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Cómo EY puede ayudar
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,pEn todo el sistema energético, el progreso está adquiriendo un carácter exponencial, a medida que la tecnología madura y se expande a un ritmo más rápido de lo previsto. La innovación está comenzando a descarbonizar aquellos sectores en los que es difícil reducir las emisiones y que antes se consideraban demasiado difíciles de transformar, como la producción de acero.
Sin embargo, aunque el ritmo del cambio se está acelerando en todas partes, no es uniforme. Hay cuatro factores que impulsan el cambio en nuestro sistema energético: los avances tecnológicos, el suministro de materias primas, la participación de los consumidores y las políticas gubernamentales. Nuestro modelo de estos factores revela que las transiciones energéticas de los distintos mercados variarán considerablemente, tanto en velocidad como en naturaleza.
En todo el mundo, los gobiernos están estableciendo diferentes equilibrios entre las prioridades económicas, las ambiciones geopolíticas y los objetivos ambientales, en función de la disponibilidad de recursos (materias primas, capital y capacidades). Estas disyuntivas están impulsando decisiones de política que envían señales al mercado y a los consumidores y que, en última instancia, determinan el progreso.
Por ejemplo, algunas economías, entre ellas el Reino Unido, Europa y Estados Unidos, cuentan con las políticas, los recursos, el capital y la infraestructura necesarios para impulsar una transición más rápida. Sin embargo, en Asia y África, muchos gobiernos están dando prioridad al crecimiento económico y al acceso a energía a bajo costo. En todo el Medio Oriente, el petróleo sigue siendo el protagonista por el momento, pero algunos países, entre ellos Arabia Saudita, persiguen la ambición de convertirse en superpotencias mundiales en materia de energía limpia. E incluso dentro de una misma región, o en un solo país, la situación puede variar. China es líder mundial en energía eólica —a finales de julio, la turbina eólica más grande del mundo entró en funcionamiento frente a la costa de la provincia de Fujian—, pero también sigue quemando más carbón que el resto del mundo en su conjunto.
Estamos entrando en la década de la disrupción
A medida que se aceleran múltiples transiciones energéticas, estamos entrando en una década de cambios radicales. Ya está surgiendo un nuevo sistema energético, pero nuestros modelos revelan que será a partir de 2030 cuando se produzcan los cambios más importantes. Para entonces, la electricidad generada por energía solar y eólica alimentará casi todo (algunas industrias, como la aviación y el transporte marítimo transoceánico, seguirán dependiendo de los hidrocarburos, al menos con las tecnologías actuales). Las energías renovables acercarán la oferta a la demanda, creando un sistema energético altamente localizado, con más oportunidades para las comunidades (y retos para la red eléctrica que deberán afrontar las empresas de energía y servicios públicos). El petróleo y el gas seguirán formando parte de la matriz energética, pero serán mucho más ecológicos gracias a los combustibles sintéticos y alternativos. Los consumidores, tanto industriales como residenciales, serán los principales impulsores del cambio, ya que adoptarán más tecnologías energéticas y se convertirán en coordinadores activos de una red eléctrica flexible e inteligente.