Nuevos perfiles, nuevas reglas
Pensar el impacto de estos cambios implica también mirar hacia adelante, especialmente en la formación de las nuevas generaciones. “Hoy es difícil pensar que una carrera se mantenga incambiada durante 30 o 40 años”, advirtió Villarmarzo.
Frente a ese escenario, la recomendación es ampliar el enfoque. “Lo importante es ser versátil, no enfocarse en una sola área y desarrollar habilidades blandas”.
Incluso profesiones tradicionales están atravesando procesos de transformación. Sin embargo, el componente humano sigue marcando una diferencia. “Hay cosas que las computadoras no van a poder reemplazar, como el ‘corazón’ de una persona”, sostuvo.
Eficiencia sin perder calidad
En las empresas, la IA comienza a tener aplicaciones concretas, especialmente en tareas repetitivas. “Eso permite redireccionar el trabajo hacia actividades de mayor valor”, explicó Villarmarzo. A la vez, destacó que su incorporación puede ampliar la capacidad productiva y abrir nuevas oportunidades de negocio.
Pero el foco no está únicamente en la eficiencia. Advirtió que una implementación mal enfocada puede generar efectos no deseados: “Reducir costos sin cuidar la calidad puede comprometer el éxito a largo plazo”.
En paralelo, el mercado laboral se vuelve más dinámico y transparente. La mayor visibilidad del talento, impulsada por plataformas digitales, acelera los procesos de búsqueda y decisión, tanto para empresas como para trabajadores.
En esa línea, introdujo una dimensión adicional vinculada a la sustentabilidad empresarial. “Muchas veces se asocia la sustentabilidad exclusivamente con lo ambiental, pero también tiene que ver con cómo gestionamos estos cambios en el mercado de trabajo”, señaló. En particular, advirtió que la incorporación de nuevas tecnologías plantea desafíos en términos de empleo y organización interna, que requieren un enfoque equilibrado para sostener resultados en el largo plazo.