La aprobación por el Consejo de ministros del nuevo Real Decreto de planes de inversión en redes eléctricas supone un paso decisivo para afrontar los desafíos del sistema eléctrico español en la próxima década. España necesita redes más robustas, digitalizadas y con capacidad suficiente para integrar las energías renovables, conectar nueva demanda industrial y acompañar la electrificación de la economía.
Pero si el impulso a las redes es una condición necesaria para la transición energética, el siguiente gran paso debe ser la aprobación cuanto antes del mercado de capacidad. España se encuentra en un momento decisivo. Las inversiones que definirán el sistema eléctrico de la próxima década se están tomando ahora y resulta imprescindible proporcionar señales regulatorias claras que permitan garantizar la seguridad de suministro durante todo el proceso de transformación.
La reciente autorización de la Comisión Europea ha despejado el camino para poner en marcha este mecanismo. Ahora corresponde acelerar su implantación. No hacerlo supondría retrasar decisiones de inversión esenciales y no garantizar la seguridad de suministro futura en un momento en el que la electrificación de la economía, el crecimiento de la demanda y la oportunidad de las renovables exigen disponer de herramientas que aseguren la disponibilidad futura de capacidad de respaldo.
Ahora bien, tan importante como aprobar el mercado de capacidad es diseñarlo correctamente. Su principal finalidad debe ser preservar el equilibrio del sistema eléctrico y garantizar que las señales económicas reflejen adecuadamente el valor que cada tecnología aporta a la seguridad de suministro. Un diseño inadecuado podría generar incentivos que favoreciesen determinadas tecnologías sin considerar de forma rigurosa su contribución real en los momentos críticos, comprometiendo la resiliencia del sistema a largo plazo.
Esta necesidad se entiende mejor al observar la profunda transformación experimentada por el sector eléctrico español durante los últimos años. La potencia eólica y fotovoltaica instalada se ha multiplicado prácticamente por tres desde 2019, acercando al país a los objetivos de descarbonización fijados en el PNIEC. Este crecimiento constituye un éxito indiscutible de la transición energética y sitúa a España en una posición privilegiada para atraer nuevas inversiones industriales gracias a la disponibilidad de energía limpia y competitiva.
Sin embargo, el éxito renovable trae consigo nuevos desafíos. La cuestión ya no es únicamente cómo seguir integrando generación renovable, sino cómo garantizar que el suministro continúe siendo seguro en todo momento. A medida que aumenta la participación de tecnologías variables, cobra especial relevancia el concepto de firmeza, es decir, la capacidad efectiva de una tecnología para aportar energía cuando el sistema realmente la necesita.
El mercado de capacidad está llamado precisamente a remunerar esa disponibilidad, que resulta especialmente relevante en el ámbito del almacenamiento energético. El PNIEC plantea un desarrollo equilibrado entre almacenamiento de corta duración y almacenamiento de larga duración o estacional. Sin embargo, la evolución que está experimentando el mercado muestra una clara concentración de inversiones en baterías, mientras que el desarrollo del bombeo hidráulico avanza a un ritmo mucho menor, lo que podría explicarse por el hecho de que las baterías están recibiendo ayudas muy por encima del almacenamiento hidráulico por bombeo.
Las baterías desempeñarán un papel fundamental en el sistema eléctrico del futuro, dada su rapidez de respuesta, pero su aportación efectiva depende de aspectos como la duración de descarga, el estado de carga disponible o las condiciones de operación previas. Por el contrario, el bombeo hidráulico aporta capacidad de almacenamiento durante periodos mucho más prolongados y resulta especialmente valioso para afrontar episodios extensos de baja producción renovable. Del mismo modo, los ciclos combinados continúan desempeñando una función esencial como respaldo mientras no existan alternativas de larga duración desplegadas a gran escala.
Por ello, el diseño del mercado de capacidad debe reconocer adecuadamente las diferencias entre tecnologías. La neutralidad tecnológica no consiste en tratar igual a todas ellas, sino en valorar correctamente la contribución que realizan a la seguridad de suministro. Por ello, los factores de firmeza utilizados en las subastas deberán reflejar rigurosamente la capacidad efectiva de cada tecnología para responder en los momentos críticos y adaptarse a la evolución futura del mix energético.
Igualmente importante será evitar que posibles asimetrías regulatorias o diferencias en las ayudas públicas recibidas por las distintas tecnologías distorsionen las señales económicas del mecanismo. El objetivo debe ser que las inversiones se orienten hacia las soluciones que realmente necesita el sistema y no hacia aquellas que puedan resultar artificialmente favorecidas por elementos ajenos a su aportación efectiva.
La transición energética exige además preservar la capacidad firme existente durante el periodo de transformación. Los ciclos combinados seguirán siendo necesarios durante los próximos años para garantizar la cobertura de la demanda en situaciones adversas. Asimismo, la generación nuclear continúa aportando estabilidad, firmeza y producción libre de emisiones. Sustituir prematuramente estas tecnologías sin disponer de alternativas equivalentes podría incrementar los riesgos operativos y encarecer innecesariamente el proceso de transición.
Por último, el debate tiene también una dimensión industrial y geoestratégica. El bombeo hidráulico cuenta con una sólida cadena de valor europea, genera empleo local y contribuye a reforzar la autonomía estratégica del continente en un contexto internacional marcado por la creciente competencia por las tecnologías energéticas críticas.
La reciente aprobación del marco de inversiones en redes demuestra que España está avanzando en la dirección correcta. Ahora es necesario completar ese esfuerzo con la puesta en marcha urgente de un mercado de capacidad que preserve la firmeza y garantice la resiliencia del sistema eléctrico español a medio plazo.
Publicado en El Economista