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Europa ante un nuevo impulso farmacéutico: cómo recuperar competitividad en una carrera global que se acelera

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Las rondas en la UE son más pequeñas, tardan más en cerrarse y muchos proyectos quedan infrafinanciados cuando deberían escalar

Mientras un laboratorio en Boston levanta 300 millones en cuestión de semanas para desarrollar una nueva terapia genética, una biotecnológica europea puede tardar años en cerrar una ronda similar. No es solo una cuestión empresarial: es la diferencia entre acceder antes o después a un tratamiento innovador, o depender de terceros en la próxima crisis sanitaria.

Europa sigue siendo un motor científico de referencia, con universidades de prestigio, centros clínicos punteros y una industria farmacéutica históricamente sólida. Sin embargo, en las dos últimas décadas su posición relativa se ha debilitado en un contexto global cada vez más competitivo. La brecha con Estados Unidos se ha ampliado de forma clara, mientras China acelera su inversión e India ha consolidado su papel como gran proveedor mundial de genéricos. Europa no retrocede: son los demás quienes avanzan más rápido.

Los datos lo confirman. Según EFPIA, Europa concentra alrededor del 30 % de la inversión mundial en I+D farmacéutica, frente a más del 50 % en Estados Unidos. China ya representa entre el 8 % y el 11 % del gasto global, mientras India refuerza su liderazgo industrial. El resultado es una pérdida de peso relativo en un tablero donde todos los demás aceleran.

Las causas son conocidas y se refuerzan entre sí: dificultades de acceso a financiación en un mercado poco tolerante al riesgo, una estructura regulatoria compleja, una cadena de suministro fragmentada y una menor determinación geopolítica. Mientras EE. UU. combina más del 3 % de su PIB en I+D, un ecosistema financiero capaz de movilizar miles de millones en semanas y una estrategia industrial explícita, la UE se mantiene en torno al 2,2 % del PIB y con mercados de capitales fragmentados. No es solo una cuestión de talento, sino de ambición estructural. Y el punto de partida es la financiación.

El mercado financiero europeo es menos dinámico que el estadounidense. Las rondas son más pequeñas, tardan más en cerrarse y muchos proyectos quedan infrafinanciados justo cuando deberían escalar. Esto frena la aparición de campeones europeos, ralentiza la transferencia tecnológica y empuja a muchas innovaciones a emigrar hacia mercados más favorables.

A ello se suma la dependencia industrial. Durante años, Europa externalizó la producción de principios activos. La pandemia evidenció esta fragilidad: más del 60 % de los principios activos utilizados en Europa se producen fuera del continente, en gran parte en China e India. Aunque la UE ha reaccionado con iniciativas de reindustrialización, reconstruir capacidad exige tiempo, inversión y una estrategia sostenida.

Además de todo lo mencionado, hay que tener en cuenta la complejidad regulatoria. La EMA, la Agencia Europea del Medicamento, garantiza rigor científico, pero tras la autorización —que suele requerir más tiempo que la de la FDA, el regulador estadounidense— el proceso se fragmenta en 27 sistemas de precios y reembolsos. Incluso cuando Europa aprueba, el acceso real se retrasa. En España, los pacientes esperan entre 500 y 650 días desde la autorización europea hasta la financiación pública. Esta lentitud desincentiva lanzamientos y reduce el atractivo del mercado europeo frente a EE. UU.

Sobre esta base actúa la geopolítica. Estados Unidos refuerza activamente su industria farmacéutica con un enfoque ejecutivo orientado a defender sus intereses, mientras China invierte con una estrategia clara de largo plazo. La activación en EE.UU. de propuestas como el Most‑Favored‑Nation añade presión adicional: precios bajos en Europa pueden traducirse en recortes en Medicare, incentivando a las compañías a retrasar lanzamientos o subir precios en Europa, o incluso priorizar otros mercados.

Europa conserva una ventaja clave: ciencia de primer nivel, talento, industria y un mercado de 450 millones de personas. El reto no es generar conocimiento, sino transformarlo en innovación que llegue al paciente. Para ello, debe acelerar el acceso a financiación, reconstruir capacidades industriales estratégicas y armonizar los procesos de acceso. En la carrera farmacéutica global, la diferencia no la marca quién investiga mejor, sino quién convierte antes la ciencia en impacto real.

Publicado en El Periódico de Catalunya

Resumen

Europa mantiene una ciencia de primer nivel, pero pierde competitividad frente a EE. UU. y China por falta de financiación, regulación compleja y dependencia industrial. Las rondas europeas son más lentas y pequeñas, lo que frena la innovación y provoca fuga de proyectos. La producción de principios activos está externalizada y el acceso a nuevos fármacos es muy lento. Mientras otros países impulsan estrategias industriales claras, Europa avanza más despacio. El reto es transformar su excelente ciencia en innovación que llegue antes al paciente.

 

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