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De compras a tesorería: por qué la energía exige un marco de gestión de riesgo financiero 


La electricidad ya no es una simple partida de compras: se ha convertido en un riesgo financiero con impacto directo en márgenes y resultados

La electricidad dejó de ser una partida de coste con precio estable y se ha convertido en una exposición financiera con volatilidad, instrumentos derivados e impacto directo en resultados. La mayoría de organizaciones industriales todavía la gestiona con las herramientas de hace veinte años o no la consideran relevante para sus finanzas.

La paradoja española

España cerró el primer semestre de 2026 con un precio mayorista medio de 49,83 €/MWh. Si el mercado nos da uno de los precios más competitivo de Europa, ¿por qué no llega a nuestra cuenta de resultados?

De un lado, los servicios de ajuste del sistema que en España soportan los consumidores y que en Francia y Alemania no se computan del mismo modo, añaden más de 20 €/MWh a la factura industrial española. A ello se suma un menor nivel de compensación por CO₂ indirecto, limitado por disponibilidad presupuestaria. A pesar de todo, la industria española se sitúa unos 21 €/MWh por debajo de la alemana.

Pero la otra parte de la respuesta sí depende de la empresa. Y es la parte de la que casi nadie habla, porque obliga a admitir algo incómodo: que la organización está gestionando una exposición financiera con un modelo operativo diseñado para gestionar una compra.

El precio medio ya no existe

Durante décadas, gestionar la energía consistió en negociar bien un contrato anual. El precio era razonablemente estable, el perfil de consumo era irrelevante y el presupuesto se construía sobre una media que se cumplía con desviaciones tolerables.

El mercado español de 2026 no tiene un precio; tiene veinticuatro al día, y desde este año, noventa y seis, con la casación en intervalos de quince minutos. En las horas centrales, el excedente solar hunde el precio a 2-3 €/MWh o directamente a cero o negativo, mientras que a partir de las 20:00 la desaparición del sol y la entrada del ciclo combinado lo elevan a 70-80 €/MWh, con puntas recurrentes por encima de 100 €/MWh. En 2025 se registraron 798 horas con precio igual o inferior a 0 €/MWh, y la tendencia en 2026 se ha acentuado.

La consecuencia analítica es la que importa: El precio relevante para una compañía no es el del mercado, es el de su perfil. Dos empresas con idéntico consumo anual, en idéntico mercado y con idéntico contrato pueden pagar precios efectivos radicalmente distintos según cuándo consumen. La media aritmética que aparece en el presupuesto es una construcción estadística que ya no describe la realidad económica de nadie.

Cualquier tesorero reconocerá el patrón de inmediato. Es exactamente lo que ocurre con el riesgo de divisa: el tipo de cambio medio del año no le dice nada útil a una compañía cuyos cobros se concentran en un trimestre concreto. Lo que importa es la exposición, su distribución temporal y su varianza.

Los tres modos de no capturar la ventaja

La observación de mercado permite identificar tres patrones recurrentes. Los tres son racionales desde la lógica de compras, aunque deficientes desde la lógica de riesgo financiero

  1. La tarifa fija. La compañía contrata un precio cerrado y se olvida del asunto. A cambio, paga al comercializador una prima por absorber una volatilidad que no quiere mirar. Es una decisión legítima, comprar certidumbre tiene un precio, pero rara vez se toma como lo que es: una decisión de cobertura al 100%, sin análisis de coste-beneficio, sin banda objetivo y sin comparación con alternativas. Nadie cubriría el 100% de una exposición en divisa a tres años sin justificarlo ante un comité. En cambio, en energía se hace todos los días.
  2. El indexado sin gestión. La compañía asume el precio de mercado hora a hora, lo cual es defendible, pero no mide la exposición resultante, no fija límites y no dispone de instrumentos para acotarla. La volatilidad entra directa al P&L. Cuando el resultado se desvía, se explica ex post como «efecto energía», que es otra forma de decir que nadie lo estaba gestionando.
  3. El basis risk de quien ha firmado un VPPA. La liquidación se referencia a un precio, normalmente el pool medio o el precio de captura del activo, y la factura se paga a otro, el perfil horario real del consumidor. Cuando el factor de captura solar se desploma y el consumo de la planta se concentra en la tarde, la cobertura contable puede existir, pero la cobertura económica se evapora. La compañía tiene un contrato de cobertura y sigue expuesta.

Esto no es un problema de la dirección o departamento de compras

El argumento de fondo es sencillo de enunciar y difícil de asumir: la energía cumple hoy todos los criterios materiales de un riesgo financiero.

Tiene volatilidad, y de una magnitud que no admite comparación con ninguna otra partida de coste. Tiene instrumentos de mercado líquidos para gestionarla: futuros OMIP, PPA físicos y virtuales, coberturas de perfil, contratos de tolling. Tiene impacto material en cuenta de resultados y, cada vez más, en balance. Y tiene, sobre todo, una característica que la distingue del resto de compras: la exposición existe, aunque no se firme nada. No decidir es una posición abierta.

