Comunicado de prensa
14 sept 2026  | Santiago, Chile

Un mercado de capitales al servicio de la economía real

Durante años, hablar del mercado de capitales parecía una conversación reservada a especialistas. Sin embargo, detrás de sus conceptos técnicos, hoy existe una posibilidad real de transformar el ahorro en más viviendas; de que las empresas puedan crecer; y de que nuevos proyectos puedan generar más empleo. La reforma presentada abre una oportunidad que Chile no debiese desaprovechar.

Nuestro país construyó un mercado financiero reconocido por su solidez y capacidad para canalizar recursos de largo plazo. No obstante, en los últimos años ha mostrado un menor dinamismo, con una participación acotada de nuevos emisores y dificultades para ampliar las alternativas de financiamiento disponibles para familias y empresas.

El principal mérito de la propuesta es volver a conectar esta discusión con la economía real. Los mecanismos para apoyar el ahorro destinado al pie de una primera vivienda, la búsqueda de mayor liquidez hipotecaria y las nuevas alternativas para empresas de distintos tamaños, incluidas empresas medianas, de innovación y crecimiento, apuntan en la dirección correcta.

Por otro lado, creo importante destacar que modernizar no consiste simplemente en eliminar exigencias. Un mercado de capitales funciona sobre la base de la confianza. Por eso, toda simplificación debe convivir con altos estándares de transparencia, protección de inversionistas y buenos gobiernos corporativos. La regulación debe ser proporcional a los riesgos y al tamaño de los actores, sin transformarse en una barrera innecesaria ni debilitar los resguardos del sistema.

El desafío estará en la tramitación. Las medidas sobre vivienda deberán asegurar focalización, sostenibilidad fiscal e incentivos responsables para quienes originan los créditos. Los cambios tributarios y regulatorios tendrán que demostrar que ampliarán el financiamiento, atraerán inversión y favorecerán la competencia.

La profundidad de un mercado de capitales no puede medirse solo por los montos transados. Debe evaluarse por su capacidad de convertir el ahorro en progreso: una familia que accede a su primera vivienda, o una empresa que encuentra recursos para expandirse o bien, una idea que logra transformarse en inversión y empleo.

La economía chilena necesita recuperar esa mirada. Si la reforma logra combinar dinamismo, confianza y responsabilidad, no estaremos hablando solo de un mercado financiero más moderno, sino de una economía con más oportunidades para crecer.