En esta misma línea, las flotas corporativas abarcan distintos tipos de vehículos y modelos de negocio. Incluyen coches de empresa, vehículos de alquiler, taxis y servicios de transporte bajo demanda, reparto de última milla y distribución urbana, autobuses y autocares, vehículos especializados y transporte de larga distancia vinculado a la logística.
En Europa, las flotas corporativas representan alrededor del 60% de las matriculaciones de turismos y prácticamente la totalidad de las ventas de furgonetas, autobuses y camiones. Además, ya aportan una parte relevante al avance de la electrificación. Aunque actualmente se están evaluando nuevas medidas regulatorias para impulsar la demanda, diversas políticas específicas, como incentivos fiscales en Bélgica y Reino Unido, sistemas de cuotas y sanciones en Francia, restricciones de acceso en zonas urbanas en los Países Bajos o ventajas como estacionamiento preferente y uso de carriles bus en Noruega, han demostrado ser eficaces para acelerar la sustitución de vehículos de combustión por eléctricos.
En este contexto, las flotas de vehículos corporativos son determinantes porque realizan la mayor parte de los kilómetros. Los turismos de flota generan en torno al 45% de las emisiones directas de CO2 del transporte por carretera. Los vehículos comerciales ligeros (LCV) representan aproximadamente el 12%, mientras que camiones y autobuses suponen el 27%. La electrificación total de las flotas puede reducir alrededor de mil millones de toneladas de CO2 de aquí a 2030, equivalente a cerca del 5% de las emisiones previstas en la UE y el Reino Unido entre 2025 y 2030. Este avance constituiría un paso clave para alcanzar los objetivos establecidos en el marco legislativo europeo Fit for 55 y el Green Deal.