En diciembre de 2025, el Center for Audit Quality (CAQ) y la Anti‑Fraud Collaboration (AFC) celebraron su segundo Fraud Forum presencial con motivo de la International Fraud Awareness Week. El encuentro reunió a representantes de todo el ecosistema de la información financiera —auditores externos e internos, directivos financieros, consejos de administración, reguladores, inversores, expertos forenses y profesionales de cumplimiento— con un objetivo común: analizar cómo está evolucionando el riesgo de fraude y qué prácticas son necesarias para reforzar su prevención y detección en un entorno cada vez más complejo y tecnológico.
Adicionalmente se emitió un informe “Navigating a Dynamic Fraud Risk Enviroment” que resumen las principales conclusiones del evento y que comentamos a continuación.
Un entorno de fraude en constante transformación
Uno de los mensajes centrales del foro fue que el fraude no es un fenómeno estático. El riesgo está condicionado por factores como la rápida evolución tecnológica, los cambios regulatorios, la situación geopolítica y las nuevas tácticas de los actores maliciosos. Los participantes coincidieron en que, aunque eliminar el fraude por completo es un objetivo poco realista, las organizaciones deben centrarse en reducir su frecuencia e impacto, fortaleciendo de forma continua sus sistemas de control y su cultura ética.
Los datos compartidos durante el foro muestran que el fraude sigue teniendo un impacto relevante. Aunque muchas de las amenazas percibidas se consideran “externas” —como el ciberfraude, los fraudes en pagos de clientes o los cometidos por proveedores—, se insistió en que los vectores internos y externos están estrechamente relacionados. En muchos casos, los fraudes externos requieren complicidad o fallos internos para materializarse.
El poder de hablar: la relevancia de los denunciantes
El foro se inauguró con una ponencia clave centrada en la importancia de los canales de denuncia y la protección de los informantes. A través de una experiencia real de denuncia de fraude corporativo, se puso de manifiesto cómo los fallos sistémicos en gobierno corporativo, supervisión y cultura organizativa pueden permitir que fraudes de gran magnitud se mantengan ocultos durante años.
La principal lección fue clara: los denunciantes desempeñan un papel esencial en la detección temprana del fraude, pero solo pueden hacerlo eficazmente cuando existen culturas que fomentan la integridad, el escepticismo profesional y la protección frente a represalias. Cuando los mecanismos internos fallan, los programas externos de denuncia y el asesoramiento legal se convierten en salvaguardas críticas para los inversores y otros grupos de interés.
Cultura y escepticismo profesional como pilares fundamentales
A lo largo de múltiples paneles se destacó que la cultura organizativa y el escepticismo profesional son elementos inseparables y fundamentales para combatir el fraude. Una cultura ética sólida, impulsada desde la alta dirección, pero vivida en todos los niveles de la organización, reduce significativamente la probabilidad de conductas indebidas.
Los participantes subrayaron el papel clave de la dirección intermedia, ya que en muchos casos es el primer punto de contacto cuando un empleado decide expresar una preocupación. Por ello, es esencial que estos mandos conozcan los canales disponibles, sepan cómo actuar ante una alerta y refuercen un entorno donde “hablar” sea percibido como un comportamiento positivo.
El escepticismo profesional, entendido como pensamiento crítico y cuestionamiento constante, no debe limitarse a auditores o reguladores. Todas las personas implicadas en los procesos financieros pueden y deben adoptar esta mentalidad para detectar señales de alerta antes de que se conviertan en problemas mayores.
Tecnología, inteligencia artificial y nuevos riesgos
Uno de los temas más relevantes del foro fue el impacto de la inteligencia artificial (IA) y otras tecnologías emergentes en el riesgo de fraude. Los expertos coincidieron en que la IA representa, al mismo tiempo, uno de los mayores riesgos y una de las mayores oportunidades para las organizaciones.
Por un lado, tecnologías como los deepfakes, los documentos sintéticos o los correos electrónicos generados por IA están erosionando la confianza en la documentación digital y facilitando esquemas de fraude más sofisticados, rápidos y difíciles de detectar. Se habló de una evolución del fraude marcada por las “tres V”: mayor volumen, mayor velocidad y mayor variedad.
Por otro lado, la tecnología ofrece herramientas muy potentes para reforzar la detección y prevención del fraude. La automatización, el análisis avanzado de datos y la monitorización continua permiten pasar de revisiones basadas en muestras a evaluaciones en tiempo real de poblaciones completas de transacciones. No obstante, se recalcó que estas herramientas deben implementarse con supervisión humana, para evitar problemas como la “fatiga de alertas” y asegurar un juicio profesional adecuado.
Personas, procesos y tecnología: un enfoque equilibrado
Una conclusión transversal del foro fue que no existe una solución única para combatir el fraude. Las organizaciones más eficaces adoptan un enfoque equilibrado que integra personas, procesos y tecnología. Invertir solo en herramientas tecnológicas sin reforzar la cultura, la formación y los procedimientos es insuficiente.
Los participantes animaron a las organizaciones a preparar a su talento para convivir con la IA, no solo en áreas técnicas, sino en todas las funciones del negocio. Lejos de destruir empleo, la experiencia compartida mostró que el uso de herramientas avanzadas puede aumentar la detección de irregularidades y, con ello, la necesidad de más profesionales cualificados para investigarlas.
Mirando al futuro: mejorar de forma continua
De cara al futuro, el foro destacó que los controles internos tradicionales siguen siendo una base sólida para la prevención del fraude, pero deben adaptarse de forma innovadora a los nuevos riesgos. La evaluación periódica de riesgos, las sesiones estructuradas de brainstorming sobre fraude y la comunicación fluida entre todos los actores del ecosistema financiero son prácticas clave para anticiparse a las amenazas emergentes.
En conclusión, el Fraud Forum 2025 dejó claro que la lucha contra el fraude es un proceso continuo, que requiere colaboración entre auditores, directivos, consejos, reguladores e inversores. En un entorno marcado por la tecnología, el cambio regulatorio y la incertidumbre global, las organizaciones que consigan combinar innovación tecnológica con una cultura ética sólida y un escepticismo profesional bien arraigado estarán mejor preparadas para proteger la integridad de la información financiera y mantener la confianza en los mercados.