

El informe propone, en este sentido, una agenda concreta: marcos regulatorios más flexibles y alineados con sectores de necesidad estratégica; procesos plenamente digitales, trazables y transparentes; políticas que conecten integración laboral y social; alianzas público-privadas para identificar y acoger talento; y una aproximación que combine eficiencia económica, cohesión social y protección de derechos. No se trata de inventar un modelo desde cero, sino de modernizar uno cuyo peso en la economía española ya es estructural.

Desde EY presentamos este documento con la convicción de que la conversación sobre migración debe elevarse. España necesita abordar esta cuestión desde la evidencia, la planificación y la ambición estratégica. Si la inmigración ha sido ya uno de los motores del crecimiento reciente, reforzar la infraestructura que la articula será decisivo para sostener la productividad, impulsar la innovación, ampliar la base laboral y fortalecer la resiliencia de nuestra economía en la próxima década.

En definitiva, esta publicación invita a mirar la migración con una perspectiva más amplia: no solo como un fenómeno demográfico o social, sino como una pieza esencial del modelo de crecimiento de las economías avanzadas. España parte de una posición favorable, pero el verdadero diferencial estará en la rapidez y la calidad con que sea capaz de adaptar sus capacidades institucionales a esta nueva realidad. Por eso creemos que este informe aporta una reflexión necesaria, rigurosa y muy oportuna. Confiamos en que su lectura contribuya a enriquecer un debate crucial para el futuro del país y animamos a todos los interesados a profundizar en sus conclusiones y propuestas.

Resumen

España ha crecido gracias a la inmigración, que impulsa su economía, pero ahora debe convertir ese crecimiento en productividad. Para lograrlo, necesita mejorar su “infraestructura migratoria” (trámites, integración y coordinación), ya que será clave para atraer talento y mantener su competitividad futura.

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