Boletín de prensa

10 mar 2020 Buenos Aires, AR

Los sistemas tributarios deben evolucionar rápido y acompañar al capitalismo

Los sistemas tributarios deben evolucionar rápido y acompañar al capitalismo

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Ricardo Furman

Director de Relaciones Institucionales, EY Argentina.

Posee más de 40 años de experiencia en distintas posiciones de la línea y áreas de servicios al cliente. Le gusta estar en familia y viajar. Sus hobbies son las artes marciales, los comics y el surf.

Colaboradores

Ámbito Financiero | Por Sergio Caveggia, Socio del departamento de impuestos y transacciones de EY Argentina.

Se debe superar el enfoque único de sólo concentrarse en la generación de utilidades para los accionistas (shareholders). Se acelera el "stakeholder capitalism" o "capitalismo de interesados".

A partir de la última reunión en Davos (Suiza) tomó mayor consenso e ímpetu la noción del “stakeholder capitalism” o el “capitalismo de los interesados”. Esta nueva versión constituye la evolución del clásico capitalismo, que hemos vivido en los siglos pasados, y que se enfocaba únicamente en la generación de utilidades para los accionistas (shareholders).

La definición de “stakeholder” no es nueva e involucra a todos aquellos actores que rodean o son impactados por los negocios de una empresa como, por ejemplo, los proveedores, clientes, comunidades, medioambiente, minorías y, también, los sistemas tributarios.

El siglo XXI está finalmente abriendo paso a una versión evolucionada del capitalismo tal como lo hemos conocido hasta ahora. Desde la crisis de los años 30 hasta el activismo actual de los movimientos ambientalistas, el capitalismo ha ensayado alternativas y ha intentado evolucionar para subsistir. Actualmente, las empresas líderes en cada una de las industrias no sólo enfocan sus esfuerzos en la rentabilidad y generación de utilidades, sino también en la preservación de valores esenciales, cuidado del medioambiente, combate a la corrupción, derechos de los trabajadores, etc. En definitiva, el capital busca generar la conciencia que las empresas son entes sociales que no sólo deben cumplir su fin de lucro, sino también deben perseguir un propósito que permita velar por los intereses de las comunidades en las que se desarrollan, vincularse éticamente con su proveedores y clientes, preservar el medioambiente, desarrollar productos sustentables, evitar actos de corrupción y generar valor a largo plazo.

Según un reciente estudio del World Economic Forum, en los últimos 50 años, la economía global ha experimentado una transformación sin precedentes liderada, no sólo por el compromiso de las empresas hacia sus “stakeholders”, sino también por la irrupción de las grandes firmas tecnológicas, el desarrollo de multinacionales de países emergentes y la movilidad de trabajadores alrededor del mundo.

En los años 70, de las 30 compañías que componen el Dow Jones, sólo una era tecnológica. Actualmente, 5 empresas tecnológicas se encuentran entre las primeras 30 del ranking. Las industrias financieras, de seguros y farmacéuticas han visto también incrementada su participación en el Dow Jones en detrimento de las industrias extractivas y manufactureras.

La inversión extranjera directa proveniente de mercados emergentes era prácticamente inexistente hace sólo 50 años. Hoy, en cambio, el 16% de la inversión extranjera directa global proviene de empresas multinacionales de mercados emergentes.

La movilidad de los trabajadores se ha incrementado, según las Naciones Unidas, en un 78% desde el año 1990 a la actualidad.

¿Cómo se conecta esta nueva realidad con la esperada evolución de los sistemas tributarios?

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) intenta actualmente presentar formas innovadoras de generación y distribución de recursos fiscales entre distintos países. De hecho, y como un primer paso evolutivo, los países integrantes de este organismo se encuentran discutiendo y analizando formatos de recaudación y determinación de tributos en los modelos de negocios digitales interpelando los pilares fundamentales de la tributación. Dichos pilares han sido definidos a principios del siglo pasado y no han evolucionado en la misma línea y con la misma dinámica que la realidad económica descripta precedentemente.

Actualmente, no parece existir coordinación entre el esfuerzo del sector privado, que intenta generar un capitalismo más sustentable y con valores que trasciendan generaciones, y un objetivo similar y coordinado de los Estados para aportar también al sostenimiento de un modelo global.

En otras palabras, los sistemas tributarios deben aggionarse al nuevo escenario con aportes o contribuciones que permitan acompañar el desarrollo de los nuevos valores de inclusión, diversidad y sustentabilidad de los modelos de negocio. Existen desde luego esfuerzos aislados de algunas jurisdicciones, pero no una acción coordinada y liderada por organismos multilaterales.

Los últimos 50 años constituyen una muestra de la evolución del capital hacia modelos más éticos, innovadores, inclusivos y generadores de riqueza a largo plazo. No se ha generado en los países desarrollados y aún menos en lo emergentes la misma evolución de los sistemas fiscales que articulen y coordinen adecuadamente medidas que acompañen la transición que experimenta el nuevo capitalismo.