EY se refiere a la organización global, y puede referirse a una o más, de las firmas miembro de Ernst & Young Global Limited, cada una de las cuales es una entidad legal independiente. Ernst & Young Global Limited, una compañía británica limitada por garantía, no brinda servicios a los clientes.
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«Analizar la toma de decisiones estratégicas desde la perspectiva de los riesgos geopolíticos y de otro tipo coloca a las empresas en una posición más sólida para impulsar el crecimiento orgánico e inorgánico», afirma Oliver Jones, EY-Parthenon Global Strategy and Transactions Markets, Sustainability and Geostrategy Leader. «Una mejor comprensión de los riesgos permite a las empresas mostrar un mayor interés por las fusiones y adquisiciones y llevar a cabo sus transacciones previstas con mayor frecuencia. La alineación entre el riesgo y la estrategia aumenta las probabilidades de que los planes estratégicos se mantengan en el rumbo previsto y generen el rendimiento de la inversión esperado».
Obstáculos a los que se enfrentan los tradicionalistas del riesgo
Muchas organizaciones —y especialmente las tradicionalistas del riesgo— se enfrentan a importantes obstáculos para la transformación del riesgo.
Una limitación clave es la mentalidad de quienes desempeñan funciones relacionadas con el riesgo. La gestión de riesgos ha atraído históricamente a profesionales que suelen ser cautelosos y reacios al riesgo. Gran parte de la gestión de riesgos se basa en el consenso, tanto en la identificación de los riesgos como en los enfoques utilizados para gestionarlos. En palabras del CRO de una empresa líder en servicios financieros, «el desafío consiste en cambiar la mentalidad de “solo cumplimos con los requisitos normativos” a aportar un valor agregado».
Este problema de mentalidad es especialmente grave entre los tradicionalistas del riesgo. Mientras que el 62 % de los estrategas de riesgo afirma que «la gestión de riesgos atrae a personas con una mentalidad conservadora más que innovadora», solo el 40 % de los tradicionalistas está de acuerdo. En lo que respecta a la mentalidad, los tradicionalistas del riesgo no solo van más rezagados a la hora de abordar el problema; muchos ni siquiera reconocen que haya un problema que resolver.
En consecuencia, muchos «tradicionalistas del riesgo» se guían por la tradición y la inercia, y tienden a aferrarse a las formas de operar tradicionales. Como expresó con franqueza un responsable de riesgos de una empresa manufacturera en la entrevista que nos concedió: «Sé que necesito cumplir con las normas. Necesito una gestión de riesgos porque así lo exige la ley, pero eso es lo único que me importa».
Los tradicionalistas son menos propensos a adoptar enfoques y métodos de gestión de riesgos adecuados para el nuevo entorno de riesgos. Son un 50 % menos propensos que los estrategas a estar de acuerdo en que, en los próximos meses y años, será importante que los empleados del área de riesgos utilicen modalidades y marcos no tradicionales (el 37 % de los tradicionalistas, frente al 75 % de los estrategas). Por márgenes similares, los tradicionalistas del riesgo también se muestran menos propensos a afirmar que será importante que los empleados del área de riesgo tengan una mentalidad innovadora (el 42 % de los tradicionalistas, frente al 73 % de los estrategas).
Varios problemas estructurales merman la capacidad de las empresas para transformar la gestión de riesgos. Muchas empresas tradicionalistas tienen una estructura organizativa compartimentada o fragmentada. A menudo carecen de una visión global del riesgo y de una responsabilidad clara en este ámbito. Los tradicionalistas del riesgo son menos de la mitad de propensos a afirmar que existe un responsable claro para cada tipo de riesgo al que se enfrenta su organización (el 27 % de los tradicionalistas, frente al 66 % de los estrategas) o que su CRO tiene el mismo estatus que el resto de los altos directivos (el 25 % frente al 76 %).