Cada año, en torno al Día Internacional de la Mujer, se multiplican las conversaciones sobre igualdad de oportunidades, liderazgo femenino y diversidad en las organizaciones. Son instancias valiosas para reflexionar sobre cuánto hemos avanzado, pero también, y quizás aún más importante, sobre lo que todavía nos falta para lograr una cancha realmente nivelada en el mundo laboral.
Los datos del 7° Reporte de Indicadores de Género en las Empresas en Chile ofrecen una radiografía clara. En Chile, las mujeres representan cerca del 39% de la fuerza laboral en empresas que reportan a la CMF. Sin embargo, esta cifra disminuye significativamente a medida que se asciende en la estructura organizacional: solo alrededor de un 23% de las gerencias de primera línea y cerca de un 17% de los directorios están ocupados por mujeres.
Si bien la participación femenina ya es una realidad en muchas organizaciones, el desafío hoy no es solamente que más mujeres ingresen al mundo corporativo, sino asegurar que tengan las mismas oportunidades de desarrollo, visibilidad y acceso a posiciones de liderazgo.
También es justo reconocer los avances. En los últimos años se observa un crecimiento gradual en la participación de mujeres en cargos ejecutivos y directorios, y la brecha salarial ha comenzado a reducirse lentamente en algunos niveles. Estos cambios demuestran que las políticas de diversidad, las metas corporativas y la discusión pública sobre equidad de género sí generan impacto.
A pesar de este índice positivo, el progreso sigue siendo demasiado lento frente a la magnitud del desafío. Aún hay empresas que no cuentan con mujeres en sus equipos de alta dirección o en sus directorios. Esta realidad no solo representa una brecha de equidad, sino también una oportunidad perdida para las organizaciones.
Parte importante de esta brecha también se explica por desafíos estructurales que trascienden a las empresas. En Chile, por ejemplo, el acceso al cuidado infantil sigue siendo una de las principales barreras para la participación y desarrollo laboral de muchas mujeres. La discusión sobre una sala cuna universal —que busca que este derecho no dependa del número de trabajadoras en una empresa ni recaiga solo en las mujeres— es un paso relevante hacia una mayor corresponsabilidad en el cuidado y hacia condiciones laborales más equitativas.
Por esto, el llamado hoy es a acelerar. A pasar de la convicción a la acción. Esto implica fortalecer las políticas de desarrollo de talento femenino, revisar sesgos en procesos de promoción y selección, impulsar esquemas laborales que permitan conciliar responsabilidades y, sobre todo, instalar la diversidad como una prioridad estratégica en la agenda de liderazgo.