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¿Qué futuro sostenible está construyendo el sector de las infraestructuras con las decisiones de hoy?

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El sector de las infraestructuras, que en España afecta a unas 139.000 empresas y muy atomizadas, se enfrenta a una transformación crítica en sostenibilidad y resiliencia.

El sector de las infraestructuras se encuentra en un momento decisivo. Las decisiones que se toman hoy en materia de inversión, materiales, diseño de proyectos y gestión de riesgos no solo determinan el desempeño ambiental de los activos, sino que condicionan de forma directa su rentabilidad futura, su resiliencia operativa y su viabilidad a largo plazo.

A escala global, el sector de los edificios y la construcción es responsable de alrededor del 37 % de las emisiones globales de CO₂ relacionadas con la energía y los procesos, y consume aproximadamente el 34 % de la energía final mundial. Además, las emisiones del sector no han disminuido de forma estructural en los últimos años, situándose en 2022 por encima de los niveles de 2015, lo que evidencia la dificultad de desacoplar crecimiento e impacto ambiental.[1]

A este desafío se suma un riesgo económico creciente vinculado a los impactos físicos del cambio climático sobre los activos. Los riesgos climáticos podrían generar entre 560.000 y 610.000 millones de dólares anuales en pérdidas de activos físicos a nivel global ya en 2035.[2], cifra que podría superar el billón de dólares anuales hacia 2055 en ausencia de estrategias de adaptación y resiliencia.

En este sentido, las empresas con planes para abordar el impacto financiero del cambio climático mediante medidas de mitigación y adaptación esperan que el coste de la acción sea de media del 8% de sus ingresos. En cambio, el coste medio de la inacción podría ser un 15% de sus ingresos.[3], según el Barómetro Global de Acción Climática 2025 de EY.

Así que, hablar de sostenibilidad en el sector de las infraestructuras ya no va solo de reducir emisiones o cumplir con nuevas exigencias regulatorias. Va, sobre todo, de diseñar activos mejor preparados para operar en entornos crecientemente volátiles e inciertos.

¿Qué significa realmente generar impacto tangible en el sector de las infraestructuras?

Cuando en EY hablamos de impacto tangible, nos referimos a resultados concretos y medibles de la sostenibilidad sobre el negocio y su entorno, que se articula en una triada que incorpora esos elementos necesarios para Mejorar el rendimiento financiero; Minimizar riesgos y reforzar la resiliencia; Generar un impacto positivo sobre el medio ambiente y las comunidades locales en los entornos donde operan las compañías; y reducir en lo máximo el impacto negativo.

Este enfoque permite integrar el cambio climático y la naturaleza no como conceptos aislados, sino como palancas estructurales estratégicas que influyen directamente en la rentabilidad, la continuidad del negocio y la competitividad del sector a largo plazo. En este sentido, el carbon pricing, la diligencia debida climática para reducir portafolios de activos intensivos en carbono, la monetización de los riesgos climáticos durante toda la vida de los activos, son algunos de los elementos que importantes empresas del sector utilizan para avanzar hacia la tangibilidad de la sostenibilidad.

¿Cómo es el contexto actual del sector de las infraestructuras en España?

El sector de las infraestructuras en España se caracteriza por una elevada heterogeneidad de actividades y una cadena de valor amplia y compleja, en la que conviven promotores, constructoras, ingenierías, fabricantes de materiales, operadores y administraciones públicas. Este ecosistema está formado por cerca de 139.000 empresas y presenta un alto grado de atomización: más del 95 % de las compañías cuenta con menos de diez trabajadores, mientras que las grandes empresas representan una proporción muy reducida del total.

Esta estructura fragmentada condiciona la capacidad del sector para abordar de forma homogénea sus principales retos estratégicos y ambientales. Al mismo tiempo, explica parte de las asimetrías existentes entre grandes empresas y pymes, especialmente en términos de acceso a financiación, capacidad de inversión, innovación e integración de la sostenibilidad en la estrategia empresarial.

