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Redefinir la arquitectura del vehículo: el vehículo definido por software
El cambio de las arquitecturas de vehículos basadas en hardware a las definidas por software (SDV) no solo generará nuevas fuentes de ingresos en el ámbito de la tecnología y los servicios basados en datos, sino que también impulsará la eficiencia en los costos, agilizará la entrega de software y mejorará la calidad de las flotas. Este megagrupo abarca tecnologías habilitadoras de SDV, componentes de sistemas avanzados de asistencia al conductor y vehículos autónomos (ADAS/AV), monetización de datos, y servicios de reparación y mantenimiento basados en software. Se prevé que el valor combinado de este conjunto de oportunidades relacionadas alcance unos 405.000 millones de dólares estadounidenses para 2030, con una tasa de crecimiento anual compuesta (CAGR) del 14,8 % entre 2023 y 2030.
Los vehículos se basan cada vez más en el software³: se prevé que el número medio de líneas de código por automóvil aumente de 200 millones en 2020 a hasta 650 millones de líneas en 2025.⁴ Las arquitecturas centralizadas y las plataformas estandarizadas son cada vez más comunes, y están surgiendo importantes oportunidades en todo el conjunto de tecnologías de los vehículos, desde los componentes y chips de los sistemas ADAS y de conducción autónoma hasta los nuevos sistemas operativos (SO) y los controles de la interfaz de usuario. Los niveles de autonomía de los vehículos ya están superando la simple advertencia de salida de carril y la detección de puntos ciegos, lo que requiere el uso de radares sofisticados, sistemas de detección y medición por luz (LiDAR) y cámaras. La infraestructura heredada también debe evolucionar para integrar a la perfección el hardware y el software (a través del sistema operativo), facilitar el intercambio de datos entre el sistema operativo y las aplicaciones (a través del middleware) y acelerar el desarrollo ágil (mediante procesos o cadenas de herramientas estándar).
Los vehículos conectados también generan una gran cantidad de datos sobre el comportamiento de los conductores, el uso de los vehículos, la ubicación y las preferencias de los clientes, lo que ofrece diversas oportunidades para la monetización de los datos. Además, los avances en inteligencia artificial (IA), aprendizaje automático (ML) y tecnologías de comunicación entre vehículos y todo lo demás (V2X) están transformando la recopilación y el análisis de datos de los vehículos conectados, lo que proporciona información sobre los clientes para ofrecer servicios de valor agregado y mejorar la eficiencia operativa.
Un automóvil definido por software también deberá actualizarse con frecuencia (mediante actualizaciones inalámbricas) para garantizar un funcionamiento óptimo. Con el aumento del número de sensores, la recalibración de los sistemas ADAS será fundamental, ya que los fallos menores o las desalineaciones pueden dar lugar a lecturas inexactas, lo que provocaría problemas de seguridad y de rendimiento del vehículo. Los vehículos conectados también permitirán el mantenimiento predictivo mediante el uso de análisis avanzados, con el fin de reducir el tiempo de inactividad y mejorar el rendimiento de los vehículos.
Cerrar el ciclo: la economía circular de las baterías y los vehículos
La transición hacia modelos totalmente circulares, orientados a la reutilización y el reciclaje de materiales, promete una industria automotriz más ecológica y resuelve la creciente disputa geopolítica por los minerales raros. Se prevé que el valor combinado de los sectores relacionados con la circularidad de las baterías y los vehículos alcance los 88.000 millones de dólares estadounidenses en 2030, con una tasa compuesta de crecimiento anual (CAGR) del 16,2 % entre 2023 y 2030.
Las directivas sobre descarbonización y gestión de residuos están obligando a las empresas del sector a pasar del modelo tradicional de «extraer, fabricar y desechar» a modelos circulares de ciclo cerrado. La UE sigue a la vanguardia de este cambio, ya que desde 2015 exige a los fabricantes de equipos originales (OEM) que garanticen que el 95 % del peso de los vehículos sea reutilizable o recuperable, y propone además reciclar el 25 % de los plásticos utilizados en el sector para 2030 (de los cuales el 25 % debe proceder de vehículos al final de su vida útil).5 Asimismo, ha establecido objetivos de recuperación específicos para cada mineral con el fin de aumentar la eficiencia del reciclaje (por ejemplo, una tasa de recuperación del litio del 50 % para 2027 y del 80 % para 2031). Además, existen requisitos específicos para cada mineral en cuanto al uso de materiales reciclados en las baterías nuevas (por ejemplo, un 6 % de litio y níquel reciclados y un 16 % de cobalto reciclado para 2031, que aumentarán a un 12 % de litio reciclado, un 15 % de níquel reciclado y un 26 % de cobalto reciclado para 2036).
El aumento de la demanda de movilidad eléctrica y la consiguiente necesidad de baterías han generado importantes oportunidades en el ámbito de la circularidad de las baterías. Las baterías usadas de los vehículos eléctricos pueden reutilizarse —ya sea en aplicaciones de almacenamiento de energía estacionario o en vehículos con menores requisitos de capacidad— o pueden reciclarse para recuperar minerales escasos. Sin embargo, el aumento de la vida útil de las baterías de los vehículos eléctricos podría dar lugar a una escasez de materia prima para el reciclaje, lo que podría suponer un obstáculo para cumplir los objetivos normativos.
El enfoque también debe ir más allá de la descarbonización si se quiere que la industria lidere una frontera más amplia en materia ambiental, social y de gobernanza (ESG). El uso de materiales sostenibles en los automóviles ya va en aumento, desde el acero reciclado y los minerales para baterías hasta los termoplásticos de origen biológico y el negro de humo recuperado. Sin embargo, el costo de innovar con estos materiales sigue siendo bastante elevado. La naturaleza fragmentada del mercado y las prácticas de reciclaje de baja calidad plantean retos adicionales a la hora de mantener el valor del reciclaje dentro del ecosistema automotriz. Para maximizar la creación de valor a lo largo de todo el ciclo de vida del vehículo, es necesario que el diseño, los procesos y los modelos de negocio estén perfectamente sincronizados.