Aunque la gestión del riesgo climático está más avanzada, la agenda de naturaleza avanza con rapidez. Empresas e inversores reconocen que no incorporar plenamente estos riesgos puede derivar en valoraciones incorrectas, asignación ineficiente de capital y pérdida de resiliencia. Integrar la naturaleza en la gestión corporativa del riesgo y en la planificación estratégica no solo mitiga impactos, sino que fortalece la sostenibilidad y la capacidad de generación de valor a largo plazo.
El entorno regulatorio respalda esta evolución. En 2025, la Fundación IFRS y el TNFD firmaron un memorando de entendimiento para integrar las recomendaciones del TNFD en el trabajo del ISSB, con el objetivo de facilitar divulgaciones financieras relacionadas con la naturaleza utilizables en los mercados de capitales. Posteriormente, el ISSB anunció que desarrollará nuevos requisitos de reporte sobre biodiversidad, ecosistemas y servicios ecosistémicos no cubiertos aún por IFRS S1 e IFRS S2, utilizando el enfoque LEAP (Localizar, Evaluar, Analizar y Preparar), con un Borrador de Exposición previsto antes de la COP17 del Convenio sobre la Diversidad Biológica en 2026. Las recomendaciones del TNFD ya muestran interoperabilidad con marcos como los ESRS de la CSRD —incluido el estándar E4 sobre biodiversidad y ecosistemas—, además de GRI, CDP y SBTN. Paralelamente, el Nature Measurement Protocol avanza como referencia global para medir la naturaleza, equivalente al GHG Protocol en el ámbito climático. La transparencia y la calidad de la información sobre naturaleza adquieren así una dimensión financiera estratégica.
En este contexto, el Barómetro de EY ofrece la primera evaluación global y sistemática sobre cómo las empresas integran la naturaleza en su estrategia, gobernanza, métricas y gestión de riesgos. El estudio analiza 435 compañías —15 españolas— que representan más de 50 billones de dólares en capitalización bursátil en Américas, EMEIA y Asia-Pacífico. La evaluación revisa informes corporativos anuales, divulgaciones de sostenibilidad e informes CDP, aplicando criterios alineados con los cuatro pilares del TNFD: Gobernanza, Estrategia, Gestión de riesgos e impactos, y Métricas y objetivos, y examinando las 14 recomendaciones bajo dos dimensiones: cobertura y alineación (calidad).
Los resultados evidencian una brecha significativa entre reconocimiento y acción. El 93 % de las empresas hace referencia a la naturaleza en sus informes públicos, lo que confirma su relevancia para los grupos de interés. Sin embargo, solo el 26 % está alineado con las recomendaciones del TNFD. Apenas el 13 %publica un informe o índice TNFD independiente y menos del 3 % ha establecido objetivos hacia una transición positiva para la naturaleza.
El análisis sectorial muestra heterogeneidad. Alimentos y Bebidas/Agricultura presenta la mayor cobertura (98 %) y reconoce dependencias críticas de suelo, agua y biodiversidad, aunque solo alcanza un 28 % de alineación. Bienes de consumo/ Retail combina alta cobertura (97 %) con el mejor desempeño en calidad (33 %), pese a los desafíos de trazabilidad en cadenas complejas. Transformación de Recursos/Energía e Manufactura Industrial registra solo un 26 % de alineación; Extracción y Procesamiento de Minerales alcanza 32 %, impulsado por mayor presión regulatoria. Tecnología y Comunicaciones (21 %) y Servicios Financieros (23 %) muestran rezagos pese a sus dependencias significativas. Transporte (20 %), Infraestructura (27 %), Servicios/ Hospitality (19 %) y Salud (23 %).
De forma transversal, Gobernanza es el pilar más desarrollado (31 %), reflejando avances en supervisión y estructuras formales. En contraste, Métricas y Objetivos (22 %) continúa siendo el más débil, evidenciando carencias en datos fiables, metodologías estandarizadas y metas verificables.
El mensaje final es claro: estructurar y sistematizar datos sobre naturaleza con metas verificables, integrar riesgos y oportunidades en la gestión empresarial y anticipar el impulso regulatorio será determinante. La transición exige acción coordinada entre empresas, sector financiero, reguladores y sociedad civil. Integrar la naturaleza en la estrategia empresarial ya no es opcional: es un imperativo competitivo, financiero y sistémico para fortalecer la resiliencia y asegurar la competitividad futura.