La analogía histórica es exacta. Hace veinte años, el riesgo de divisa se gestionaba en muchas compañías desde el departamento comercial o desde compras: se negociaba el tipo con el banco al cerrar la operación y se seguía adelante. El proceso de institucionalización: mapa de riesgo, política de riesgos aprobada por el consejo, medición sistemática de la exposición, límites, comité, instrumentos, hedge accounting y reporting se convirtió esa gestión artesanal en una función de tesorería con gobierno propio.

La energía está a mitad de ese mismo viaje. El mercado ya se comporta como un mercado financiero. Los instrumentos ya son instrumentos financieros. La contabilidad ya los trata como tales. Lo único que no se ha movido es el cómo se gestiona la energía en muchas entidades.

Qué significa, en la práctica, gestionar la energía como riesgo financiero

Trasladar la energía al marco de tesorería no es un ejercicio conceptual. Tiene un contenido operativo concreto, y es el mismo contenido que cualquier compañía con una función de riesgos madura aplica ya a la divisa o al tipo de interés.

  1. Medir la exposición o mapa de riesgo. Volumen abierto por año, perfil horario real, precio de captura efectivo frente a precio medio de mercado, posición neta considerando todos los contratos vivos. Sin esta foto, todo lo demás es opinión.
  2. Cuantificar el riesgo. Un Energy-at-Risk análogo directo del Cash-Flow-at-Risk que responda a una pregunta que hoy casi ninguna dirección financiera sabe contestar: ¿cuánto puede desviarse mi coste energético en un escenario adverso con un 95% de confianza, y qué porcentaje del EBITDA representa esa cifra? La respuesta suele sorprender. En compañías electrointensivas no es raro encontrar exposiciones que superan holgadamente el 5% del EBITDA, un nivel que en divisa habría disparado todas las alarmas hace años.
  3. Fijar una política de gestión en la cual se defina el perfil de riesgo de la compañía afectada. Bandas de cobertura por horizonte temporal: alta cobertura a doce meses, progresivamente menor a tres o cinco años, límites de exposición abierta, instrumentos autorizados, y un órgano con mandato para decidir. Sin política, cada decisión de cobertura es una decisión ad hoc que nadie puede evaluar después.
  4. Instrumentar o definir estrategias de cobertura. Combinar los instrumentos disponibles en función de la exposición medida, no de la oferta que llegue del comercializador: PPA para el volumen base a largo plazo, futuros OMIP para el ajuste táctico, coberturas de perfil para el basis risk, y desplazamiento de carga cuando el proceso productivo lo permita porque mover consumo de la tarde al mediodía solar es, en el mercado actual, una de las coberturas más rentables que existen y no requiere firmar nada. Todo ello siempre de acuerdo con la política de gestión de la compañía.
  5. Gobernar y reportar. Definir un Comité de Riesgos con periodicidad definida, acta, seguimiento de la eficacia de las coberturas, valoración periódica de los contratos vivos, y aplicación de contabilidad de coberturas cuando proceda para evitar que un instrumento económicamente sensato genere una volatilidad artificial en el P&L.

Hay un elemento de urgencia que conviene no ignorar. La curva de futuros del mercado español mantiene abierta, para los próximos ejercicios, una ventana de cobertura en niveles que hace tres años habría parecido inverosímiles. Las ventanas de este tipo no permanecen abiertas indefinidamente, y la experiencia reciente el impacto de las tensiones geopolíticas sobre el gas y, por tanto, sobre el precio marginal en las horas sin sol demuestra con qué velocidad puede cerrarse.

La pregunta para el CFO no es, por tanto, si el precio de la electricidad va a subir o a bajar. Nadie lo sabe, y una función o política de riesgos bien diseñada no depende de acertar esa predicción. La pregunta es otra, y es la única que importa: ¿conoce su compañía su exposición, la ha cuantificado, tiene una política aprobada para gestionarla y dispone de los instrumentos para ejecutarla?

Si la respuesta a cualquiera de esas cuatro preguntas es negativa, el problema no está en el mercado. Está en la gestión del riesgo financiero por parte de la compañía.


Resumen

La electricidad ya no es una simple partida de compras: se ha convertido en un riesgo financiero con impacto directo en márgenes y resultados. En un mercado donde el precio cambia cada quince minutos y las diferencias entre compañías dependen más de cuándo consumen que del precio medio del mercado, muchos CFO siguen gestionando la energía con modelos diseñados para otra época. La pregunta ya no es si la electricidad subirá o bajará, sino si la organización conoce realmente su exposición y dispone de una estrategia para gestionarla.


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