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Mercados financieros: la resiliencia se pone a prueba ante la nueva prima geopolítica 


El escenario no es negativo, pero sí más frágil: 2026 no parece un año para abandonar el riesgo, sino para gestionarlo mejor

Los mercados financieros llegan a mediados de 2026 en una situación paradójica: los activos de riesgo siguen mostrando una notable capacidad de resistencia, pero el contexto macroeconómico y geopolítico se ha vuelto más complejo, menos predecible y más difícil de gestionar. La economía global continúa creciendo, aunque a un ritmo moderado, mientras los inversores tratan de equilibrar tres fuerzas principales: la persistencia de la inflación, la incertidumbre sobre la política monetaria y el impacto de los conflictos geopolíticos sobre la energía, las cadenas de suministro y las expectativas empresariales.

El punto de partida no es necesariamente recesivo, pero sí más incómodo que el que los mercados habían descontado a comienzos de año. La narrativa dominante durante el periodo 2024 y 2025 estuvo centrada en la evolución de la inflación, las decisiones de los bancos centrales y la posibilidad de un aterrizaje suave de la economía. En 2026, sin embargo, el análisis se ha ampliado: la geopolítica, la seguridad energética, la fragmentación comercial y la política fiscal se han convertido en variables centrales para entender el comportamiento de los activos financieros.

En este entorno, la economía global mantiene una capacidad de resistencia relevante, pero el crecimiento es más moderado y desigual entre regiones. La mayoría de los gobiernos y bancos centrales están revisando a la baja sus proyecciones económicas anticipando claramente un menor crecimiento en los próximos años. Si bien esto es preocupante, lo que vuelve a ocupar el centro del debate es la inflación. En la actualidad y a diferencia con el ciclo inflacionario de 2022 es que ahora el componente energético y geopolítico pesa más en las expectativas. No se trata únicamente de un problema de demanda, sino de oferta, logística, seguridad energética y riesgo de disrupción en zonas estratégicas.

Este escenario complica la actuación de los bancos centrales. Si la inflación energética se modera, podría mantenerse una senda gradual de normalización monetaria. Pero si el shock persiste, el margen para bajar tipos se reduce. Hay que destacar que la renta fija ya recoge parte de esa tensión: las rentabilidades a largo plazo han repuntado por la combinación de inflación, deuda pública, riesgo fiscal y dudas sobre la trayectoria futura de la política monetaria, anticipando tipo de interés más altos.

La política monetaria entra en una fase más difícil. De hecho, los bancos centrales ya están tomando sus decisiones ante la evolución alcista de la inflación y a pesar de las menores perspectivas de crecimiento económico:

  • Banco Central Europeo: por primera vez en tres años ha decidido elevar por 25 pb el precio del dinero situando el tipo de depósito en el 2,25%, el tipo de refinanciación en el 2,40% y el de descuento en el 2,65%. Si la inflación se mantiene persistente no se descartan nuevas alzas, anticipando los analistas que podrían ser a partir del mes de septiembre.
  • Banco Central de Japón: por primera vez en treinta y un años han elevado el tipo de referencia en 25 pb al 1,00%. Tanto la inflación como la histórica debilidad de su divisa en los mercados los animo a tomar esta decisión que podría no ser la última ante la evolución de los acontecimientos.
  • Reserva Federal norteamericana: en la primera reunión del nuevo presidente Kevin Warsh, la FED decidió mantener el tipo oficial dentro del rango 3,50% - 3,75%. Si bien es lo que esperaba el mercado, la sorpresa fueron sus nuevas estimaciones en las cuales no solo van a bajar los tipos oficiales, sino más bien anticipan que podrían subir para tratar de controlar una inflación que ya se sitúa en el 4,2%. Este nuevo escenario da un vuelco a las expectativas de Donald Trump de promover importantes recortes en los tipos de interés.
  • Banco Central del Reino Unido: sin sorpresas en su última reunión al mantener el tipo de interés oficial en el 3,75%. Con una inflación al 2,8% el BOE se mantiene a la expectativa de la evolución de los acontecimientos.
  • Banco Central de Canada y Banco Central de Australia: en ambos casos decidieron esperar a ver la evolución de los acontecimientos, manteniendo el tipo oficial en el 2,25% y 4,35% respectivamente.

El comportamiento del mercado interbancario y de la renta fija ha sido de cierta estabilidad al estar ya descontadas todas estas decisiones. Se observa una importante normalización de la curvas, pero no anticipan importantes subidas en el plazo. La inflación actual puede perjudicar el corto plazo, pero los síntomas de enfriamiento económico deberían tranquilizar el medio y largo plazo.

Con relación a la renta fija, he de destacar que el entorno vuelve a ser atractivo, aunque más complejo. Los niveles actuales de rentabilidad permiten construir carteras con mayor generación de ingresos, pero la volatilidad de los tipos exige prudencia en duración y calidad crediticia. El crédito corporativo sigue apoyado por fundamentales razonables, aunque los diferenciales no parecen descontar plenamente un escenario de desaceleración más profunda

El mercado de divisas también refleja el nuevo equilibrio. El dólar sigue actuando como termómetro de aversión al riesgo, expectativas de tipos y confianza en la economía estadounidense. Sin embargo, la fragmentación comercial, los déficits fiscales y los cambios en política económica introducen más incertidumbre en su trayectoria.

El euro, por su parte, se mueve condicionado por tres factores: menor crecimiento relativo de la zona euro, dependencia energética y política monetaria del BCE. La economía europea evita un deterioro abrupto, pero su margen de maniobra es inferior al de Estados Unidos por su mayor exposición a importaciones energéticas y a tensiones comerciales.

Ante esta nueva situación, los analistas han ajustado sus pronósticos para el 2026 definiendo como rango lógico de fluctuación para lo que resta de año 1,1400 – 1,2000 USD/EUR, difiriendo para el 2027 la esperada depreciación de la divisa norteamericana que se esperaba para el 2026.

En definitiva, la situación actual de los mercados financieros puede definirse como una fase de resiliencia condicionada. El mensaje para los próximos meses es claro: el escenario no es negativo, pero si más frágil. En definitiva, 2026 no parece un año para abandonar el riesgo, sino para gestionarlo mejor. La diversificación, la calidad de los activos, la liquidez y la gestión activa vuelven a ser elementos centrales en las carteras. El mercado sigue ofreciendo oportunidades, pero ya no premia de forma indiscriminada: en esta fase, la selección importa tanto como la dirección del ciclo.


Resumen

El ejercicio 2026 está confirmando que los mercados financieros han entrado en una fase más compleja que la vivida durante el ciclo de desinflación posterior a los años 2022-2024. La narrativa dominante ya no es simplemente si los bancos centrales bajaran tipos de interés o si la economía global puede sostener el crecimiento o los beneficios empresariales. La situación ha cambiado, nos encontramos en un entorno en el que la geopolítica y los efectos colaterales que se producen se sitúan como una variable macroeconómica de primer orden.


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