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El papel estratégico del bombeo hidraúlico en el entorno geopolítico actual



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Urge corregir las desventajas fiscales existentes y aprobar nuevas concesiones

La escalada del conflicto en Oriente Próximo ha desencadenado una nueva tormenta energética global, situando de nuevo a Europa frente a su vulnerabilidad estructural: una elevada dependencia de combustibles fósiles importados. Los ataques cruzados en la región han bloqueado rutas esenciales y ha provocado repuntes abruptos en los precios del petróleo y del gas. Esta tensión geopolítica demuestra hasta qué punto el modelo energético europeo sigue expuesto a factores externos, pese al avance en la reducción de la dependencia mediante el impulso a las energías renovables.

 La importancia del bombeo para el sistema eléctrico y la competitividad: acciones necesarias para fomentar su desarrollo

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En este contexto, la apuesta que España ha hecho por las energías renovables en el Plan Integrado de Energía y Clima a 2030 (PNIEC), no es solo una estrategia climática, sino también una decisión geopolítica. España ha reducido notablemente su consumo de gas para generar electricidad gracias al crecimiento de la generación eólica y la solar, situándose en mejor posición que gran parte de Europa para amortiguar crisis energéticas internacionales. Las renovables son la principal herramienta para disminuir la exposición a mercados volátiles y avanzar hacia una verdadera independencia energética basada en recursos autóctonos.

Ahora bien, un sistema con más renovables necesita más almacenamiento. Cuanta más generación eólica y solar —fuentes limpias, pero no gestionables— mayor es la necesidad de infraestructuras capaces de almacenar energía en momentos de abundancia y devolverla al sistema cuando la generación cae. Con almacenamiento, el país podría operar con energía autóctona las 24 horas del día.

Aquí es donde entra en juego la hibridación con baterías y, sobre todo, el bombeo hidráulico reversible, una tecnología más madura, eficiente y estratégica para proporcionar almacenamiento de larga duración. El bombeo puede almacenar grandes volúmenes de energía durante muchas horas —muy por encima de las baterías convencionales— y aporta estabilidad física, inercia y capacidad de recuperación ante eventos extremos. Mediante esta tecnología, el país puede convertir el exceso de renovables en un recurso útil para garantizar firmeza y continuidad del suministro.

La transformación del sistema energético español, marcada por una electrificación creciente y una penetración acelerada de renovables, implica retos estructurales: vertidos en horas de máxima producción y volatilidad intradiaria de precios, pérdida progresiva de inercia mecánica y una mayor necesidad de firmeza a medida que la demanda se hace más continua y eléctrica. A esta complejidad se suma la retirada progresiva de generación síncrona (asociada de forma relevante a centrales térmicas), lo que incrementa la vulnerabilidad del sistema en situaciones de tensión.

En este escenario, el bombeo hidráulico reversible se sitúa como pilar imprescindible: cuantas más renovables incorpora España, más crítico se vuelve disponer de nuevos bombeos.

El estudio de EY muestra que añadir 4 GW adicionales de bombeo, objetivo previsto en el PNIEC, frente a un escenario en el que ese hueco fuese cubierto por baterías tendría importantes beneficios para el sistema eléctrico, permitiendo almacenar volúmenes significativos de energía renovable que hoy se perderían. En particular, el escenario optimo frente al segundo, supondría un reducción de vertidos adicional de un 60%, una disminución de un 59% de las emisiones y una reducción de las importaciones de gas de un 59%. En otras palabras: el bombeo no solo estabiliza el sistema, sino que multiplica el valor económico, energético y geopolítico de la apuesta renovable española.

Además, el bombeo aporta otras externalidades positivas: genera empleo, impulsa la industria europea gracias a una cadena de valor mayoritariamente localizada en la UE, y mejora la seguridad de suministro por su capacidad de respuesta ante situaciones de estrés y su arranque autónomo en pocos minutos. Su vida útil —hasta cuatro veces superior a la de las baterías— garantiza un retorno sostenido para el sistema eléctrico y para la sociedad.

Sin embargo, su despliegue avanza mucho más lento que el de otras tecnologías de almacenamiento, principalmente por desequilibrios regulatorios, fiscales y de acceso a red. Este retraso compromete la capacidad del país para integrar eficazmente todo el volumen renovable previsto en el PNIEC y para consolidar una autonomía energética sólida.

Por ello, el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico, con muy buen criterio, ha lanzado a consulta mejoras administrativas para las centrales hidráulicas reversibles y el RDL 7/2026 ha incluido algunas cuestiones relevantes en materia de declaración de utilidad pública, hitos y acceso a la red para proyectos estratégicos de bombeo hidráulico.

Sin embargo, convendría incidir en otras iniciativas. En primer lugar, aprobar la orden de mercados de capacidad, en tramitación mucho tiempo, adaptándola a las particularidades del bombeo y garantizando ingresos estables. En segundo lugar, corregir las desventajas fiscales existentes, especialmente a la luz de las medidas adoptadas en Portugal. Y, en tercer lugar, aprobar nuevas concesiones a centrales hidraúlicas que puedan incorporar bombeo, al igual que se hizo en 2023 para repotenciación del bombeo en el RDL 8/2023.

Resumen

La inestabilidad en Oriente Próximo ha disparado los precios energéticos y evidenciado la vulnerabilidad de Europa por su dependencia de combustibles fósiles importados. España, gracias al impulso de las renovables, ha reducido su exposición, pero necesita más almacenamiento para integrarlas de forma segura. El bombeo hidráulico reversible destaca como la solución más eficaz para garantizar firmeza, reducir vertidos y disminuir la dependencia del gas. Incorporar 4 GW adicionales permitiría aprovechar más renovables, bajar emisiones y reforzar la autonomía energética. Sin embargo, su despliegue avanza lento por barreras regulatorias y fiscales. Se requiere avanzar en mercados de capacidad, incentivos, nuevas concesiones y reservas de acceso para acelerar su desarrollo.

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