A este contexto estructural se suman factores de presión adicionales, como el incremento acumulado de los precios de los materiales —en torno a un 30 % respecto a 2019—, los efectos persistentes de la crisis financiera de 2008 y la necesidad de realizar fuertes inversiones para escalar soluciones en el conjunto del sector..[4]

¿Cuáles son hoy los principales retos ambientales y estratégicos del sector?

En este escenario, el sector de las infraestructuras se enfrenta a una serie de retos clave que tienen implicaciones directas sobre su competitividad y su capacidad de generar impacto tangible:

  • Optimización en el uso de materias primas, en un entorno de creciente presión sobre los recursos naturales y de volatilidad en los mercados de materiales.
  • Descarbonización, con un foco especialmente relevante en el alcance 3, dada la importancia de proveedores, materiales y transporte en la huella total del sector.
  • Avance hacia modelos de circularidad, orientados a la reducción de residuos, el uso eficiente de materiales y la incorporación de productos reciclados y certificados.

Paralelamente, la preocupación por los riesgos derivados del cambio climático es cada vez mayor. En un sector altamente expuesto a riesgos físicos y de transición, la incorporación de métricas de sostenibilidad empieza a consolidarse como un factor clave no solo para el cumplimiento, sino para la toma de decisiones estratégicas y la continuidad del negocio.

¿Qué palancas permiten transformar estos retos en oportunidades reales?

En este contexto, la innovación emerge como una palanca fundamental para el desarrollo y la resiliencia estratégica del sector de las infraestructuras. La adopción de soluciones ya maduras y disponibles en el mercado —como la circularidad de materiales, el uso de productos reciclados y certificados o el asfalto reciclado— está permitiendo avanzar hacia modelos más eficientes y sostenibles, impulsados en gran medida por exigencias cada vez más ambiciosas por parte de clientes e inversores.

Junto a la innovación, el papel de la Administración resulta determinante. Un marco regulatorio más claro y predecible puede incentivar la reducción de emisiones a lo largo de la cadena de valor y reducir la incertidumbre en la inversión. Al mismo tiempo, la compra pública, que representa aproximadamente el 25 % de la inversión del sector en España, constituye una palanca clave para acelerar la integración de criterios de sostenibilidad y circularidad en el mercado.

Finalmente, la coordinación y la anticipación entre empresas, proveedores y organismos públicos se consolidan como condiciones necesarias para escalar soluciones, reducir costes de transición y avanzar de forma efectiva hacia un modelo de impacto tangible en el conjunto del sector.

¿Cómo hacerlo?

Como toda estrategia, el sector tendrá que seguir unos pasos que permitan avanzar hacia la senda de generar un impacto tangible en el medio y largo plazo Para ello en EY proponemos una hoja de ruta que podría articularse en torno a estas tres fases.

  • Pensar y decidir, donde se incluye todas las actividades que contribuyen al mejor entendimiento de los riesgos y los impactos, pero también de las oportunidades, para poder definir las estrategias (p.ej. análisis de doble materialidad)
  • Transformar, donde se ponen en acción las estrategias y herramientas necesarias para acelerar la transición (p.ej. planes de transición climática)
  • Convencer, donde se incluyen todas esas actividades que permiten construir confianza con los grupos de interés (p.ej. objetivos y sendas de descarbonización validados por organismos independientes).



Resumen

El sector de las infraestructuras, que en España afecta a unas 139.000 empresas y muy atomizadas, se enfrenta a una transformación crítica en sostenibilidad y resiliencia. Los edificios y la construcción generan el 37 % de las emisiones globales de CO₂ vinculadas a la energía y consumen el 34 % de la energía final mundial, mientras que los riesgos climáticos podrían provocar pérdidas de hasta 610.000 millones de dólares anuales en 2035. Frente a ello, en EY planteamos el concepto de “impacto tangible”, basado en mejorar resultados financieros, reducir riesgos y generar efectos positivos en el entorno.

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