Para muchos ejecutivos, seguía siendo un terreno dominado por controles, matrices y revisiones pensadas principalmente para satisfacer al regulador y al auditor externo. Sin embargo, ese enfoque empieza a quedarse atrás. Algo está cambiando en silencio, pero de forma sostenida, en la manera en la que las empresas entienden y aplican el Control Interno.
El punto de inflexión no responde a una única causa. Al contrario, es el resultado de un entorno empresarial cada vez más volátil, de exigencias regulatorias en constante evolución y de una presión creciente por ofrecer información fiable, coherente y trazable. En este contexto, el Control Interno comienza a abandonar su rol tradicional para adoptar uno más amplio: el de garante de confianza en la información y aliado del negocio en la gestión de riesgos.
Tecnología: muchas promesas, pasos aún prudentes
La tecnología aparece de inmediato en cualquier conversación sobre el futuro del Control Interno. Inteligencia artificial, automatización o análisis avanzado de datos se presentan como grandes catalizadores del cambio. Sin embargo, la realidad actual es más matizada de lo que a veces sugiere el discurso tecnológico.
En la práctica, la mayoría de las compañías se encuentran todavía en fases muy tempranas de adopción. En el ámbito del Control Interno, el uso de inteligencia artificial es aún incipiente y, en muchos casos, se limita a pruebas de concepto o proyectos piloto muy acotados. Las organizaciones están explorando posibilidades, evaluando riesgos y tratando de entender cómo encajar estas herramientas en modelos de control que siguen siendo, en esencia, tradicionales.
Aun así, el interés es evidente. Se ensayan casos de uso orientados al monitoreo continuo, a la identificación automática de patrones anómalos o a la ejecución de pruebas de control sin intervención manual. No se trata todavía de una adopción masiva, pero sí de un cambio de mentalidad: pasar de revisar lo ocurrido a tratar de anticipar lo que podría salir mal.
El dato, en el centro de todo
Más allá de la inteligencia artificial, hay una transformación menos visible, pero posiblemente más profunda: la relación entre Control Interno y datos. En un entorno en el que el reporting financiero, no financiero y de sostenibilidad gana peso, la calidad del dato se convierte en un elemento crítico.
Cada vez más organizaciones asumen que controlar la información únicamente al final del proceso ya no es suficiente. El foco se desplaza hacia el origen del dato, hacia los sistemas donde se genera y transforma. Conceptos como trazabilidad, coherencia entre sistemas o gestión de datos maestros dejan de ser exclusivos de IT para entrar de lleno en la agenda del Control Interno.
Este enfoque reduce la dependencia de ajustes manuales y hojas de cálculo, históricamente asociadas a mayores riesgos, y refuerza la confianza en la información que llega a la alta dirección, a los reguladores y a los mercados.
Del “detectar y corregir” al “anticipar y prevenir”
El cambio no es solo tecnológico, también es conceptual. Tradicionalmente, el Control Interno ha funcionado como un mecanismo de detección posterior: identificar errores, analizarlos y remediarlos. Hoy, ese modelo empieza a resultar insuficiente.
Las organizaciones más avanzadas tratan de avanzar hacia esquemas preventivos, apoyados en controles que operan en tiempo real y en alertas tempranas que permiten actuar antes de que los problemas se materialicen. También ganan peso los ejercicios de simulación y análisis de escenarios, que ayudan a identificar puntos débiles en procesos complejos.
Esta evolución transforma el Control Interno en un elemento de resiliencia, capaz de acompañar al negocio en momentos de incertidumbre y cambio.
Control Interno y riesgos: una frontera cada vez más difusa
Otra señal clara de esta reinvención es la creciente integración entre Control Interno y gestión de riesgos. Las fronteras entre riesgos financieros, operativos, regulatorios o tecnológicos son cada vez más difusas, y tratarlos de forma aislada pierde sentido.
Las organizaciones avanzan hacia modelos más integrados, en los que riesgos y controles se analizan de forma conjunta y se reportan con una visión global. Esto no solo mejora la calidad de la información para la toma de decisiones, sino que permite priorizar esfuerzos y alinear el Control Interno con la estrategia del negocio.
Un nuevo perfil profesional
Todo este proceso exige, además, un cambio en las personas. El profesional de Control Interno ya no puede limitarse a aplicar normas y ejecutar controles. Necesita entender datos, tecnología y riesgos emergentes, y ser capaz de dialogar con áreas como negocio, IT o sostenibilidad.
El perfil evoluciona hacia una figura híbrida, más cercana al análisis y a la visión estratégica que al simple cumplimiento.
Una función en plena transformación
El Control Interno está dejando de ser un ejercicio de checklist para convertirse en una herramienta de confianza y anticipación. Aunque la inteligencia artificial todavía no se ha extendido de forma generalizada, y su aplicación práctica avanza con cautela, la dirección del cambio es clara.
Las organizaciones que sepan leer esta transformación a tiempo no solo estarán mejor preparadas para cumplir con las exigencias regulatorias, sino también para gestionar la incertidumbre y reforzar la credibilidad de su información en un entorno cada vez más exigente.