La incertidumbre se ha transformado en una constante para las empresas. Así lo confirma el CEO Outlook 2026 de EY, que muestra a líderes del mundo entero operando en un contexto de menor crecimiento, mayores presiones de costos y tensiones geopolíticas persistentes. Sin embargo, el estudio también revela algo interesante: pese a ese escenario, la mayoría de los CEOs mantiene la convicción de que sus organizaciones pueden seguir creciendo. No porque el entorno vaya a ayudar, sino porque el foco está puesto en lo que sí pueden controlar.
Esta forma de mirar el futuro resulta especialmente pertinente para Chile. Tras años de ajustes, las empresas locales enfrentan consumidores más cautos, ciclos de inversión más selectivos y un marco regulatorio cada vez más exigente. En este contexto, esperar que el ciclo económico por sí solo impulse el crecimiento parece insuficiente. El desafío hoy pasa por fortalecer la productividad, elevar los estándares de ejecución y tomar decisiones estratégicas con mayor claridad y consistencia.
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es el rol que está jugando la inteligencia artificial. Lejos de ser una promesa futura, la IA ya está generando impactos concretos en productividad, eficiencia operativa y toma de decisiones. Para las empresas chilenas, esto abre la oportunidad real de usar la tecnología para reducir costos e incluso repensar procesos completos, eliminar fricciones internas y mejorar de manera tangible la experiencia de clientes y colaboradores. El riesgo, por el contrario, está en quedarse en pruebas aisladas que no logran escalar ni generar valor sostenible.
Pero la tecnología, por sí sola, no es suficiente. El talento aparece como el otro pilar clave. Aun en escenarios de ajuste, los líderes siguen confiando en su capacidad para atraer y desarrollar las habilidades que necesitan. En Chile, avanzar decididamente en procesos de reconversión, formación continua y nuevos modelos de trabajo será fundamental para sostener cualquier agenda de transformación. Invertir en personas no es solo una señal cultural, sino una decisión estratégica.
Finalmente, el estudio también refleja una realidad que los empresarios chilenos conocen bien: la necesidad de priorizar. Crecer hoy implica elegir con mayor foco dónde invertir, qué negocios potenciar y cuáles replantear. No se trata de hacerlo todo, sino de hacer bien lo que realmente genera valor.
Mirando hacia 2026, el mensaje es que no será un año fácil, pero sí decisivo. Las empresas que comprendan que el crecimiento se construye desde adentro (combinando tecnología, talento y una ejecución disciplinada) estarán mejor preparadas para navegar la incertidumbre y, al mismo tiempo, crear valor a largo plazo.