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Cómo rediseñar la estrategia empresarial ante una nueva realidad geopolítica

Informe EY 2026 Geostrategic Outlook 

La geopolítica se ha convertido en una de las variables que mejor explican la volatilidad actual del entorno empresarial. La competencia por recursos críticos, la presión sobre el comercio internacional, la carrera tecnológica y el auge de políticas industriales están redibujando prioridades y obligando a las compañías a revisar decisiones que antes se tomaban con horizontes más estables: dónde invertir, cómo asegurar suministros, qué dependencias reducir y con qué riesgos convivir.

En este contexto, el informe EY 2026 Geostrategic Outlook de EY-Parthenon ofrece una lectura estructurada de los principales vectores que marcarán este año. En un entorno de incertidumbre creciente, donde las dinámicas son no lineales, aceleradas, volátiles e interconectadas (lo que denominamos en EY el mundo NAVI), el análisis se articula en torno a tres ejes: nuevas reglas y normas, geopolítica de la escasez y esferas de interacción. Además, el documento recoge el Top 10 de acontecimientos geopolíticos que previsiblemente condicionarán la agenda global en 2026.

2026 en un mundo NAVI: por qué la geopolítica marca la agenda empresarial

La geopolítica está transformando el entorno operativo global y, con ello, la forma en que las compañías gestionan los riesgos, gobiernan sus organizaciones y definen su estrategia de negocio. En paralelo, las empresas ya están actuando: la localización de capacidades, el replanteamiento de dependencias y la búsqueda de mayor control sobre activos críticos se incorporan a la agenda del comité de dirección.

Tres ejes que explican el año: normas, escasez y esferas de actuación

1. Nuevas reglas y normas

Tras años de crisis y shocks, medidas antes extraordinarias se consolidan en un intervencionismo estatal estructural. Los gobiernos utilizan subsidios industriales, políticas comerciales restrictivas, participaciones en empresas y mandatos de inversión local para orientar la actividad económica y reforzar su soberanía en sectores estratégicos.

2. Geopolítica de la escasez

La competencia por controlar o acceder a recursos críticos se intensificará. Es un giro respecto a la etapa posterior a la Guerra Fría: las cadenas de suministro ya no se optimizan solo por coste y eficiencia, sino también por resiliencia y reducción de riesgos geopolíticos. Esto implica cambios en compras, fabricación, logística, inventarios, proveedores y criterios de inversión.

3. Esferas de interacción

Estas dinámicas se desarrollarán especialmente en cuatro regiones: América del Norte, Asia-Pacífico, Europa y Oriente Medio, que concentrarán gran parte de la competencia económica y de influencia en 2026.

Tres prioridades para orientar las decisiones empresariales en 2026

1. Fomentar la resiliencia preparándose para lo inesperado

Integrar planificación de escenarios, marcos de tolerancia al riesgo y estrategias de cobertura en la planificación estratégica ayuda a sostener la continuidad operativa y la adaptabilidad ante disrupciones.

2. Reforzar el gobierno de la geoestrategia con una colaboración transversal

La gestión eficaz del riesgo político exige coordinación entre funciones (fiscalidad, comercio, políticas públicas, riesgos, legal, cumplimiento, operaciones, estrategia y finanzas) e incorporación de capacidades tecnológicas a medida que evolucionan la regulación de datos y la IA.

3. Adaptar cadenas de suministro y estrategia global

La localización y regionalización de operaciones, gobierno u organización pueden ganar peso, pero el objetivo es salir del ciclo de reacción constante y replantear el posicionamiento estratégico de forma proactiva, apoyándose en análisis de escenarios geopolíticos.

Resumen

El 2026 Geostrategic Outlook de EY-Parthenon señala que la geopolítica seguirá condicionando de forma directa la agenda empresarial en 2026, en un entorno NAVI marcado por nuevas reglas y normas, la geopolítica de la escasez y la consolidación de esferas de actuación. En este contexto, las compañías deberán reforzar su capacidad de anticipación y resiliencia, incorporando la geoestrategia al núcleo de la toma de decisiones. El reto ya no es reaccionar ante cada disrupción, sino convertir la incertidumbre en criterio de gestión, ajustar la cadena de suministro, proteger activos críticos y gobernar el riesgo geopolítico con un enfoque transversal.

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