Cada año, alrededor de 180 millones de parejas que desean tener hijos enfrentan problemas de fertilidad; eso equivale a una de cada seis parejas. Y, a nivel mundial, la fertilidad masculina está disminuyendo. El recuento de espermatozoides ha disminuido en un 50 % en los últimos 40 años. A pesar de esta tendencia, menos del 1 % e de la población mundial tiene actualmente acceso a servicios de salud reproductiva.
A menudo, las parejas que tienen dificultades para concebir recurren a técnicas de reproducción asistida, como la fertilización in vitro (FIV), que pueden resultar costosas, poco precisas, lentas y estresantes. En definitiva, sigue habiendo un 75 % de probabilidades de que termine en decepción.
La mala calidad del esperma provoca problemas de concepción. Sin embargo, las pruebas tradicionales de recuento de espermatozoides tienen una precisión de solo el 30 %. Hasta ahora, solo existía una forma de realizarse un análisis de esperma: a través de un laboratorio. Sin embargo, el proceso de análisis tradicional está desactualizado: un técnico observa a través de un microscopio y los cuenta.
El cofundador de Mojo Fertility, Mohamed Taha, lo vivió en carne propia al descubrir que tres laboratorios distintos le dieron resultados diferentes en el recuento de espermatozoides, una experiencia que él describe como «terrible».
Por ello, en 2017, Taha, Daniel Thomas, Fanny Chesa y Tobias Boecker fundaron Mojo Fertility con el objetivo de ofrecer una mejor experiencia y eliminar el error humano del proceso de análisis.
La empresa ha creado una nueva tecnología basada en inteligencia artificial capaz de contar espermatozoides con una precisión del 95 %, así como de calcular el recuento espermático, la motilidad de los espermatozoides y la integridad del ADN de estos. Sin embargo, necesitaban ayuda para expresar claramente la propuesta de valor a las clínicas.
Un equipo de EY en Estocolmo se reunió con los fundadores de Mojo y, juntos, iniciaron un proceso de desarrollo de marca y una campaña de comunicación dirigida a los laboratorios de fertilidad de los países nórdicos.
Sin embargo, el equipo de EY vio la oportunidad de ir mucho más allá y dirigirse directamente a los hombres.
Las investigaciones han demostrado que los hombres solo se someten a una prueba de fertilidad cuando tienen problemas para concebir. La misión de Mojo requería tanto un estímulo como un impulso, ya que solo cuando los hombres se preocupan por su propia fertilidad es cuando se animan a explorar el tema. ¿Por qué no buscar una forma de despertar su interés mucho antes?