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Financiar el crecimiento de la empresa familiar


Artículo escrito por Pelayo Novoa, socio responsable de las oficinas de EY en Galicia

El reto de los próximos años no será solo aguantar mejor, sino crecer mejor: la financiación debe dejar de verse como una necesidad puntual de tesorería para convertirse en una decisión estratégica

Las empresas necesitan tamaño para competir en un mercado cada vez más complejo y globalizado, eso lo sabemos. Y, también que Galicia no es ajena a esta realidad. Si bien nuestro tejido productivo destaca por su dinamismo, su especialización, su vocación exportadora y su capacidad de adaptación, presenta esta debilidad estructural: el reducido tamaño medio de nuestras empresas.

Y éste no es condicionante menor porque el tamaño determina la capacidad de invertir, innovar, atraer talento, internacionalizarse y resistir ciclos adversos. En este contexto, el reciente informe Draghi sobre la competitividad europea pone el foco en una cuestión clave: las pequeñas y medianas empresas tienen dificultades estructurales para financiar su crecimiento. Las empresas gallegas, en este punto, no constituyen una excepción.

El problema tiene raíces profundas. La financiación empresarial en nuestro entorno ha estado tradicionalmente dominada por el crédito bancario, orientado fundamentalmente al circulante y con escasa presencia de financiación estructural a largo plazo. Este modelo ha sido eficaz para sostener la actividad ordinaria, pero ha mostrado sus limitaciones cuando se trata de abordar saltos de escala.

A ello se añade un cambio relevante en el sistema financiero. En las últimas décadas, la concentración bancaria y el endurecimiento de los requisitos regulatorios han reducido la disposición de las entidades financieras a asumir riesgo. Como consecuencia, el crédito se ha vuelto más selectivo, especialmente para pymes y empresas con estructuras financieras más dependientes de financiación externa para crecer. En paralelo, persiste en muchas compañías familiares una lógica comprensible, pero limitante: la reticencia a abrir el capital a socios externos, por temor a la dilución o a una eventual pérdida de control.

El resultado es un claro cuello de botella para el crecimiento. En el plano orgánico, la caja generada por la actividad no siempre permite abordar inversiones relevantes —como una nueva línea de producción, una ampliación industrial o la expansión internacional— ni soportar las mayores necesidades de capital circulante. En el plano inorgánico, la dificultad es aún mayor: financiar adquisiciones sin tensionar el balance se convierte, en muchos casos, en una barrera difícil de superar.

En este escenario, resulta necesario acceder a nuevas soluciones financieras disponibles. No se trata de sustituir a la banca —que seguirá siendo un pilar esencial—, sino de complementarla con soluciones que permitan financiar el crecimiento de forma más sostenible y ambiciosa.

Una primera vía es la incorporación de capital sin pérdida de control. Existen hoy fórmulas que permiten a las empresas familiares abrir parcialmente su accionariado manteniendo el liderazgo. Los fondos de private equity, los mercados alternativos bursátiles —como BME Growth— o determinados family offices ofrecen soluciones de capital para financiar planes de expansión, internacionalización o consolidación sectorial. Más allá de los recursos financieros, estos socios aportan profesionalización, disciplina de gestión y acceso a redes, elementos críticos en una fase de crecimiento.

En el ámbito de la deuda, también están emergiendo alternativas relevantes. El denominado direct lending, o deuda privada, permite acceder a financiación flexible difícilmente disponible en la banca tradicional. Estas soluciones ofrecen estructuras adaptadas a las necesidades de la empresa y, en muchos casos, menores exigencias de garantías. Resultan especialmente adecuadas para financiar adquisiciones, reorganizaciones accionariales o planes de crecimiento acelerado.

A estas herramientas se suman los esquemas de financiación pública—ENISA, CDTI u otros instrumentos especializados—, especialmente útiles en proyectos de inversión industrial, digitalización, innovación o transición energética. En conjunto, estas alternativas configuran un abanico de financiación más amplio, profundo y sofisticado que el existente hace apenas una década.

El reto, por tanto, no es únicamente la falta de recursos, sino la capacidad de las empresas para acceder a ellos. Esto exige un cambio de enfoque. No basta con buscar financiación cuando la necesidad ya existe; es preciso anticiparla, estructurarla y, sobre todo, entenderla como parte de la estrategia empresarial.

Y, sobre todo, exige un cambio de mentalidad. Muchas empresas familiares gallegas han demostrado durante décadas que saben resistir, exportar, innovar y competir desde territorios periféricos. Pero el reto de los próximos años no será solo aguantar mejor, sino crecer mejor. Para ello, la financiación no puede seguir viéndose únicamente como una necesidad puntual de tesorería, sino como una decisión estratégica. Quien quiera ganar tamaño tendrá que combinar deuda, capital, socios financieros y una mayor profesionalización de la gestión del balance.

Publicado en La Voz de Galicia

Resumen

Las empresas gallegas necesitan ganar tamaño para competir en un mercado global, pero encuentran dificultades para financiar su crecimiento debido a su dependencia del crédito bancario y a la reticencia de muchas compañías familiares a abrir su capital. El artículo defiende la necesidad de complementar la financiación tradicional con nuevas fórmulas, como el private equity, la deuda privada o los instrumentos públicos, y plantea que la financiación debe abordarse como una decisión estratégica para impulsar el crecimiento, la innovación y la competitividad.

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