Túnel vidriado con vista a edificios de oficinas

¿Están las entidades financieras reteniendo más capital del necesario?

Una mirada (no tan) actuarial sobre los desafíos y oportunidades del nuevo contexto argentino.


La dinámica del sistema financiero argentino mostró cambios significativos durante el último año, sobre todo en el tercer trimestre. La combinación de medidas regulatorias más estrictas y un contexto macroeconómico volátil impactó en la rentabilidad del sector, llevando a las entidades a revisar la eficiencia en el uso de su capital.

Las modificaciones recientes en el cálculo de encajes bancarios y otros ajustes normativos incidieron tanto en las tasas de interés como en la demanda de crédito, además de aumentar el costo del fondeo. Estos elementos, combinados con un incremento en los niveles de mora, presionaron los resultados del negocio financiero.  

A esto se sumó la volatilidad previa al proceso electoral, que provocó una caída en los precios de los activos financieros, especialmente de los títulos públicos, con impactos diferenciados según la exposición de cada entidad. Tras las elecciones, comenzó un proceso de estabilización: las tasas cedieron, la demanda de crédito mostró señales de recuperación y los activos financieros recuperaron valor.

Este escenario está impulsando a las entidades a revisar sus modelos y mecanismos de gestión de capital, convirtiéndose en un punto de partida para un desafío clave: cómo optimizar el capital para adecuarlo a un contexto que exige mayor precisión en la asignación de recursos.

En paralelo, la combinación de baja del consumo y aumento de la mora obliga a recalibrar garantías, esquemas de pricing y escenarios de estrés, aspectos que inciden directamente en la planificación del capital.

Además, las normas locales y los estándares internacionales —incluida la evolución de Basilea III— continúan elevando los requisitos de capital y liquidez. Los cambios recientes en el modelo de capitales mínimos del BCRA refuerzan la necesidad de revisar periódicamente los cálculos y las metodologías aplicadas.

Así, la optimización de capital deja de ser un ejercicio excepcional para transformarse en una práctica continua, que acompaña tanto la regulación como el comportamiento del negocio.

Innovación, competencia y nuevos datos 

Esta necesidad de revisión permanente coincide con transformaciones estructurales en el ecosistema financiero. La reciente creación del Sistema de Finanzas Abiertas (SFA) ampliará la disponibilidad de datos de clientes, permitiendo desarrollar modelos de riesgo más precisos y ajustados al perfil real de cada cartera y, por lo tanto, más eficientes en términos de consumo de capital.

 

Al mismo tiempo, la llegada de nuevos jugadores y la expansión de bigtechs y superapps agregan presión competitiva mediante estructuras livianas y procesos más ágiles. Este entorno refuerza la importancia de liberar capital para sostener inversiones en digitalización, infraestructura tecnológica y nuevos modelos de negocio.

 

El capital como herramienta estratégica

Si bien la optimización del capital puede generar beneficios en el corto y mediano plazo, muchas organizaciones no cuentan con equipos dedicados exclusivamente a la gestión y revisión de modelos de capital, lo que dificulta la auditoría de cálculos y la evaluación de alternativas de optimización.

La experiencia de EY muestra que existen oportunidades concretas: diversos proyectos han logrado reducir las exigencias de capital en torno al 2,5% del APRC, evitando penalizaciones y fortaleciendo el vínculo con los reguladores.

 

Más allá de su dimensión técnica y regulatoria, la optimización de capital es un componente central de la estrategia de negocio. El desafío para las entidades está en asegurar que cada unidad de capital esté asignada donde realmente contribuye al valor y a la sostenibilidad de largo plazo.

Resumen

El sistema financiero argentino ha cambiado significativamente en el último año, especialmente en el tercer trimestre, debido a regulaciones más estrictas y un entorno macroeconómico volátil. Esto ha llevado a las entidades a revisar la eficiencia en el uso de su capital, afectando la rentabilidad y aumentando la mora. Tras las elecciones, se observó una estabilización con recuperación en la demanda de crédito. La creación del Sistema de Finanzas Abiertas permitirá modelos de riesgo más precisos, mientras que la competencia de nuevos jugadores refuerza la necesidad de optimizar el capital para inversiones en digitalización.


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