Urge un mayor liderazgo y una posición cohesionada de la UE
Según estudios económicos publicados en el año 2025, el PIB del País Vasco se estima en 87.857 millones de euros, que representan el 5,9% del PIB nacional. Sin embargo, el volumen de exportaciones vascas supuso en 2024 el 8,1% de las exportaciones españolas, equivalente a 30.963 millones de euros. El contraste entre estos dos porcentajes anticipa ya la mayor exposición de la industria vasca - que ha sido y es uno de los motores más sólidos de la economía española- al riesgo geopolítico.
A nadie se le escapa que este tipo de riesgo -o más bien, la forma de mitigarlo- se ha convertido en los últimos años en una de las principales preocupaciones de nuestras empresas, no sólo por su incuestionable impacto sobre las cadenas de producción y los modelos de negocio, sino también, y muy especialmente, por su difícil predictibilidad (los recientes conflictos bélicos de Irán, Ucrania, o resto de Oriente Medio, son un claro exponente de ello), lo que, frente a otro tipo de riesgos, dificulta enormemente su gestión y mitigación.
Todas las compañías que operan en los distintos sectores económicos se enfrentan hoy a nuevos riesgos que les eran desconocidos hace tan sólo unas décadas, como, por ejemplo, las amenazas en materia de ciberseguridad, las tensiones en los mercados financieros o el cambio regulatorio, por lo que para la salvaguarda de su competitividad resulta esencial la adopción de protocolos, tanto internos como con terceros, y de sistemas que en la medida de lo posible prevengan estos impactos, ayuden a identificarlos con agilidad tan pronto se produzcan y, en último término, mitiguen los costes asociados a ellos.
Pero a diferencia de los anteriores, recientemente hemos podido constatar -no sin cierto rigor y dureza- que el riesgo geopolítico resulta impredecible, no sólo en lo que se refiere a sus causas, sino también, en cuanto al momento en que se produce el impacto, y lo que resulta incluso más complejo, en lo que atañe a sus efectos directos y derivados, multiplicados exponencialmente por efecto de la globalización y la interconexión de las economías mundiales.
Mencionábamos al inicio la importancia de la exportación vasca en la economía española. Con una presencia muy significativa de los sectores que históricamente han dominado nuestra industria, esto es, la automoción, la maquinaria industrial y el material de transporte, lo que supone una alta vulnerabilidad a los conflictos internacionales y a las tensiones comerciales.
Por otra parte, en nuestro tejido industrial han ido ganando peso en los últimos años nuevos sectores estratégicos, como son el de las tecnologías digitales o el de la biotecnología, ambos muy dependientes de materias primas importadas, y, por ende, también altamente expuestos al riesgo geopolítico.
Si bien es imposible listar de forma exhaustiva cuáles son los riesgos geopolíticos a los que se va a tener que enfrentar la industria vasca en el corto y medio plazo, sí creemos que una reflexión sobre los más relevantes en la actualidad nos permite extraer algunas acciones y medidas de mitigación.
El primero -así lo destacaba en enero de 2025 el Foro Económico Mundial- son los conflictos armados entre países -Irán, Ucrania, resto de Oriente Medio, las tensiones regionales en el Indo-Pacífico-. Este tipo de riesgo provoca disrupciones en las cadenas de suministro de materiales clave, como los semiconductores o la tecnología, y también, como hemos podido comprobar con particular dureza en nuestra región en la que tan relevante es la industria electro intensiva, crea una enorme volatilidad en el coste de la energía.
Mayor diversificación de proveedores y una apuesta por la autonomía energética y suscripción de contratos de energía a largo plazo (PPAs) son, sin lugar a duda, lecciones aprendidas de los eventos recientes que las empresas deben aplicar para conseguir una mayor resiliencia operativa.
Un segundo riesgo que está impactando muy notablemente en la competitividad de nuestro sector industrial es el derivado de la rivalidad entre China y EEUU, que se ha traducido en una guerra comercial caracterizada por la aplicación de medidas proteccionistas y políticas arancelarias profundamente inestables. En este ámbito, creemos que es imprescindible que nuestras empresas lleven a cabo una planificación fiscal internacional que les permita adaptarse a este entorno regulatorio en constante cambio, para lo cual resulta absolutamente imprescindible, como paso previo, incorporar a su operativa la madurez tecnológica y el análisis del dato.
En tercer lugar, destacaríamos el riesgo derivado de la deslocalización, o, lo que es lo mismo, la excesiva dependencia de procesos industriales críticos que se desarrollan en países muy lejanos, y que se vieron muy afectados por eventos como la pandemia. Urge, a nuestro juicio, un análisis serio sobre la necesidad de relocalizar ciertos procesos esencial como salvaguarda de la resiliencia de nuestro tejido productivo.
Estos son algunos mecanismos que nuestras empresas pueden poner en práctica para mitigar el riesgo geopolítico; ahora bien, permítasenos una última reflexión que quizá excede del objeto de este artículo pero que es a nuestro juicio esencial para proteger la competitividad no sólo de la industria vasca, sino de la economía española y de la Unión: en un mundo globalizado y muy impactado por la tensión entre USA y China, urge un mayor liderazgo de la Unión Europea y una posición cohesionada de ésta en materias tan relevantes como la política arancelaria, el riesgo medioambiental o el uso de las nuevas tecnologías. Esta posición común es el mejor mecanismo de protección de nuestras empresas frente a los riesgos a los que se enfrentan y van a tener que enfrentarse.
Artículo publicado en El Correo