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Irán, Ormuz y la nueva seguridad industrial valenciana

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Artículo escrito por Isabel González, socia responsable de Seguridad y Defensa en Sector Público de EY; y Manuel Márquez, socio responsable de Consulting para el Sector Público de EY

La empresa que no mida su exposición geopolítica estará gestionando a ciegas y la administración que no integre seguridad económica en su política industrial llegará tarde

La guerra de Irán ha recordado a Europa una verdad incómoda: la seguridad ya no es solo una cuestión militar o diplomática, es también energía, logística, tecnología e industrial.

Para la Comunitat Valenciana, el impacto directo del conflicto puede parecer limitado si se mide únicamente por las exportaciones a Irán. Sin embargo, el verdadero riesgo no está en cuánto vende una empresa valenciana a Teherán, sino en cuánto depende nuestra industria del buen funcionamiento de Ormuz, Suez, el Mediterráneo oriental, los mercados energéticos y las cadenas globales de suministro.

La Comunitat Valenciana debe abordar este conflicto no como una crisis coyuntural, sino como una señal estructural. La geopolítica se ha convertido en un factor de coste, de competitividad y de supervivencia empresarial. La empresa que no mida su exposición geopolítica estará gestionando a ciegas y la administración que no integre seguridad económica en su política industrial llegará tarde.

La industria valenciana tampoco es inmune a estos shocks. De manera particular cabe poner el foco en la cerámica, que depende de precios energéticos competitivos y de suministros estables; la química y los plásticos expuestos al petróleo, el gas, el transporte marítimo y el tipo de cambio; la automoción, dependiente de componentes, acero, electrónica, caucho y una logística precisa; y el agroalimentario, dependiente de fertilizantes, envases, energía y rutas comerciales.

El conflicto con Irán obliga a prepararse para una volatilidad prolongada: energía más cara, primas de seguro más altas, desvíos marítimos, restricciones aéreas, revisión de contratos y tensiones en la financiación comercial. Todo ello reduce márgenes y penaliza especialmente a las pymes industriales.

Por eso, el primer precursor de acción corresponde a las empresas. Cada compañía valenciana con exposición internacional debería construir un mapa de vulnerabilidad de su cadena de suministro: proveedores críticos, rutas logísticas, materias primas sensibles y dependencia energética. No basta con conocer al proveedor directo; hay que entender el segundo y tercer nivel de la cadena.

El segundo precursor es estratégico y depende de un enfoque coordinado entre empresas y administración, lo cual permitiría convertir la incertidumbre en oportunidad. La Comunitat Valenciana dispone de capacidades industriales, tecnológicas y logísticas que pueden integrarse en cadenas de valor de seguridad, defensa y tecnologías duales. Ámbitos como los materiales avanzados, la cerámica técnica, la automoción, la electrónica, la inteligencia artificial, la ciberseguridad, los drones, la energía o la protección de infraestructuras críticas son sectores donde el tejido valenciano puede aportar soluciones. Pero para hacerlo necesita escala, certificaciones, acceso a programas e interlocución con el sector público. El reto no es inventar un sector desde cero, sino conectar capacidades ya existentes con los programas que están marcando el ritmo real de la demanda.

En este sentido, la vía prioritaria y de mayor concreción son los Programas Especiales de Modernización (PEM) del Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y la Defensa, que movilizarán cerca de 34.000 millones de euros hasta 2037 y constituyen la principal vía de acceso a la cadena de suministro española. A ello deben sumarse instrumentos de I+D y desarrollo tecnológico -como EDF, EDIP, SAFE, Horizonte Europa, Digital Europe o la ETID 2026-, orientados a madurar tecnología y reforzar la competitividad empresarial.

La Generalitat Valenciana tiene una oportunidad decisiva. El primer Plan Estratégico de Seguridad y Defensa de la administración autonómica no debería limitarse a ser un inventario de empresas o una declaración de intenciones, debe ser una política industrial de nueva generación.

La Generalitat debería articular cinco instrumentos concretos. Primero, un mapa vivo de capacidades industriales y tecnológicas. Segundo, una oficina de programas y consorcios que ayude a las empresas valencianas a entrar en convocatorias nacionales y europeas, especialmente en defensa, espacio, ciberseguridad, protección civil y tecnologías duales. Tercero, un observatorio de riesgos geopolíticos. Cuarto, instrumentos de financiación para la resiliencia industrial. Quinto, una estrategia de posicionamiento apoyada en iniciativas como APOLO, Hub Defensa, Espai Aero o REDIT Defensa, con presencia coordinada en espacios como FEINDEF.

La clave será evitar dos errores. El primero, pensar que la defensa es un sector aislado de la economía civil, cuando esa frontera es cada vez más difusa. El segundo, confundir oportunidad con improvisación. Para competir en programas europeos no basta con tener buenas empresas; hace falta estrategia, y capacidad de ejecución.

La guerra de Irán debe servir como advertencia y como catalizador. Muestra cómo una crisis lejana puede encarecer la energía, tensionar los puertos y erosionar los márgenes industriales, al tiempo que acelera una agenda de seguridad económica, autonomía industrial y participación en la nueva arquitectura europea de defensa.

Valencia consolidarse como un nodo industrial mediterráneo de resiliencia, tecnología y seguridad. Para ello, empresas y Generalitat deben actuar ahora, con método y ambición. La Comunitat Valenciana cuenta con activos relevantes, pero necesita ordenar el ecosistema, reducir la fragmentación y convertirlo en una auténtica hoja de ruta industrial.

Publicado en El Economista

Resumen

La guerra de Irán evidencia que la geopolítica afecta directamente a la competitividad empresarial. Para la Comunitat Valenciana, el riesgo no está en Irán, sino en la dependencia de la energía, la logística y las cadenas de suministro globales. El artículo apuesta por reforzar la resiliencia industrial y aprovechar las oportunidades que surgen en los sectores de seguridad, defensa e innovación.

 

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