Este informe sostiene que, en un entorno de disrupción tecnológica, incertidumbre geopolítica y presión regulatoria, la confianza debe gestionarse como un activo estratégico y no como un resultado pasivo. Las organizaciones que integran la confianza en su gobernanza, liderazgo, uso de tecnología y relación con stakeholders muestran mayor resiliencia y capacidad de adaptación. El estudio subraya que la transparencia, la coherencia en la toma de decisiones y la rendición de cuentas son claves para sostener el crecimiento a largo plazo. También destaca que la confianza impacta directamente en la reputación, la innovación y el acceso a capital
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