Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido y más de 60 países más cuentan con leyes o normativas que obligan a las empresas a garantizar la accesibilidad de sus herramientas y contenidos digitales; en 2025, la Ley de Accesibilidad de la Unión Europea lo exigirá en todo el territorio de la UE. En respuesta a ello, muchas organizaciones han estado desarrollando o reforzando sus capacidades en materia de accesibilidad digital. Los más innovadores van aún más allá.
Están creando productos, servicios y experiencias mediante metodologías basadas en una idea sencilla: tener en cuenta las diferencias humanas a la hora de diseñar da lugar a soluciones que funcionan mejor para más personas y que son más rentables. Aunque todavía no es tan común como la accesibilidad, creemos que una metodología en particular —el diseño inclusivo— tiene un enorme potencial para casi todas las empresas y que todos los profesionales deberían conocerla.
Crear con un enfoque deliberadamente inclusivo, desde la fase inicial de desarrollo hasta el lanzamiento, puede reducir la necesidad de realizar ajustes que requieren mucho tiempo y son costosos, ayudar a identificar nuevos usuarios potenciales, mejorar la experiencia de los empleados y los clientes, optimizar la productividad, impulsar la innovación y potenciar las marcas.
Existen muchas definiciones prácticas del diseño inclusivo. Nuestro marco se basa en tres ideas: accesibilidad, usabilidad (un componente clave de la experiencia del usuario) y cocreación. Al combinar estos tres elementos, las organizaciones pueden crear diseños que sean significativos, auténticos, útiles y accesibles para el público más amplio posible, independientemente de sus capacidades, discapacidades u otras diferencias.
La accesibilidad fomenta la inclusión: para todos
La accesibilidad consiste en garantizar que todos, incluidas las personas con discapacidad, puedan utilizar de manera eficaz los productos y contenidos digitales. Las Pautas de Accesibilidad al Contenido en la Web elaboradas por el Consorcio World Wide Web (W3C) constituyen el estándar mundial. Algunos ejemplos son añadir texto alternativo a las imágenes significativas (para que los lectores de pantalla que utilizan las personas ciegas o con baja visión puedan describirlas), garantizar que el producto sea accesible utilizando únicamente el teclado (para las personas que no pueden utilizar el ratón) y añadir subtítulos a los vídeos y transcripciones a los contenidos de audio (para las personas sordas o con discapacidad auditiva).
La accesibilidad es una necesidad para gestionar el riesgo y ampliar su base de clientes a fin de incluir a los más de mil millones de personas con discapacidad que hay en todo el mundo. Puede suponer un inconveniente o un gran valor añadido para su marca. En los últimos años, un número cada vez mayor de demandas de gran repercusión mediática ha resultado perjudicial para las empresas; otras, en cambio, han sido ampliamente elogiadas por las funciones de accesibilidad incorporadas en sus productos y servicios.
Cuando los productos y servicios se diseñan de forma accesible, más personas pueden utilizarlos sin necesidad de realizar ajustes ni adaptaciones. Esto puede agilizar y simplificar las operaciones, al tiempo que aumenta la productividad de los usuarios individuales, los equipos, el personal de soporte y la organización en su conjunto. Dado que no puede haber una verdadera inclusión si no todos pueden participar plenamente, la accesibilidad está estrechamente relacionada con el componente social del marco ambiental, social y de gobernanza (ESG), que cada vez se reconoce más como un factor clave para generar valor empresarial a largo plazo.
Para que algo sea útil, debe ser fácil de usar
La usabilidad es el segundo aspecto clave del diseño inclusivo. La usabilidad se refiere a la facilidad, eficacia y eficiencia con que se puede interactuar con un producto o servicio, teniendo en cuenta las diferencias demográficas, el contexto y los objetivos de los usuarios. Las metodologías de diseño más populares integran la usabilidad en sus procesos.
Aunque no existe una forma estándar de medir la usabilidad, el método más habitual consiste en observar a un grupo representativo de usuarios mientras realizan tareas típicas y hacer un seguimiento de los índices de finalización, las valoraciones de los usuarios y los comentarios cualitativos. Las pruebas y la evaluación se repiten en ciclos, y el producto o servicio se mejora continuamente a partir de los comentarios de los usuarios.
Sin embargo, dado que la usabilidad se centra en los elementos de la experiencia que afectan a todo el mundo, no siempre aborda adecuadamente las necesidades específicas de las personas con discapacidad. La accesibilidad hace precisamente eso. Algunas funciones, como el ajuste del tamaño del texto y los subtítulos, pueden mejorar la usabilidad para todos. La aplicación conjunta de la usabilidad y la accesibilidad contribuye a garantizar que los productos y servicios sean fáciles de usar para el público más amplio posible.