La ESMA (European Securities and Markets Authority), ha definido para 2025 dos prioridades principales en materia de reporte corporativo de sostenibilidad:
1. Evaluación de materialidad: Las empresas deben ir más allá de la información genérica (boilerplate) y explicar cómo adaptan los criterios de materialidad a sus propios procesos, detallando fuentes de datos, alcance, umbrales y cómo integran las opiniones de los grupos de interés. Deben también revelar los impactos “brutos” (antes de aplicar medidas de mitigación) y vincular los temas materiales de impacto, riesgo y oportunidad (IROs) con su estrategia, políticas, acciones y objetivos, mapeándolos frente a los ESRS para asegurar una descripción completa (horizonte temporal, origen, interdependencias).
2. Alcance y estructura del estado de sostenibilidad: Se exige coherencia entre los perímetros financiero y de sostenibilidad, cubriendo los IROs materiales a lo largo de toda la cadena de valor y siendo transparentes sobre cualquier limitación de alcance. Las revelaciones deben estructurarse en cuatro bloques (transversales, medioambientales, sociales y de gobernanza), con referencias internas claras, evitando dispersar la información, y deben conectarse con los estados financieros y el resto del informe corporativo para asegurar coherencia y comparabilidad.
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