El 5 de enero de 2026 el Marco Inclusivo de la OCDE/G20 publicó el esperado paquete de medidas que, entre otras importantes novedades, incorpora la denominada “solución side-by-side”.
Para sus críticos, esta “solución” no es más que la confirmación definitiva de que Estados Unidos será completamente inmune al recién estrenado sistema del impuesto mínimo global (Pilar 2), lo que innegablemente le otorga una ventaja competitiva. Para sus defensores, una solución pragmática que permite que el sistema sobreviva (de paso evitando la amenaza del gobierno de Donald Trump de aumentar significativamente los impuestos de las empresas extranjeras en Estados Unidos si las normas de Pilar 2 llegaban a afectar a empresas de ese país).
Este paquete de medidas se presenta como una forma de “simplificación” del sistema, pero en realidad establece dos sistemas alternativos; uno más simple pero que, de no cumplirse sus requisitos (establecidos para evitar la aplicación del impuesto mínimo complementario) hará al grupo multinacional “caer” en el régimen general. Al final, es un ejercicio de agregar normas adicionales, sólo que operarán unas después de no poder aplicar otras. Y es que primero deberán hacerse distintos “test” al grupo multinacional (denominados safe harbor; algunos transitorios y otros permanentes), supuestamente más “simples”, y en caso de no pasarse aquéllos, sólo entonces deberemos aplicar el régimen general en toda su extensión.
Uno de estos test consiste en indagar si un país tiene normas propias que apunten a un objetivo similar al de Pilar 2, en cuyo caso el grupo multinacional (cuya matriz sea residente fiscal de dicho país) podrá eximirse de todo o parte del sistema, dependiendo de si dichas normas apuntan a rentas generadas dentro del país o también a nivel mundial (eligible domestic tax system o eligble wordwide tax system). La exclusión total se denomina “Side-by-side Safe Harbor” y la exclusión parcial “UPE Safe Harbor”. Y sucede, se apresura a declarar el paquete de medidas, que Estados Unidos tiene un sistema tanto doméstico como global que lo hacen calificar para ambos. Que sea más beneficioso para el contribuyente en comparación a Pilar 2 es mera coincidencia.
Los otros test consisten en un sistema “simplificado” (parecido al régimen general pero con menos ajustes, llamado ETR Safe Harbor) que, de arrojar una “tasa efectiva (Effective Tax Rate o ETR) simplificada” menor al 15%, exime a la jurisdicción en cuestión de la aplicación del sistema (por el año testeado); y un safe harbor transitorio, ya existente desde la creación del sistema pero que se prorroga un año (hasta 2027), y que también consiste en un cálculo simplificado empero basado en información del reporte país por país (Country-by-Country Report o CbCR) utilizado para efectos de precios de transferencia.
Por último, el paquete incorpora un safe harbor de sustancia, que permite que beneficios tributarios locales, que típicamente tienen el efecto de disminuir la tasa efectiva para efectos de Pilar 2, no lo hagan, en la medida que tales incentivos estén vinculados a activos tangibles (ej. producción, activo fijo) o gastos de payroll (ej. deducciones especiales asociadas a la contratación).
El resultado puede verse con optimismo o con desazón (aunque entre especialistas, cabe confesar, parece primar lo segundo).
Una visión optimista, y más política si se quiere, es que una regulación global, orientada a asegurar una tributación mínima en torno a reglas comunes, ha logrado establecerse como Derecho vigente en buena parte de la economía mundial (aunque con la notable ausencia de China, India, y por supuesto, Estados Unidos) a pesar de los embistes del gobierno de Donald Trump. En ese sentido, puede verse como un triunfo del multilateralismo en contra de la erosión de la base fiscal (y especialmente los antes conocidos como “paraísos fiscales”).
Una visión pesimista, en cambio, encuentra que los países que han adoptado el sistema (la Unión Europea, Canadá, Reino Unido, Japón, Corea, y varios otros actores relevantes) sólo han logrado inyectar una complejidad kafkiana al sistema tributario (y en eso, no se equivocaría), cuyos beneficios recaudatorios todavía están por verse, y donde Estados Unidos sale victorioso e inmune a sus efectos (dando además una ventaja competitiva, e injusta, a sus empresas, por cuanto bis-a-bis su sistema de captura a beneficios infragravados globales, conocido como “GILTI”, es bastante menos oneroso que Pilar 2).
Pero nos guste o no nos guste el desenlace, parece ser evidente que la “simplificación” en nombre de la cual se ha publicado el paquete “side-by-side” tiene bastante aroma a capitulación. Con buenas o malas intenciones, y para salvar o condenar al sistema, lo dejo a criterio del lector.