Los datos sugieren que la falta de agilidad está inhibiendo la capacidad de las organizaciones para hacer frente a las amenazas. Esto es más evidente en el caso de los retos complejos que implican a socios externos: solo un tercio de las empresas afirman estar bien preparadas para reaccionar con rapidez y eficacia ante los riesgos de terceros, y el 62 % afirman que sus procesos o sistemas limitan la rapidez o la coordinación de su respuesta.
Estos hallazgos ponen de relieve cómo las organizaciones suelen tener dificultades para mantener la supervisión en redes extendidas. Por ejemplo, una empresa podría contratar a un proveedor externo que falsifique certificaciones de créditos de carbono para inflar sus credenciales medioambientales (greenwashing), al tiempo que soborna a funcionarios locales para obtener esas certificaciones y viola las sanciones al operar en regiones restringidas.
Estos riesgos abarcan múltiples jurisdicciones y ámbitos normativos, lo que supone un importante reto en materia de cumplimiento normativo. Como ponen de manifiesto los datos, la falta de visibilidad, los procesos fragmentados y las limitaciones de recursos añaden aún más complejidad, lo que dificulta a las organizaciones gestionar los riesgos de forma integral sin una inversión significativa en tecnología, conocimientos especializados y coordinación.
"Con demasiada frecuencia, la gestión de riesgos de terceros se centra en buscar una aguja en un pajar, en lugar de gestionar de forma coherente el propio pajar. El entorno operativo actual requiere un marco más adaptable, que integre tanto la información estructurada como la no estructurada y que se vincule directamente con la actividad empresarial. Esto será cada vez más importante a medida que las empresas busquen aprovechar las oportunidades en mercados nuevos y en desarrollo", afirma Liban Jama, EY Americas Forensic & Integrity Services Leader.
¿Qué limita la flexibilidad? Aproximadamente la mitad (49 %) de las empresas afirma que su función de cumplimiento normativo es incapaz de adaptarse cuando es necesario sin encontrar resistencia o trámites burocráticos. Además, casi dos tercios (65 %) afirma sentir presión para ofrecer resultados más rápidos y sofisticados en materia de cumplimiento normativo y gestión de riesgos, pero que su presupuesto es demasiado bajo.
Estos resultados reflejan una tendencia a subestimar la función de cumplimiento normativo, ya que muchas organizaciones la consideran principalmente como una medida de protección contra posibles titulares negativos.
Sin embargo, el cumplimiento normativo puede contribuir positivamente al éxito general de una organización. Las organizaciones reconocidas entre las empresas más éticas del mundo por Ethisphere superaron la capitalización bursátil de un índice global comparable en un 7,8 % durante los últimos cinco años (a partir de 2025)1.
La diligencia debida en materia de cumplimiento normativo en las operaciones de fusiones y adquisiciones también ayuda a descubrir riesgos ocultos, como infracciones normativas, responsabilidades medioambientales o problemas de corrupción, que pueden cuantificarse y aprovecharse para negociar un precio de compra más bajo, indemnizaciones favorables o acuerdos de depósito en garantía, lo que puede suponer un ahorro millonario y garantizar la preservación del valor tras la adquisición.
Las organizaciones que se replantean el cumplimiento normativo están mejor preparadas para afrontar los cambios disruptivos
Las empresas que transforman sus funciones de cumplimiento normativo para el futuro están mejor posicionadas para reaccionar de forma rápida y eficaz ante los desafíos más acuciantes de la actualidad. En lo que respecta al riesgo de terceros, por ejemplo, el 54 % de las empresas en proceso de transformación afirman estar bien preparadas, en comparación con solo el 18 % de las empresas que mantienen su enfoque actual.